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Activismo vecinal para recuperar las canchas de baloncesto de la ciudad

La Liga Cooperativa de Baloncesto es un torneo mixto y gratuito que promueve el uso del espacio público. Según denuncian, solo una de cada tres pistas municipales de la capital está en buen estado

Varios integrantes de la Liga Cooperativa de Baloncesto en la cancha de la calle Ulisesen, el denominado Parque Rojo, en Madrid.
Varios integrantes de la Liga Cooperativa de Baloncesto en la cancha de la calle Ulisesen, el denominado Parque Rojo, en Madrid.

En Montfleury, el primer ensanche tunecino levantado al abrigo del protectorado francés, Marouen Bellakhel utilizaba a modo de canasta la ventana de un edificio abandonado. Entonces él era solo un adolescente, y el baloncesto, un deporte minoritario en su ciudad. Al mudarse a Madrid hace cuatro años para trabajar como informático, quiso retomar el juego y buceó en internet hasta encontrar la cancha más cercana a su nuevo domicilio. Se calzó las botas, abrazó el balón y puso rumbo hacia el recinto: así tropieza con la liga del barrio un inmigrante magrebí recién llegado.

La pista a donde fue a parar está en un lateral de Arturo Soria, la arteria principal del noreste madrileño, rodeada de urbanizaciones valladas con seto, radicalmente distintas del paisaje desordenado en el que creció Marouen. Esta cancha rectangular de pavimento cerúleo vio nacer la Liga Cooperativa hace seis años; una suerte de 15M baloncestístico que ha rechazado el patrocinio de Nike y Foot Locker. El torneo es mixto y gratuito, funciona de forma asamblearia y en él concurren 40 equipos; unas 400 personas. Desde que el proyecto comenzara, se han jugado más de 3.000 partidos en el espacio público de toda la ciudad. Y sin árbitros.

“Localizamos las canchas públicas de baloncesto al aire libre a través de Google Maps y nos dimos cuenta de que muchas estaban deterioradas”, explica Álvaro Lázaro

“Quien está acostumbrado a jugar en la calle no necesita arbitraje”, asegura con suficiencia Marouen, recién entrado en la treintena. “Solo hay que respetar al contrario, ser honesto y pitar tus propias faltas”. Instantes después, luchará el rebote bajo el aro durante un amistoso. En las gradas garabateadas se acumulan los espectadores. La estampa parece impropia de una zona residencial. “Nuestra liga está hecha por jugadores y para jugadores. No hay una organización que dicte las normas o los horarios de antemano: son acuerdos que alcanzamos entre nosotros”. La asistencia de un representante de cada equipo a las tres reuniones anuales de la liga es obligatoria.

Todo comenzó con una octavilla pegada en las pistas del distrito de Ciudad Lineal. De ese modo se citaron un puñado de amantes del baloncesto interesados en la función social del deporte. Y ensamblaron una liga al margen de los torneos municipales. Álvaro Lázaro, trabajador social de 29 años, propició aquella primera reunión: “Empezamos a localizar las canchas públicas de baloncesto al aire libre a través de Google Maps y nos dimos cuenta de que muchas estaban deterioradas”. Según su cartografía, en la ciudad hay 120 recintos, pero solo 34 se encuentran en buen estado. El resto, advierte, está peligrosamente envejecido —tableros rotos y asfalto agrietado, por ejemplo— o carece de algún elemento sustancial: como aros, cestas de tela y líneas de juego.

De izquierda a derecha, Ana Clara Segura, Maria Fonseca, Nacho Perez y Marouen Bellakhel.
De izquierda a derecha, Ana Clara Segura, Maria Fonseca, Nacho Perez y Marouen Bellakhel.

