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Actores con discapacidad se integran en el escenario

La Compañía Luna y La Tramoya da visibilidad a unos interpretes especiales en la sala Plot Point, en el barrio de Embajadores

Un ensayo de la compañía Luna y Tramoya en la sala Plot Point en noviembre.
Un ensayo de la compañía Luna y Tramoya en la sala Plot Point en noviembre.

"En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…", la voz de Pili García, 39 años, llena la sala durante el ensayo. En el escenario sus manos no tiemblan y mantiene la cabeza alzada y firme. Ni rastro de su síndrome de Williams. "Para Pili el teatro es la vida. Si nos pudiéramos dedicar el día entero a esto, Pili no tendría momentos malos", explica Almudena Santos, directora de la compañía de teatro Luna y Tramoya, integrada por actores con alguna discapacidad intelectual.

Santos fundó la compañía en 2014, con el apoyo logístico de los dueños de la sala Plot Point, en el barrio de Embajadores, convencida de la capacidad de las tablas para integrar a las personas con discapacidad. "Les permite experimentar en el escenario situaciones que quizás no se encuentren en sus vidas", explica esta educadora social, terapeuta ocupacional y apasionada del teatro, y pone el ejemplo de García, quien tuvo que "romper algunas barreras" y besar a una chica cuando hace unos años compartió elenco con otra compañía que interpretaba Menage à trois en Plot Point.

Sueño de una noche de verano, interpretada por la compañía Luna y Tramoya.

Para eludir el escollo de la comprensión lectora, la compañía trabaja sin guion. Santos explica la trama a los actores hasta que la interiorizan. A partir de ahí interpretan, adaptando los diálogos a su forma de sentir y de expresarse, clásicos como Don Juan Tenorio, Fuenteovejuna. "La música es fundamental", afirma la directora, quien la escoge intentando que las melodías rellenen los huecos que puedan crearse.

"Esta canción no es", avisa Leticia Hernández, de 24 años, quien además de a sus personajes en Sueño de una noche de verano, Bodas de Sangre y Quijote interpreta los de un compañero que ha faltado al ensayo. Entre ella y Rodolfo Tato, 42 años, se saben casi al dedillo todos los papeles de las obras de la compañía, que actúa en Plot Point mínimo una vez al mes.

Un festival "diverso"

La sala Plot Point acaba de lanzar el Plot Point Diverse Festival. La cita, anunciada para 2019 pero para la que aún no se ha concretado una fecha determinada, pretende reunir a compañías de teatro que incluyan a artistas con discapacidad. El objetivo es dar mayor visibilidad al colectivo. La convocatoria está abierta hasta el 31 de diciembre. 

Mientras Santos busca la música correcta para dar paso a una escena de Quijote, las carcajadas de Claudia Arenas, 31 años, llenan la sala: Tato se ha puesto en la cabeza una bolsa de plástico, que estaba usando en su papel de Sancho para simular a un cerdo, y está haciendo bromas. Las relaciones sociales son uno de los beneficios que tiene el teatro para las personas con otras capacidades, y que se ve reforzado cuando viajan fuera de Madrid, donde conocen al personal de otras salas y teatros. "Los propios técnicos flipan al ver que necesitan menos ayudan de lo que pensaban", expone Santos y pone de ejemplo a Arenas: "Claudia es muy colaboradora. Cuando salimos fuera siempre está pendiente de todo: las bolsas, los decorados…".

En la misma línea pero más tajante, Carlos de Matteis, el director de Plot Point, asegura que muchos  de los espectadores se liberan del prejuicio de pensar que los discapacitados "tienen que estar en su casa viendo la televisión". Luna y Tramoya ha recorrido, además de teatros de toda España —"hay que visibilizarlo. La gente tiene que ver lo que son capaces de hacer y de transmitir", reitera su directora—, universidades y colegios. Actuaciones que, según Santos, tienen una importancia doble porque "es educar en la diversidad desde la infancia".

Los actores de Luna y Tramoya vestidos para la representación de 'Sueño de una noche de verano'.
Los actores de Luna y Tramoya vestidos para la representación de 'Sueño de una noche de verano'.

Han actuado malos, con fiebre… o, incluso, recién operados. Como María Jesús Casanova, 63 años, a quien las grapas que aún tiene en el abdomen no le han impedido dar vida hoy al Ama de Don Quijote. Casanova afirma que la práctica ha mejorado su dicción. Algo de lo que Jorge Lizcano, 44 años, es un claro ejemplo: al hablar sus ganas de querer transmitir demasiado en poco tiempo dificultan la comprensión; pero cuando interpreta a Oberón no deja lugar a dudas de que él es el jefe del bosque en Sueño de una noche de verano.

 Además, salir a escena les empodera al hacerles protagonistas de las historias y situarles frente a un aplauso final. "El teatro nos hace sacar nuestra fuerza interior", resume la actriz Pilar García una vez finalizado el ensayo.

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