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“Sin una pierna también se puede escalar”

Iván Germán recibe este miércoles el premio al deportista destacado del año que otorga la Federación Madrileña de Montañismo

Iván Germán, en el 'Sputnik Climbing Center' de Alcobendas.
Iván Germán, en el 'Sputnik Climbing Center' de Alcobendas.

Iván Germán sufrió a los 23 años un accidente de moto que le hizo perder la pierna izquierda. “Cuando te ves en la cama del hospital, crees que ya no vas a poder hacer más lo que te gusta”. Con la ayuda de su familia y amigos, este madrileño que ahora tiene 46 años comenzó a retomar su vida, y empezó a practicar la actividad que hoy es su gran pasión, la escalada. Este miércoles recibe el Premio a deportista destacado del año que otorga la Federación Madrileña de Montañismo tras haberse convertido en el segundo paraescalador amputado de una pierna por encima de la rodilla que sube una vía de escalada de dificultad 8b —el más alto es el 9b—, en el Excusómetro, localizado en Segovia.

¿Ha tenido siempre la misma pasión por la escalada?

He sido muy amante de la naturaleza desde que era un adolescente. Hacía todo lo que tuviera que ver con la montaña: senderismo, escalada, bici de montaña, aguas bravas con piragua… Después del accidente, me centré más en la escalada deportiva, porque es la que más me gusta, y porque he tenido la suerte de que es la que mejor se adapta a mis condiciones.

¿Tardó mucho tiempo, tras el accidente, en empezar a escalar?

Aproximadamente un año. Estuve muchos meses en el hospital y luego varios de rehabilitación en casa. Empecé con la escalada deportiva a un nivel serio con 24 o 25 años aproximadamente.

¿Y qué supone ahora para usted?

Es algo muy profundo, se ha convertido en una necesidad. Necesito el aire del campo, salir a la naturaleza y encontrarme a mí mismo danzando en la roca, haciendo algo que desde abajo parece imposible. Además, se ha convertido en una vía de difusión para dar a conocer la discapacidad en la montaña.

Precisamente por eso empezó a competir, ¿no?

Exacto, hace tres años me decidí a dar el paso y presentarme a competiciones para visibilizar lo que ya hacía habitualmente. El objetivo era demostrar que ser discapacitado es una característica, no una condición, y que aunque te falte una pierna se puede escalar. Si la gente ve lo que podemos hacer con una pierna, con un brazo, siendo invidentes… se pueden llegar a creer que con cualquier condición pueden lograrlo.

¿Se sorprende mucho la gente cuando le ve escalar?

Cuando me ven niños, o gente que no conocía lo que hago, les choca bastante. Muchos te dicen: “eso no lo habría hecho yo ni con dos piernas” o “no habría pensado que es posible ni teniendo dos piernas”.

Además de competir, también realizas retos como la subida al Excusómetro.

El nivel de dificultad 8b solo lo hemos alcanzado dos paraescaladores amputados de una pierna: un alemán en los años 80 y yo en 2018. Es una sensación indescriptible. Lo trabajas mucho tiempo, meses, incluso años, y es tan efímera como unos segundos. Creo que es un hito para la discapacidad. Demuestra que podemos llegar a hacer esto, y mucho más.

¿No siente miedo en algún momento?
Yo tengo vértigo y me da miedo la altura. Eso de que te vas acostumbrando, a mí no me ocurre. Es un añadido de dificultad más. Cuando una vía es más larga de 25 o 26 metros me da apuro. Psicológicamente tengo que trabajar también mucho en este sentido.

Pues para sentir miedo ha llegado muy lejos.

Con las capacidades que tenemos, hay que buscar otros medios para lograrlo. Contamos con un punto de apoyo menos que los escaladores, y eso lo complica todo. Muchos pasos los podemos compensar de manera física, a nivel de brazos, tronco superior, pero otros con técnicas diferentes. Al final hay que buscar caminos diferentes al de otros escaladores.

Hará un estudio previo.

Es muy minucioso. Al final, a estos niveles y con las dificultades que me puedo encontrar, tengo que estudiar la posición de cada uno de los dedos. Voy a colocar la muñeca de esta forma, voy a poner el meñique en esta rugosidad, el hombro va a estar girado tantos grados... Tengo que mirar al máximo todos los gestos y secuencias que voy a desarrollar, y memorizarlo, porque lo tengo que repetir exactamente igual cada vez que subo.

Técnico ortoprotésico

Tras sufrir un accidente de moto, Iván Germán entró a la Universidad para formarse como técnico ortoprotésico, su actual profesión, que compagina con el deporte y la vida familiar, con su mujer y sus dos hijas. “Me toca buscar horarios inverosímiles, venir a escalar a la hora de comer, o por la noche”, asegura.

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