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La apisonadora del máster de Cristina Cifuentes

PP madrileño observa anonadado cómo un simple curso de posgrado puede convertirse en la tumba política de su presidenta, arrastrando a un partido que no sabe cómo reaccionar. Mientras, Cifuentes aguanta

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, junto a la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, junto a la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal. Getty Images

La fortaleza de la que hace gala Cristina Cifuentes se ha ido debilitando desde que estalló el caso máster. De momento aguanta y no dimite, repite y repite ante el estupor de la oposición y la perplejidad de los suyos, entre los que se ha instalado la desconfianza. La pregunta es hasta cuándo podrá mantener esta postura. La presidenta sigue con su agenda e incluso cuelga fotos en Internet con una sonrisa que se torna día a día más forzada. Una de las últimas, el pasado viernes, rodeada por su equipo más fiel, en el AVE camino de la convención del partido en Sevilla, donde se ha convertido en protagonista indiscutible, muy a su pesar y al de su partido.

Cifuentes nunca pudo pensar que el posgrado en Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos se podría convertir en su tumba política. Cuando se apuntó al máster, en el curso 2011/2012, sabía que no contaba con mucho tiempo para acudir a clase, indican fuentes de su entorno. Aunque ella afirma que no necesitaba el posgrado para nada, lo cierto es que es personal de administración y servicios de la Universidad Complutense, una cualificación desde la que no podría ejercer la docencia en un futuro. Para ello necesitaba el posgrado. Y se apuntó en la Universidad Rey Juan Carlos, un campus dominado por el PP. “No haría falta que asistiera mucho, ni que estudiara mucho, pero su intención era ir”, confirman las mismas fuentes. Pero al ser nombrada delegada del Gobierno, su disponibilidad se redujo. Eran 21 alumnos, algunos compañeros del PP, que contaban con sacarlo sin grandes esfuerzos.

La primera bofetada le llegó a Cifuentes hace 18 días. Una funcionaria, Amelia Calonge, vieja conocida de la presidenta, había cambiado las notas de no presentado a notable, supuestamente de forma irregular, según publicó eldiario.es. La Universidad aseguró que la modificación se debió a que se había producido un error de transcripción. Al final del día, Cifuentes difundió un acta, firmada por tres profesoras, que le había enviado la Universidad. Lo mostró en un vídeo tomado en la Puerta del Sol de noche: “Tengo aquí un acta del trabajo de fin de máster que está firmada por los tres miembros del tribunal calificador con la fecha de la evaluación y la calificación del trabajo”. Se parapetó en ese documento y en las explicaciones que habían ofrecido el mismo día el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Javier Ramos; el director del máster, Enrique Álvarez Conde, y el profesor de una de las asignaturas con la nota cambiada, Pablo Chico. ¿Cómo iban a mentir esos docentes de prestigio?

Pero era un documento envenenado. Dos de las profesoras firmantes, Alicia López y Clara Souto, han reconocido que las rúbricas que aparecen son falsas, aunque habrían dado su consentimiento. Todo aderezado con que el director del máster reconoció el viernes que el acta era una “reconstrucción”, mientras que el rector decidía llevar los documentos a la Fiscalía al haber “indicios de delito”. La Universidad se batía en retirada, abandonando a Cifuentes, mientras que ella se felicitaba por esta decisión porque es “la primera interesada” en que se aclare todo y se depuren responsabilidades. En el pleno ordinario celebrado al día siguiente de saltar el escándalo, el 22 de marzo, se vio a una Cifuentes tocada, con menos energía de lo habitual. Estaba incubando una gripe que la mantuvo apartada unos días, la excusaron sus asesores, ante las críticas de los medios por su falta de explicaciones los días posteriores. El viernes 23 no acudió a la toma de posesión del rector de la Universidad de Alcalá.

Recuperó fuerzas en Semana Santa para enfrentarse a la oposición en el pleno extraordinario del 4 de abril con un solo punto: dar explicaciones sobre el máster. La presidenta renació durante la sesión, en un “ejercicio de cinismo como yo nunca he visto”, describía la portavoz de Podemos, Lorena Ruiz-Huerta. Mostró a los diputados documentos compulsados por la Universidad, pero evitó enseñar el acta que horas después se supo que estaba fabricada ad hoc, ni el trabajo fin de máster, que no aparece. “Me ha convencido”, comentaban en ese momento diputados populares de la Asamblea. Pero todavía faltaba lo peor por llegar con las declaraciones que acreditan la falsificación del acta. Empujada por las noticias, Cifuentes dio otra rueda de prensa: “He dicho la verdad y no he cometido ninguna ilegalidad”, aseguró, además de reconocer estar viviendo una situación de “dureza extrema”. Pero no dimite.

Un escándalo que afecta a la credibilidad de la Universidad

Cifuentes se considera “la más perjudicada” por el escándalo del máster. Sin duda lo es. Pero en el camino está arrastrando la credibilidad de la Universidad pública y de los estudios de posgrado, le han advertido desde la oposición. El portavoz socialista Ángel Gabilondo manifestó en el pleno de esta semana que las declaraciones de Cifuentes “rezuman desdén a la autonomía universitaria y una profunda injusticia para con todos los profesionales que hacen competentemente su trabajo en todas las universidades”. No solo a ellos, sino también a los estudiantes que dedican “esfuerzo, tiempo y presupuesto para aprobar legítimamente un máster universitario”. La situación ha llevado al PSOE a registrar una moción de censura, que no prosperará a no ser que se una Ciudadanos. Podemos ha anunciado su apoyo.

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