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El entierro del templo del ‘tecno’

La histórica discoteca Paladium, ubicada en Coslada y meca de los amantes de la música electrónica en la región, será demolida en 2019 y en su lugar se edificarán viviendas tras una década cerrada

Fachada de la discoteca Paladium en Coslada, en estado de abandono, el pasado 10 de diciembre.
Fachada de la discoteca Paladium en Coslada, en estado de abandono, el pasado 10 de diciembre.

“Era el sitio de moda y su repercusión llegó a varias generaciones. Es una pena que acabara así”. Las amigas Lucía Navarrete y Esmeralda Santos, de 32 y 33 años, conversan junto a la mole abandonada que un día fue uno de los epicentros de la música electrónica de la región. La discoteca Paladium, ubicada desde 1990 en el barrio de Valleaguado de Coslada, no fue una sala como las demás. En sus inicios contó con piscina, cine y hasta restaurante en la azotea de sus cinco plantas. En el interior pincharon reconocidos djs como Dj Nano o Dj Neil, pero ahora tiene fecha de caducidad: en 2019 será derribada y en su lugar se levantará una promoción de 70 viviendas, en el último reducto de obra nueva urbanizable que queda en el centro del municipio, a 20 minutos en coche del centro de Madrid.

"Nos juntábamos grandes grupos de amigos en el restaurante algunas tardes y luego bajábamos a tomarnos una copa a la disco para rematar la noche, había un gran ambiente"

El fin de la crisis inmobiliaria es lo que ha acabado por hundir a este coloso, que aparece flanqueado por enormes columnas corintias en sus costados, que le otorgan un aire majestuoso e imponente, de otra época. La decadencia es evidente después de diez años clausurado y el silencio en sus alrededores solo lo interrumpe el ruido de los coches. “Era una sala muy bonita. Venía todo el mundo, no solo del Corredor del Henares. En Nochevieja la gente se mataba por entrar y dio mucha vida a Coslada”, asegura Navarrete, madre de dos niñas, a quien le “da nostalgia” y se declara fan de lo que bautiza como la ruta del Bacalao madrileña. “Había viernes que iba con mis amigos a la sala Bachatta, en Torrejón. Los sábados veníamos aquí y los domingos terminábamos en Kapital”.

Vista de la discoteca Paladium, poco después de su inauguración, en 1993.
Vista de la discoteca Paladium, poco después de su inauguración, en 1993.

Para muchos treinteañeros de la zona, macrodiscotecas como Fabrik o salas de renombre como Attica no llegaron a hacerle sombra a Paladium, con un estilo muy definido. “Hubo una época que todos los findes me los pasaba ahí dentro”, dice Arancha Ruiz mientras pasea al perro. Esta cosladeña de 36 años, que vive enfrente de la discoteca, explica que le dio pena enterarse de su derribo. “Mi juventud tirada por el suelo”, recuerda que pensó tras enviarle una foto a su hermana donde se veía el cartel de la inmobiliaria.

De "club social" a "macrodiscoteca"

Por extraño que parezca, la sala Paladium no estuvo concebida desde sus principios como una macrodiscoteca. Así lo refleja la licencia de apertura, concedida el 4 de octubre de 1990 por la Comisión Municipal de Gobierno. "Al mirar los expedientes de obra y apertura nos ha llamado la atención que se presentó primero como un proyecto de club social", explica Marta Hernández, empleada del Centro de Documentación de Coslada.

La idea inicial venía respaldada al contar el recinto con "una piscina y una sala de cine". Ambas instalaciones funcionaron durante años. "Por eso lo verían como algo diferente a lo que acabó siendo, aunque tiempo después, ya en la redacción definitiva del proyecto se la rebautizaría como discoteca", asegura Hernández. La sala, que comprende tres plantas, fue inaugurada en 1993.

Ruiz considera la época de finales de los 90 y principios de los 2000 como la “mejor de todas”. “Las luces, las colas, fiestas como las de la fresa o la de la espuma, los regalos y ver a tus ídolos pinchar durante todo el año era algo increíble”, asevera. Una válvula de escape para buena parte de los jóvenes de Coslada y San Fernando, pero también de Torrejón, Alcalá de Henares y Guadalajara. Riadas de personas se desplazaban a una localidad entonces sin metro.

Hoy el barrio tiene de todo, pero se ha quedado sin su mayor reclamo. “En sus primeros años tuvo que dar mucho dinero”, supone Encarna Gil, de 61 años, y vecina de toda la vida. “Nos juntábamos grandes grupos de amigos en el restaurante algunas tardes y luego bajábamos a tomarnos una copa a la disco para rematar la noche, había un gran ambiente”. Parejas de recién casados y gente de mediana edad eran el grueso de su clientela. Años después, la edad media bajó y los promotores de la sala centraron sus esfuerzos en conquistar a los menores de 18 años, con sesiones sin alcohol. “Las colas daban la vuelta a la manzana, daba igual la época del año”, afirma otro vecino.

Una época dorada que se esfumó unos años antes de su cierre definitivo. Ruidos, gritos, botellones en sus aledaños y peleas cansaron a sus vecinos. En 2008, la puntilla a Paladium se la dio un plan especial que convirtió los 5.000 metros cuadrados de terreno en suelo residencial. “El entorno se ha revitalizado. Hay muy poca oferta de vivienda nueva en Coslada salvo en El Cañaveral, a las afueras de la ciudad”, indican las dos inmobiliarias que gestionan la venta. Y eso se nota en el precio. Una casa de tres dormitorios y 105 metros cuadrados se vende por más de 250.000 euros.

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