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La magia de los Reyes Magos en la capital, por dentro y por fuera

El poder transformador de las artes inspira los diseños de las carrozas y del vestuario de la cabalgata, con más de 2.000 participantes

Gaspar saluda desde su carroza en la Cabalgata de los Reyes Magos de Madrid.

La Cabalgata de los Reyes Magos de la capital comenzó para sus ayudantes mucho antes de las 18.30. Desde primera hora de este sábado, reunidos en el patio de Nuevos Ministerios, los artistas y voluntarios que acompañaron a las carrozas vestían sus mejores galas. Almudena Rodríguez, figurinista y encargada del vestuario que realizó la sastrería Cornejo, les había prometido a sus Majestades para este año un desfile "muy colorido y alegre para celebrar la alegría del mundo de las artes y la cultura". . [Fotogalería: la Cabalgata de Madrid]

La cabalgata por fuera

Con esas ganas de dar color, tras la Caballería de la Policía Municipal, inauguraba la comitiva La Estrella de la Navidad, una carroza de 12 metros de largo con cañones de confeti que dibujaba en el aire estelas de estrellas metalizadas. Después, los bomberos y el gigante Mo, una escultura de mimbre diseñada por el artista francés Benoit Mousseroin y decorada durante las Navidades por los ciudadanos. La participación ciudadana también se plasmó en las tres carrozas reales, renovadas cada tres años, y que en esta ocasión han sido adornadas con las cartas que los Reyes Magos recibieron en Madrid. 

La gran comitiva, compuesta por cientos de personas y 11 carrozas inspiradas en el poder transformador de las artes, avanzó despacio por el paseo de la Castellana. Solo hubo lluvia de dulces, pero no se recordaba una cabalgata tan fría desde hacía mucho tiempo. No le importó a los niños que habían aguantado de epie varias horas. "Por favor, no os olvidéis de mis regalos", gritaba Clara a los Reyes Magos, mientras su madre, Elena, apuntaba: "El frío se soporta por verles la cara de ilusión".

Desfilaron las nuevas carrozas de los Reyes Magos. La de Melchor era amarilla, rosa la de Gaspar y la de Baltasar, azul. De todas ellas colgaban cartas con deseos para este 2019. Mateo y Hugo solo deseaban que Gaspar y Baltasar, sus preferidos, les trajeran lo pedido. Sonreían portando una pancarta en la que se leía: "Me he portado muy bien". Imposible encontrar a alguno que ayer dijera lo contrario.

Siete compañías de artes escénicas de España, Francia, Reino  Unido y Países Bajos desplegaron sus mejores espectáculos. Les acompañaron músicos, marionetas, acróbatas -muy celebrada la que cerraba el desfile volando desde una estructura de globos blancos, que en ocasiones bajaba hasta acercar sus manos a las del público- y carrozas de entidades patrocinadas. Como es tradicional, desfilaron efectivos de la Policía Municipal y Nacional, la Guardia Civil, el Samur, los bomberos de la capital, la EMT y los servicios de limpieza, coreados por el público a su paso por el recorrido. "¡Vivan los barrenderos y barrenderas", se escuchó.

En las gradas reservadas a personas con diversidad funcional y/o sensorial, Jesús decía estar contentísimo de ver a los Reyes Magos tan cerca. Entre las novedades de este año, el Ayuntamiento incorporó entre las facilidades unas mochilas vibratorias que permiten a las personas sordas sentir la música.

En Cibeles, sobre el escenario, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, recibió a sus Majestades en silla de ruedas tras su operación de tobillo."Esta cabalgata estaba muy pensada", dijo Carmena felicitando a los tres Reyes Magos. "Que hayáis querido acompañarnos de las artes, de la música, porque cuando se juega siempre se tiene la capacidad de crear artes, novedad y belleza". Tras el discurso de la alcaldesa, Melchor tomó la palabra dirigiéndose a los niños y niñas: "En vuestra creatividad está la esperanza de futuro". Carmena ha recordado en sus redes sociales que si los Reyes Magos se olvidan de pasar por la casa de algún niño madrileño, sus padres pueden llamar a reclamarlo al teléfono del Ayuntamiento 010 para pasar a recogerlos.

La cabalgata por dentro

"Entre artistas y voluntarios hay más de 2.000 personas. Es casi como una superproducción", explicaba antes del comienzo de la cabalgata Ana Sanabria, que por tercer año participa en el equipo de dirección artista. "Es un espectáculo de gran formato, hay cosas que lucen más por televisión y otras, en persona", añadía.

Así lo vieron unas 30.000 personas, desde san Juan de la Cruz a Cibeles, según cálculos de la organización. La espera de varias horas de los que quisieron lograr primera fila al menos no estuvo pasada por agua, como el año pasado. Se aseguraron las mejores vistas pero también les tocó ese deporte de riesgo que es cazar caramelos y en el que habría gente que ya podría participar en unos Juegos Olímpicos de la especialidad: desde las carrozas se avistaron escobas para alcanzar esos caramelos que quedan en tierra de nadie. También volvieron a verse paraguas invertidos, a modo de red, muchas bolsas abiertas bajo las sonrisas de los niños. Quien podía y cargó con escaleras, asomaba la cabeza varias filas más atrás, guardando equilibrio como podían si les tocaba esquivar proyectiles de caramelos.

Crear ilusión lleva su tiempo y también necesita de voluntarios bien abrigados: el truco de la ropa térmica -desde las camisetas a las plantillas- también fue pura magia para algunos. Hace ya unas semanas salieron y se agotaron las cerca de 150 plazas para ayudar a los Reyes Magos que desde hace 14 años ofrece para la cabalgata Voluntarios por Madrid, el departamento de voluntariado del Ayuntamiento. Conseguirla es una puerta a vivir la experiencia como nunca.

"Hacemos otros voluntariados, pero esto es lo más. Desde esta mañana estamos todos hablando con niños, haciéndonos fotos... Ellos son la magia", decía María Herranz, que junto con Jesús Merino se estrenó este año de paje de Melchor. Arreglados y listos desde las nueve, se pasaron las horas previas de la cabalgata intercambiando ilusión y algún bocadillo con el resto de voluntarios.

Antes de pasar por vestuario y maquillaje, los voluntarios ya conocían a algunos de sus compañeros de las dos reuniones previas que realizaron con a organización. Herranz, que ha dado parte de su tiempo este año a proyectos en la Cañada Real, quiso lanzar un truco de magia para otros días del año: "Hasta que no haces un voluntariado no entiendes lo fácil que es. Mucha gente tiene miedo de hacerlo por el tiempo que les va a quitar, pero es el que tú quieras, puede ser una hora a la semana. No todos los días son doce horas, como hoy. Y siempre merece la pena, te llevas más de lo que das".

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