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Tarragona busca despertar el interés social por los Juegos del Mediterráneo

La competición debía celebrarse el año pasado y por ahora solo se ha notado en las reservas hoteleras

El nuevo campo del Nàstic, que acogerá las ceremonias de inauguración y clausura.
El nuevo campo del Nàstic, que acogerá las ceremonias de inauguración y clausura.

A menos de tres meses para que empiecen los Juegos Mediterráneos, Tarragona se debate entre el empeño del ayuntamiento y del comité organizador para promover el evento, y el tedio con que buena parte de la sociedad afronta una cita que tuvo que aplazarse un año porque el dinero no alcanzaba y las obras no estaban terminadas. El calendario no va a ser esta vez un problema y las inauguraciones de instalaciones se sucederán hasta la ceremonia de apertura, el 22 de junio. Pero los cortes de cinta no logran disipar el desinterés.

Un alcalde del PSC, Josep Félix Ballesteros, un histórico líder de Convergència, el presidente de la Diputación de Tarragona, Josep Poblet, y el portavoz del gobierno del PP, el ministro Íñigo Méndez de Vigo, han coincidido en anticipar que los Juegos del Mediterráneo de Tarragona van a ser “un éxito”. Agarrados de la mano tratan de esfumar la desconfianza y la incertidumbre que pesa sobre una cita deportiva internacional que pasó por un sonrojante aplazamiento de 12 meses porque no estaban listas las instalaciones.

La heterodoxa alianza multipartido no es una excepción, según palabras de Javier Villamayor, comisionado de los Juegos. Cuando desgrana las implicaciones con que ha contado el proyecto, Villamayor reparte buenas palabras para todos, desde Artur Mas a José Ramón Lete, presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD). Solo la CUP, muy activa en la crítica del evento, merece el reproche de Villamayor. El máximo responsable municipal de los Juegos considera que los tiempos amargos ya pasaron y anuncia que se abre una etapa ilusionante, “de hechos tangibles, y no de palabras”, afirma. El alcalde Ballesteros lo reafirma: “Hemos pasado de la fase de sufrir a la de lucir”.

Para el 7 de abril está previsto el estreno de la pista de atletismo y para mediados de mayo la finalización de las obras de la piscina olímpica. Josep Poblet avanza que en las siguientes fechas va a haber “una retahíla de inauguraciones”. Íñigo Méndez de Vigo afirma que Tarragona 2018 dejará “un legado sostenible” para la ciudad. Durante una visita al Nou Estadi, donde se celebrarán las ceremonias de apertura y clausura, el ministro incluso se declaró seguidor del Nàstic y rememoró sus vacaciones en Coma-ruga.

Pero, pese a repetidas escenificaciones del compromiso, las trabas y los tropiezos han sido una constante. Los 15 millones de euros de la aportación estatal se han hecho de rogar. También fue un calvario la construcción de la que se presenta como la joya de la Anilla Mediterránea: un palacio de deportes con capacidad para 5.000 personas. Los casi 18 millones los paga la Generalitat, pero el proceso de construcción estuvo salpicado de demoras por la renuncia de hasta dos empresas adjudicatarias, que tildaron de “inviable” el proyecto.

La falta de liquidez ha sido la tónica general desde la designación de Tarragona, en octubre de 2011. Los patrocinadores privados solo aportan 13 millones de los 20 que se habían previsto y el Ayuntamiento ha sido tajante a la hora de no endeudarse más allá del crédito de 12 millones suscrito con La Caixa. El presupuesto se ha encogido a medida que se iban cerrando puertas. El montante final asciende a 72 millones. Almería, sede de los Juegos en 2005, gestionó un presupuesto “de 250 millones”, afirma Villamayor.

La sucesión de aplazamientos y limitaciones no ha ayudado a fomentar el interés de los ciudadanos de Tarragona por los Juegos. Lo mismo pasa en las otras 15 sedes, Barcelona incluida, que acogerán alguna de las 33 competiciones programadas. Buscando penetración mediática el comité organizador contrató a la exdirectora de comunicación de Nike, Judith Rubinat, y al exjefe de comunicación del Barça, Xavi Martín. Ninguno de los dos está ya en Tarragona.

Hay quien lamenta que los Juegos sean “invisibles”. No es un dato menor que coincidan con el Mundial de Rusia de fútbol. Las entradas se pondrán a la venta el 9 de mayo y su precio irá de 5 a 25 euros. Villamayor acepta que será difícil que el público llene las competiciones. Alega que no es un problema local: “¿Qué competición deportiva llena hoy día las gradas? Ni la Liga de fútbol lo logra”. Eduard Farriol, presidente de la Federación de Hoteleros, apunta que durante los Juegos “será complicado encontrar alojamiento”. Dice que las reservas para esa semana ya están al 90%. Los atletas se alojarán en hoteles de Port Aventura. Farriol apunta que el sector prefería otras fechas. “La última semana de junio es siempre buena. Esto hubiera sido fantástico en mayo o a partir del 15 de septiembre”.

Pocos entrenamientos

El exatleta internacional Natalia Rodríguez, medallista mundial y plusmarquista española del 1.500, creció unas calles más allá de donde se ha construido la Anilla mediterránea y se entrenó durante años a las pistas de Tarragona. Valora la remodelación que se ha llevado a cabo en unas instalaciones deportivas que presentaban muchas carencias, pero opina que “se podía haber hecho mejor, hacer una actuación más completa”. Lamenta que “nadie” le haya pedido consejo a pesar de su contrastada experiencia en la élite atlética. Juanan Fernández es el organizador del Maratón de Tarragona, una de las pocas pruebas que se han podido llevar a cabo para probar el recinto de los Juegos antes de la inauguración. Aplaude que la zona está “muy muy equipada para montar la operativa que necesita una prueba deportiva” y destaca la aprobación de los corredores que participaron en el maratón: “Se llevaron una buena impresión, a pesar de que el volumen de obras todavía es alto”. Fernández sólo lamenta “la escasez” de transporte público para llegar a la Anilla.