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Maria Rius: homenaje y premio (homónimo) de ilustración

La histórica dibujante, con más de 370 libros publicados, estrena galardón convocado por las librerías Laie y La Caixa d’Eines

La ilustradora Maria Rius, esta semana.
La ilustradora Maria Rius, esta semana.

Maria Rius ha ganado el primer premio Maria Rius de ilustración infantil. Una tautología lógica ya que el galardón, instituido por las librerías barcelonesas Laie y La Caixa d’Eines, pretende reconocer la trayectoria profesional de quien sea un referente en ese campo. Y, amén de calidad y estilo, los más de 370 libros publicados en 25 países en todas las técnicas imaginables (acrílicos, collage, linóleum…), así como su compromiso con el oficio como docente y defensora de los derechos del colectivo (es fundadora de la Associació Professional d’Il·lustradors de Catalunya, APIC), avalan a la ya histórica dibujante Rius sobremanera.

“He sido feliz ilustrando y enseñando a ilustrar”, resume su larga trayectoria Rius (Sant Pere de Riudebitlles, 1938) quien, paradójicamente, no fue de pequeña a la escuela y alimentó su rico imaginario a partir de su entorno familiar. “Fui la sexta de 11 hermanos; yo dormía en el cajón de una cómoda y mi madre, que era maestra, me daba las clases en casa: un día, cuando le pregunté qué eran los átomos porque mis hermanos mayores hablaban de que se había lanzado una bomba atómica, aprovechó las partículas que flotaban en un rayo de luz que se colaba por la ventana para explicármelo… Son mis hermanos pequeños, las casas que veía, la vida que tenía, lo que explica mis dibujos”, resume hoy. Y las necesidades de entretenerse: aún recuerda que con algunos hermanos “nos hacíamos los dibujos de las películas que nos pasábamos del cine Nic”.

Uno de los dibujos de Maria Rius.
Uno de los dibujos de Maria Rius.

Figuras infantiles realistas, rostros limpios por ingenuos, trazos finos y colores suaves son su marca gráfica, cincelada a partir de estudios en La Llotja, la Escuela Superior de Bellas Arts Sant Jordi y de diseño gráfico en Alemania y Suiza, adonde fue de joven como cocinera. Rius define su estilo como “clásico moderno; nunca fui ninotaire” y remite como grandes referentes a Lola Anglada y, sobre todo, Pere Torné i Esquius, lo que explica que la crítica haya visto en ella un cordón umbilical con la rica tradición ilustradora y pedagógica catalana de la República.

Con ese bagaje, arrancó una labor que la llevó a debutar en la pequeña editorial Roma del barcelonés barrio de Les Corts, con un libro del que no tiene ni un ejemplar. Con los años, acabaría trabajando para todos los grandes sellos de literatura infantil o de educación (Parramón, Claret, Juventud, Proa, Teide, La Galera…), con celebradas adaptaciones como Macbeth o La Biblia. Todo ello se tradujo en la obtención de los grandes premios del sector: el Lazarillo (1968), el Serra d’Or (1979 y 1981), el de la Generalitat (1983) o el Junceda de Honor (2008).

El oficio no ha mejorado mucho con los años, resume. “Había una época en que no te daban ni ejemplares ni te devolvían las ilustraciones; fue de los primeros derechos por los que luchamos cuando creamos la asociación de ilustradores”, recuerda. Siendo mujer, más difícil todavía: “Los hombres trabajaban ilustraciones para chicos, en tebeos; las mujeres lo hacíamos más para los pequeños, era difícil salir adelante”, afirma quien ha acabado plasmando su labor en Cavall Fort o Tretzevents y hasta en estampaciones de cerámicas o de textil. “Recuerdo hacer un diseño para unos pañuelos infantiles, aunque en la empresa me dijeron: ‘Vale, pero aquí son todo hombres y no puede trabajar, hágalo desde casa”.

La ilustración infantil parece la Blancanieves del sector. La génesis del mismo premio Maria Rius es una muestra: “Fui a la Feria de Bolonia del año pasado con Cataluña como invitada y vi que no había ni un dibujo de Maria expuesto; me pareció increíble; eso, y la ausencia de galardones que visibilizaran y reconocieran una larga e indiscutible trayectoria, como hacía el extinguido Premio Internacional Catalònia de Ilustración que concedía la Generalitat, nos llevó a organizar un premio con su figura que ponga en valor el oficio”, reconstruye Enric Aymerich, de Laie.

Por si el nombre de la ilustradora no fuera suficiente para prestigiar el galardón, éste tiene un jurado de indiscutible calibre, con representantes de la Associació de Mestres Rosa Sensat, de la APIC, de Bib Botó (Grupo de Trabajo de Bibliotecas Infantiles y Juveniles), del Consell Català del Llibre Infantil i Juvenil y de IL·LUSTRA (Profesionales de la Ilustración Catalana Asociados), que sólo toman en consideración ilustradores con al menos una década de trayectoria y 10 títulos publicados en papel, al menos uno en catalán.

Metáfora de la realidad del sector, el premio Maria Rius no tiene dotación económica, pero sí una bella pieza en plata elaborada por la reputada Capdevila Joiers. Es un pájaro azul de grandes alas un punto barrocas y un pico largo, motivo recurrente en la obra de Rius, en especial de su Guaraçú, con texto de Ricard Alcántara, que ilustró en 1978 para La Galera, hoy un particular clásico de su bibliografía, pero que nació no sin cierta dificultad: “El editor mostró su incomodidad por la desnudez del niño; le dije que era ridículo vestirle en una selva; lo salvé con algún escorzo y algunas hojas”.