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Tarragona llega a contrarreloj al arranque de los Juegos Mediterráneos

Las obras, valoradas en 75 millones de euros, se han acabado al límite, sin margen para pruebas

Operarios trabajan en el velódromo Campclar.
Operarios trabajan en el velódromo Campclar.

A Tarragona le llegó la hora. Los Juegos Mediterráneos, que se inauguran este viernes, ponen a prueba la capacidad organizadora de la ciudad, que no se libra del recelo tras vivir una tortuosa fase de preparativos repleta de calamidades. Deslealtad institucional, retrasos, ceses, falta de dinero y escasez de patrocinadores llevaron a un sonrojante aplazamiento del evento, previsto para verano de 2017. Pese a la prórroga de un año, algunos equipamientos se han terminado sobre la bocina.

Antes de celebrarse la ceremonia de inauguración, los Juegos ya han propiciado algunos abandonos. El más sonado es el de Javier Villamayor, concejal al que se encargó coordinar el evento y que tenía un rol protagonista en el gobierno municipal, hasta el punto de aparecer como favorito para sustituir a Josep Fèlix Ballesteros al frente de la lista del PSC. Muy desgastado, Villamayor ya ha avanzado que no se ve con ánimo de seguir en el ayuntamiento al término de esta legislatura.

El estadio del Nàstic, preparado por los Juegos del Mediterráneo.
El estadio del Nàstic, preparado por los Juegos del Mediterráneo.

Colau dice que no descarta otro evento

“Nunca lo haría como ocurrencia personal, pero siempre he dicho que no tenemos que descartar nada”. Así respondió ayer la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a la pregunta de si impulsará unos nuevos Juegos Olímpicos en Barcelona. Colau aclaró que sería muy diferente de la primera vez, porque no habría que construir ni transformar la ciudad. Y, en cualquier caso, habría que hacerlo con consenso. “Si es aprovechar lo que se ha hecho, ¿por qué no? ¿Que si se puede plantear? Se puede plantear. Ahora mismo no se está trabajando, si se hiciera, se necesitarçía complicidad con el mundo deportivo, los actores de la ciudad, las administraciones...”, afirmó durante una entrevista en Rac1.

Por su parte, el alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, nunca ha perdido el ánimo al referirse a los Juegos. Ha tratado de presentar el rosario calamidades como hechos que entran dentro de la normalidad cuando se organizan eventos de calado. A menudo reveló conversaciones privadas con Pasqual Maragall, quien, tras conocer en octubre de 2011 que Tarragona había sido elegida para albergar los Juegos Mediterráneos, le habría dicho a su colega socialista: “Prepárate que ahora vienen los problemas”. 

Pese a que la entidad de los Juegos Mediterráneos es muy menor —participan 26 países y la presencia de atletas de élite es escasa— Ballesteros ha recurrido a menudo a la comparación con la Barcelona olímpica, incluso con Londres 2012, y durante meses le gustó pronosticar que en los diez días de Juegos, la ciudad iba a ser “el ombligo del mundo”. El aplazamiento hasta 2018 de los Juegos de 2017 ha forzado que el evento coincida nada menos que con el Mundial de fútbol.
Sin embargo, la prueba se ha asegurado largos minutos de presencia televisiva gracias a los acuerdos con TVE y con TV3. La presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dio más interés a la ceremonia de inauguración. Pero ello incluso podría quedar deslucido si el presidente del Govern, Quim Torra, decide dar plantón a ese acto por la presencia del Rey.

La de las infraestructuras ha sido la gran carrera de fondo que ha tenido que sufrir el comité organizador. Descartada la idea de levantar una villa para los 3.600 deportistas participantes —estos se alojarán en hoteles del parque Port Aventura— las energías se han empleado en tener a punto los recintos que deben acoger las competiciones. El Palacio de Deportes y la piscina de 50 metros han sido dos constantes quebraderos de cabeza. En el caso del pabellón, con capacidad para casi 5.000 personas, fue necesario reactivar el concurso tras la renuncia de hasta dos empresas adjudicatarias, que calificaron la obra como “inviable” tras conocer plazos y condiciones.

Los 18 millones de euros los paga la Generalitat y el president Quim Torra inaugurará hoy el recinto. Igualmente, hasta última hora no ha sido posible cortar la cinta de la piscina olímpica. Una vez quedó aparcada la propuesta inicial para hacerla cubierta, “no nos preocupa porque los Juegos se disputan en verano”, alegaron desde el Comité Organizador, se dejaron pasar meses esperando el compromiso del Estado, antes de empezar a cavar. Pero la aportación del gobierno central llegó en cuentagotas y la obra se fue retrasando hasta que Madrid completó un paquete de ayudas de 15 millones de euros.

La piscina debía inaugurarla hace dos semanas Soraya Saénz de Santamaría, en calidad de vicepresidenta del ejecutivo. La moción de censura socialista echó al PP del gobierno y frustró la inauguración. Días más tarde el elegido era Màxim Huerta pero su breve paso por el ministerio malogró la cita. Finalmente, el pasado sábado fue Meritxell Batet, ministra de Política Territorial y Función Pública, quien oficiaba la presentación en sociedad de la instalación.

El estadio del Nàstic, que acogerá las ceremonias de apertura y clausura, ha sufrido un lavado de cara, pero más modesta ha sido la intervención en otras instalaciones, caso del vetusto campo de tiro o el velódromo, donde se disputará la competición de petanca.

En total, se han invertido 75 millones de euros en equipamientos. El Ayuntamiento de Tarragona presume de que por cada euro que ha gastado, ha recibido cinco de otras instituciones, básicamente la Generalitat, el Estado y las diputaciones de Tarragona y Barcelona.

El dispositivo de seguridad incluye drones

Los Mossos d’Esquadra han coordinado el Plan de Seguridad que implica a 4.000 agentes, entre los mossos, Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Portuaria. También trabajarán más de 1.400 vigilantes privados. El plan incluye drones de vigilancia que se comunicarán a tiempo real con los centros de mando.

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