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Jordi Cabré gana el Sant Jordi de novela con un ‘thriller’ psicológico

Víctor Garcia Tur y Carles Rebassa obtienen el Rodoreda de relatos y el Riba de poesía en la 68ª Nit de Santa Llúcia.

Jordi Cabré (izquierda), Maite Carranza, Victor Garcia, Marcel Mauri (vicepresidente de Òmnium), Carles Rebassa y Nuria Franquet.
Jordi Cabré (izquierda), Maite Carranza, Victor Garcia, Marcel Mauri (vicepresidente de Òmnium), Carles Rebassa y Nuria Franquet. EL PAÍS

Con galardonados literarios sin purpurina ni refriega mediática, pero de letra bien sólida y capaz de jugar con la metaliteratura, y un cartel, en el ámbito de los reconocimientos a la comunicación sí más marcado por su posición pública en el procés. Con esa personalidad de Jano ha celebrado este viernes en Sabadell Òmnium Cultural su ya 68º edición de la Nit de Santa Llúcia, la gran fiesta de las letras catalanas, en su segunda convocatoria sin su décimo presidente, Jordi Cuixart, que cumple 424 días en prisión. Jordi Cabré, con Digues un desig, un thriller psicológico, se ha llevado el 59º Sant Jordi de novela, mientras que el 60º Carles Riba de poesía ha sido para los trabajados y torturados sonetos de Sons bruts, de Carles Rebassa. Un juego de relatos distorsionados de grandes autores ha permitido a Víctor Garcia Tur llevarse el 21º Mercè Rodoreda de cuentos (El país dels cecs). En literatura juvenil e infantil, apuestas opuestas: la ya reconocida Maite Carranza, con L’alè del drac, jugando con la adolescencia del futuro arquitecto Antoni Gaudí, se ha llevado el 45º Joaquim Ruyra, mientras que Núria Franquet, con su primer libro, ha ontenido el 56º Folch i Torres por La Liang dins del quadre, protagonizada por una niña que vive una aventura entre los lienzos de un museo.

La otra cara de la figura del dios romano del evento ha venido discretamente dada ya por el propio escenario, Sabadell, ciudad vinculada familiarmente tanto al presidente de Òmnium, Cuixart, como a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, ambos en prisión. En el cartel de la gala, el segundo premio Muriel Casals de comunicación (3.000 euros) ha recaído en el productor Jaume Roures y el periodista Tatxo Benet por, según el jurado, “su voluntad de profundidad democrática demostrada en iniciativas como el diario Público, y los documentales Las cloacas de Interior, 20-S y la organización del centro internacional de prensa del referéndum del 1 de octubre”. El 31º premio Internacional Joan B. Cendrós, para trabajos que internacionalicen “la lengua, la cultura y la nación catalanas” (3.000 euros) ha sido para el reportero de la televisión pública finlandesa Pertti Pesonen por La venganza española, donde expone, con “objetividad y visión amplia y limpia”, el caso catalán.

“Todos tenemos parte de nosotros que nos gustaría esconder”, asegura Cabré (Barcelona, 1974) para centrar la tesis de Digues un desig, con la que ha obtenido el Sant Jordi de novela, ahora el galardón mejor dotado de las letras catalanas porque sus 60.000 euros son directos para el escritor, que también recibirá aparte los derechos de autor de la obra que coeditarán por vez primera Enciclopèdia Catalana y la propia Òmnium, tras el concurso que para ello promovió la entidad cultural. Un escritor que descubre una exitosa autobiografía suya que no ha escrito y donde aparece una historia de amor inconfesable y peligrosa es el inicio de un juego literario entre realidad y ficción de quien, hasta la fecha, había quedado dos veces finalista del Sant Jordi (2003 y 2011) y en su currículo contaba con dos premios de menor impacto: El Lector de la Odisea por La pregària del diable (2003) y el Ciutat de Palma-Llorenç Villalonga por El virus de la tristesa (2005).

La veterana Maite Carranza y la debutante Núria Franquet completan el cartel con los Ruyra y Folch i Torres de literatura juvenil e infantil

El juego metaliterario es, en cambio, una constante en la obra de Garcia Tur (Barcelona, 1981), reconocido cuentista, como demostró ya en su feliz debut Twistanschauung (2009, premio Documenta). Colaborador del QUADERN de este diario, el autor de Els ocells (2016, premio Marian Vayreda) o Els romanents (2018, premio Just Casero) asegura que con El país dels cecs con el que ha ganado el Rodoreda (6.000 euros) “he ido a un karaoke literario y he cantado canciones que me motivaron a partir de cuentos de grandes autores que he reelaborado y tergiversado”. Ursula K. Leguin, Melville y H.G. Wells, entre otros, permiten al escritor (que en el relato del título, de Wells, juega con qué habría sido de Borges si hubiera pertenecido a las letras catalanas) una reflexión sobre la idea de la falsedad y el plagio.

La propuesta lúdico-literaria es más dura en el caso de Rebassa (Palma de Mallorca, 1977), que se entabló en “un combate entre amor y muerte” motivado por un “desamor terrible y dolorosísimo”. El conflicto desembocó, “entre humor y rabia”, en los formalmente muy estrictos 68 sonetos que, tras 15 años, han dado forma a Sons bruts, que le ha valido el Riba (3.000 euros). Elogiado y premiado por obras como Eren ells (2016, Pin y Soler de novela y Ciutat de Barcelona) o Els joves i les vídues (2006, Ausiàs March de poesía), reconoce Rebassa que con este poemario ha pasado “de hablar de mí y destruir un mundo, a rehacerlo y devolverlo aquí: acabado el libro, mi ciclo ha cambiado”.

Quizá el currículo previo más espectacular de los galardonados es el de Carranza (Barcelona, 1958), Premio Nacional de Literatura Juvenil 2011 por su Paraules emmetzinades y autora de la exitosa trilogía La guerra de les bruixes. Ahora obtiene la medalla del Ruyra (6.000 euros) recreando en L’alè del drac la etapa de un Antoni Gaudí de 16 años, donde Carranza ubica “la génesis de su brillante locura, pero a partir de un amor imposible”. Dificultosa también es la labor de la pequeña protagonista de La Liang dins el quadre, con el que debuta la profesora de Secundaria Franquet (Premià de Mar, 1972), pero que ya le facilitado ganar el Folch i Torres (4.000 euros): la niña, perdida en un museo, recibe el encargo del Jaime I el Conquistador de un cuadro de conseguirle unas medicinas para su gota, lo que la llevará a viajar hasta el Japón... siempre metida en el lienzo. “Abordo los problemas que comporta el desarraigo”, dice Franquet. Un sentimiento, desde muchas ópticas, tristemente contemporáneo.

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