Las siete instalaciones preferidas por la Liga Cooperativa se enclavan en el centro o en el norte de la ciudad. “En Vallecas o Villaverde”, explica Álvaro, “prácticamente no hay infraestructura de este tipo”. Hasta ahora, se han reunido con las Juntas de Hortaleza, Barajas, Ciudad lineal y Fuencarral-El Pardo y presentado sendos informes sobre la situación de cada cancha, incluyendo propuestas. Algunas de sus peticiones se han llevado a cabo: pequeñas victorias que jalonan estos años de andadura. Con todo, Álvaro denuncia cierta aleatoriedad: “En algunos distritos nos consultan a la hora de mejorar las pistas y en otros ni si quiera nos cogen el teléfono. Depende de la predisposición al diálogo de los vocales”.

Algo más que baloncesto

María Fonseca tiene 27 años y se enroló en la Federación Madrileña de Baloncesto a los ocho. Atrapa el balón de un salto y se zafa botando hacia la izquierda. Es menuda, pero ha evitado varios tapones en apenas unos minutos. Cruza el campo con ligereza y su coleta baila a cada zancada poderosa. A pesar de haber jugado en primera división autonómica quiso incorporarse a la Liga Cooperativa: “Creo que es muy importante utilizar el espacio público, porque si no es sencillo que se abandone. Parte de nuestra labor consiste en darle visibilidad al deporte al aire libre”, explica. Y señala una papelera: “las colocamos nosotros para mantener limpias las canchas”.

Ese diagnóstico es compartido por todos. Ana Segura, de la misma edad que María, lo expresa mediante una sentencia que bien podría ser su eslogan: “Hacemos algo más que baloncesto”. Precisamente eso es lo que le interesó de la iniciativa cuando se apuntó junto a otras compañeras de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Y es que su activismo no solo recala en el juego: “Nos interesa mantener vivos los barrios y propiciar un lugar de encuentro. En las competiciones oficiales te vas a casa tras el partido. Esto requiere de un compromiso mayor, con el proyecto y con el entorno urbano”.

Quizá la calle sea el medio natural del baloncesto, como sugiere el documental estadounidense Hoop dreams (Steve James, 1993). La cinta estuvo nominado a los Óscar y narra la vida de dos jóvenes afroamericanos tras ser descubiertos por los ojeadores que recorrían las canchas de Chicago en busca de futuros talentos. Pero aquí no hay épica alguna ni obra el sueño americano. Nacho Pérez, de 43 años, rememora su infancia, cuando el deporte del aro aún no se había popularizado en nuestro país y era complicado hallar equipos donde iniciarse: “Esta es la esencia del básquet: practicarlo en la calle para mí es la forma más pura de jugar”.

Una aplicación móvil e instalaciones de acceso libre

La Liga Cooperativa de Baloncesto echó a andar formada por tan solo ocho equipos, coordinados a través de Whatsapp, como lo haría un grupo cualquiera de amigos. En la temporada siguiente, el número de inscritos se duplicó y Jorge Yubero, ingeniero informático de 28 años, desarrolló una aplicación móvil para los jugadores. “Quería facilitar la organización y también me valió como trabajo final de grado”, explica. El programa permite consultar la clasificación y el calendario y evaluar el comportamiento deportivo del contrincante. También incluye los detalles de cada equipo e incorpora un marcador electrónico que se emplea durante los partidos.

En la capital, existen 467 Instalaciones Deportivas Básicas (IDB). Se trata de un conjunto de recintos cuyo acceso es libre. Su gestión depende de las juntas de distrito y, en ocasiones, están cedidos a clubes, entidades sociales o centros escolares. De estos emplazamientos, 226 cuentan con cancha de baloncesto, pero las IDB también ofrecen la posibilidad de jugar al fútbol, al tenis, al frontón, al voleibol o a la petanca. "Cuando comenzamos con la liga", dice Álvaro Lázaro, cofundador de la Liga Cooperativa de Baloncesto, "bastantes canchas estaban abandonadas y nos coordinamos para reclamar formalmente en el 010: así empezaron a escucharnos".

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