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La cola de la improbable suerte

Miles de personas pasan por estas fechas por la administración de loterías Doña Manolita. Este año quieren batir récords.

Loteria de Navidad 2018 Ampliar foto
Colas y ambiente ante la administración de Doña Manolita en la calle del Carmen.

Si utilizáramos la misma lógica en el aeropuerto que en la administración de loterías (la firme esperanza en que suceda lo altamente improbable) nadie montaría en avión. Es muy poco probable que toque El Gordo, la probabilidad es ínfima, diminuta, rarísima. ¿Pero si toca? Es muchísimo menos probable que se caiga un avión… ¿pero si cae?

Las probabilidades de que toque El Gordo de Navidad son de un 0,00001% (1 entre 100.000 bolas iguales). Eso sí, la probabilidad de que toque el reintegro es más alta, del 9%. Lo comido por lo servido. Da lo mismo: matemáticas aparte, la esperanza es una característica propia del ser humano, puede con todo, y miles de personas pasan por estas fechas por la administración de loterías número 67, la más famosa y populosa de Madrid, Doña Manolita (Carmen, 22), a ver si la suerte les cambia la vida, que falta hace.

  • No quiero ser cenizo, pero ¿sabe usted que es altamente improbable que le toque un buen dinerito?

  • Sí, claro, pero da igual. Hay que confiar en el poder de la suerte y vivir la ilusión – dice Elena una estudiante de Odontología de 25 años que se acaba de incorporar a la cola – ¡vaya frío que hace!

La diversidad humana que fluye hacia Doña Manolita desde Callao, como si fuera un agujero negro, es amplia: señoras y señores, chavalería, mujeres con carricoches, hipsters con los calcetines subidos por fuera y hasta celebrities, como el popular influencer Pelayo (su outfit: plumífero verde militar, pantalones remangados, botas de punta y sombrero). No quiere hablar, está absorbido por su smartphone: la tecnología nos aleja de los demás.

No muy lejos está Diego, de 54 años, asesor de empresas.

  • Se acaba usted de incorporar, ¿cuánto está dispuesto a esperar aquí?

  • Pues no sé, al menos una hora.

  • Puede que tarde cerca de dos horas.

  • Uff. Bueno, ya iremos viendo, luego me lo planteo.

Alrededor de la cola, que gestionan unas personas con chalecos amarillos (pero menos combativos que los que guerrean en las calles de París), hay ambiente festivo. Dos artistas callejeros van disfrazados de gorilas, otros tocan sus instrumentos musicales, los curiosos observan la cola como quien mira Las Meninas y los revendedores intentan comerciar con boletos que, aseguran, han comprado en Doña Manolita. Sin demasiado éxito: la mayoría de los clientes prefieren seguir la liturgia de la cola, quizás sea eso lo que propicia la suerte. También se puede comprar por teléfono o mediante su página web.

Doña Manolita se fundó en 1904 en la calle San Bernardo por Manuela de Pablo, la lotera que le da nombre, y pronto cobró fama, sobre todo entre el estudiantado, por el número de premios repartidos. Las navidades pasadas batió su récord de premios y este año, según han informado, quieren volver a hacerlo: por el momento las ventas van mejor que otros años.

Para algunos es tradición. “Yo vengo todos los años y compro lotería para toda la familia”, dice Beatriz, enfermera en paro, “ya venía desde niña con mi madre. Aunque solo me ha tocado el reintegro”. Pilar y Saila son tía y sobrina: “Vengo por mi sobrina, que es una pesada”, se ríe Pilar, que si ganase un buen pellizco retiraría a su marido de la pescadería. “Este es nuestro año, ya verás”, dice Saila.

Juani, natural de Ciudad Real, que trabaja en una residencia para mayores, lleva hora y media en la cola: “Si me toca el Gordo me compro un piso, que los alquileres están por las nubes en Madrid”. En Internet un hombre llamado Samuel da las gracias: no podía pagarse el alquiler de su habitación, tenía que recurrir a Cáritas, y ganar el Gordo en Doña Manolita cambió el rumbo de una vida avocada a la catástrofe. No pierdan la esperanza: al que esto firma le tocaron 6.000 euros en Doña Manolita, a principios de siglo y a repartir entre dos.

El Gordo de Navidad tiene predilección por el 5

Efe

En el sorteo de la Lotería de Navidad todos los números, desde el 00000 hasta el 99.999, tienen la misma posibilidad de salir premiados porque están en el bombo, si bien el Gordo siente predilección por el 5, una terminación que ha resultado agraciada en 32 ocasiones.

  • Una curiosidad estadística que sitúa en el extremo contrario al 1 como la terminación menos premiada, puesto que en más de dos siglos de sorteo, el Gordo solo ha acabado en ese número en ocho ocasiones, según los datos de Loterías y Apuestas del Estado.
  • El 4 y el 6 son otras terminaciones con suerte: 27 veces han resultado agraciadas con el primer premio de este sorteo extraordinario, que se viene celebrando desde 1812. La idea extendida entre los ciudadanos de que los números bajos no salen es una superstición que no se sustenta en los datos estadísticos.
  • Los de tres cifras han sido agraciados tres veces, a pesar de que son los que menos se demandan. El 523 obtuvo el primer premio en 1828, el 615 en 1866 y el 675 en 1962.
  • El "dos mil" ha sido el millar más repetido. Los boletos con números desde el 2.000 hasta el 2.999 han obtenido el primer premio en diez ocasiones.Los "nueve mil" han logrado el Gordo nueve veces, los "seis mil", ocho, y los "doce mil" y "quince mil", siete.
  • El 79.250 ha sido el número más alto premiado en la historia de la Lotería de Navidad, en concreto, en 2010. Y salió justo en la mitad del sorteo, en el sexto alambre de la quinta tabla, de un total de nueve tablas.
  • Cinco años después el Gordo recayó en otro número del mismo millar (79.140); también otros números altos han obtenido el primer premio en los otros sorteos celebrados este siglo: el 78.294 en 2009, el 76.058 en 2012, el 71.198 en 2017 y el 66.513 en 2016.
  • Hay números enteros que se han repetido como el 15.640 (en 1956 y 1978) y el 20.297 (en 1903 y 2006). Además, en cuatro ocasiones el Gordo ha terminado en tres cifras iguales: 25.444 en 1895, 25.888 en 1935, 35.999 en 1880 y 55.666 en 1949.
  • La varita mágica de la suerte ha tocado casi por igual a números pares e impares, aunque con un ligero predominio de los primeros (105 frente a 93).

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