Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Las rayas látigo vistas en el litoral catalán no son peligrosas

El animal se defiende con espinas cuando se siente acorralado o se le pisa

Imagen de la Pedrera s'Antiga de Begur (Girona).
Imagen de la Pedrera s'Antiga de Begur (Girona).

La raya látigo, o pastinaca violeta (Pteroplatytrygon violacea) se está divisando, desde hace más de una semana, en diversas playas del litoral catalán. Es una especie que se mueve habitualmente en mar abierto, pero no es peligrosa ni agresiva. Si se la molesta se le acorrala, eso sí, puede clavar unas espinas que tiene encima de la cola y que producen inflamación y mucho dolor debido al veneno que desprenden. Según Protección Civil, no hace falta cerrar las playas, simplemente intentar no acercarse a ellas.

A finales de julio se detectaron los primeros ejemplares de raya látigo en la playa Savinosa, en Tarragona. Desde entonces, su presencia ha sido una constante en puertos y playas de Cunit, El Vendrell, Cubelles, Begur, El Port de la Selva, L’Escala, Roses, Llancà, Colera y Portbou, entre otras. El Departamento de Territorio y Sostenibilidad recuerda que se trata de una especie “de aguas cálidas de todo el planeta, también las del Mediterráneo”. Su presencia, sin embargo, “no es frecuente en la costa”, apuntan las mismas fuentes. Su avistamiento este año “puede estar relacionado con el aumento de la temperatura del agua del mar en zonas de agua más fría de la costa catalana”, agregan.

Otros expertos también apuntan a su posible periodo de reproducción, aunque según el biólogo de Submon Àlex Bartolí, especialista en tiburones —de la misma familia que las rayas— “copulan en primavera y en verano se acercan a la costa para tener a las crías, aunque en el Mediterráneo se desconocen la mayoría de sus zonas de reproducción”.

La especie que se está avistando en las playas no tiene valor comercial; es decir, no es la misma que se come. Se trata de una especie pelágica que nada a mitad de columna de agua y se alimenta de pequeños peces, moluscos o crustáceos. Uno de sus grandes problemas es la captura accidental por las barcas de pesca de palangre, que una vez las capturan las devuelven al mar. Hay diferentes rayas que visualmente se parecen, pero esta solo vive uno 10 años y puede llegar a medir 80 centímetros de ancho.

“No son agresivas, no atacan e intentan huir, pero si se las quiere coger, pisar o molestar se defienden con las dos espinas en forma dentada que tienen en la parte más cercana al cuerpo de la cola para defenderse de sus depredadores”, asevera Bartolí. Según este experto, la picadura produce inflamación y un intenso dolor debido al veneno que desprenden, por lo que se recomienda acudir a la Cruz roja o un centro de salud para extraer la espina, si ha quedado clavada, y lavar con agua muy caliente “que deshace la proteína del veneno”.

No es habitual verlas, pero en agosto de 2014 también se detectó en Blanes. “Igual que han aparecido, se irán”, zanja Bartolí.