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Literatura contra la discordia

La Asociación Colegial de Escritores de Cataluña supera una crisis interna fruto del ‘procés’ ‘cosiendo’ desde el patrimonio de sus autores

Manuel Vázquez Montalbán, en La Rambla barcelonesa, en 1985.
Manuel Vázquez Montalbán, en La Rambla barcelonesa, en 1985.

“La cosa es hacer cosas”, resume el escritor y periodista cultural David Castillo el poco más de un año que lleva como presidente de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC), cargo al que llegó en septiembre de 2017 como hombre de consenso para evitar la fractura que amenazaba a la entidad (fundada en 1993, tras reformular la hasta entonces sección autónoma de la Asociación Colegial de Escritores estatal) por las tensiones sociopolíticas derivadas del procés. “Se entró en una etapa de manifiestos con gente a favor y en contra y llegó la discordia; yo me limité, amén de a un sinfín de llamadas, a hacer ver a la gente que más o menos todos éramos de izquierdas y que no estábamos tan alejados unos de otros”, asegura pocas horas antes de la primera de las jornadas, que terminan hoy en el Ateneu Barcelonès, dedicadas a la poesía de Manuel Vázquez Montalbán, que fuera uno de sus (bastantes) socios conspicuos.

Recentrar la actividad en la literatura a partir del rico patrimonio humano y literario de los aproximadamente 1.100 carnets que tiene la ACEC (800 socios vivos, si bien por exenciones diversas sólo contribuyen financieramente unos 600) es una de las estrategias centrales de Castillo para coser y reflotar una entidad que realiza unos 18 actos culturales al mes y que cuenta con un presupuesto anual de 70.000 euros. La aportación anual de 45 euros de sus agremiados (que les da acceso a asesoría jurídica, fiscal o informática, resúmenes diarios de prensa cultural y gestiones asistenciales de salud) es claramente insuficiente para las arcas de una ACEC cuya dinámica “llevaba a su colapso total para finales de este mes”.

Unas gestiones ante el Ministerio de Cultura y Deportes y ante la entidad de gestión CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos), así como un acuerdo con la Fundación Jesús Serra (grupo Catalana Occidente) para promocionar la poesía en los colegios catalanes, han ayudado a estabilizar las cuentas de la ACEC. Aún así, la principal fuente de ingresos son los 32.200 euros de subvención de la Generalitat de Cataluña. Castillo opina que son “claramente insuficientes en relación al peso de una entidad que seguramente es la más importante de España al tener autores vivos como Javier Cercas, Juan Marsé, Ignacio Martínez de Pisón, Eduardo Mendoza, Marta Pessarrodona, Carme Riera, Enrique Vila Matas y Carlos Zanón”, recita repasando las fotos de algunos que lucen en la sede de la entidad, en el Ateneu Barcelonès, y obviando los ya fallecidos, como Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Antonio Rabinad o el propio Vázquez Montalbán. La cuantía también genera, en su opinión, “un problema de discriminación en relación con otros colectivos de escritores, que reciben cuatro veces más ayuda con cifras de asociados no tan distantes de las nuestras”, contrapone, refiriéndose, sin mencionarla, a la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (AELC), con la que comparte algunos miembros. “Ni que fuera por el mero hecho de que todos los que están en la ACEC pagan sus impuestos aquí en Cataluña ya debería ser una cuantía mayor”, añade. Por otro lado, es delicado ampliar por la vía de incrementar el número de socios en tanto “implicaría una mayor infraestructura fija, que hoy no podríamos mantener”.

Cree Castillo que la ACEC, con un “claro carácter más sindical que político”, responde “mucho más a la realidad sociopolítica y cultural de Cataluña que otras entidades”, si bien admite que la gran mayoría de los actos que organizan son en castellano: el 82% de las presentaciones promovidas en 2017 en la ACEC eran de libros publicados en esa lengua. Es un reflejo de la labor de los propios asociados: apenas un 13% de los libros que publicaron el año pasado sus miembros eran en catalán o bilingües, frente a un 64% en castellano. Contrapone a esas cifras Castillo que “tanto el presidente de la ACEC, como su vicepresidente y su secretario técnico somos autores en lengua catalana y mi predecesor, Miquel de Palol, también lo es”.

Para ir ganando musculatura, la entidad, que otorga galardones de tanto prestigio como el Ángel Crespo de traducción (desde 1998) o el José Luis Giménez-Frontín de fomento del diálogo cultural peninsular (desde 2009), intenta dar cobijo y establecer vínculos con otras organizaciones. Así, acoge en sus instalaciones, desde el pasado verano, a la redacción de la revista Librújula y está en negociaciones con la Asociación de Periodistas Culturales.

Mientras, a principios de este mes se hicieron unas concurridas y celebradas jornadas de homenaje a Roberto Bolaño y tres miembros de la asociación, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Mendoza y Zanón, disertan hoy (tras la jornada de ayer, con Manuel Rico, Quim Aranda y Guillermo Carnero) sobre la poesía de un cuarto socio, el ya ausente Vázquez Montalbán, gran novelista y mejor ensayista, pero que quería ser considerado como poeta, valía que le reconociera raudo Josep Maria Castellet al incluirlo en la histórica Nueve novísimos poetas españoles (1970). Unos versos a los que pondrá voz Josep Maria Pou. Imposible mejor ejemplo del que podría ser el nuevo eslogan de la ACEC: ante cualquier crisis, literatura. Y más si la tienes en casa.

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