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Una mirada a los cien años de la Zona Franca

El Museo de Historia de Barcelona reflexiona sobre la evolución del polígono y su impacto

Vista de Montjuic y de los futuros terrenos de la Zona Franca y del delta de Llobregat de 1915.
Vista de Montjuic y de los futuros terrenos de la Zona Franca y del delta de Llobregat de 1915.

Una de las estrellas del Pabellón de Barcelona en la Exposición Universal de 1929 fue una espectacular maqueta en la que no faltaba luz, agua y barcos que se deslizaban de un muelle a otro. Se hizo tomando como modelo la propuesta que hizo el ingeniero danés Bjorn Petersen, uno de los 56 candidatos en el concurso internacional que convocó el Ayuntamiento de Barcelona en 1927 para dibujar lo que es hoy la Zona Franca. El concurso no tuvo ganador y el proyecto de Petersen recibió 40.000 pesetas como primer accésit.

Aquella maqueta desapareció, pero el Museo de Historia de Barcelona (MuHba) ha realizado una copia de ella para la microexposición —así la denominan— El puerto franco y la fábrica de Barcelona. Las edades de la Zona Franca que se puede ver en el MuHba hasta el 26 de mayo. La maqueta y un audiovisual que repasa la historia de esa zona industrial con imágenes inéditas, como rebaños de ovejas pastando, son dos elementos que llaman la atención de una muestra que explica la evolución de esa gran área —más de mil hectáreas— que el año pasado cumplió cien años desde que se creara el Consorcio del Depósito Franco de Barcelona, el origen de la actual Zona Franca.

“Que salen los de la Seat”

Desde mediados del siglo pasado y a medida que crecía de forma imparable el número de trabajadores que cada día iban y venían del polígono industrial y del puerto se evidenciaba el problema de la movilidad de la Zona Franca. Por increíble que parezca, el metro todavía da un servicio parcial a esa gran área industrial a la espera de que este año entre en funcionamiento la L10.

Quienes han trabajado en la Zona Franca —en el polígono tuvo la redacción y la rotativa este periódico— recuerdan cómo la hora del fin de turno de la Seat era algo a tener en cuenta si se quería volver a Barcelona porque los cientos de coches colapsaban la calle 3.

“Durante décadas ha sido una zona central de Barcelona, su gran taller y enorme tienda de alimentación pero ha pasado desapercibida para una gran parte de la población”, apunta Joan Roca, director de MuHba.

La primerísima versión de la Zona Franca, en versión Casa de Puerto Franco, data de 1711 en un edificio que se construyó en terrenos de la actual Barceloneta a impulso del empresario textil Narcís Feliu de la Penya. Desde Barcelona se miraba al puerto de Hamburgo como modelo a seguir. “Era una demanda que fue tomando más fuerza a partir de la pérdida de las colonias en 1898 pero que tropezaba una y otra vez con la férrea oposición del sector del cereal en manos de castellanos y aragoneses”, apunta Lluís Sales, coordinador de la exposición. El lugar elegido para desarrollar el Puerto Franco fue terreno de pastos para la ganadería hasta 1820 cuando dio paso al cultivo con la llegada de agua con el canal de la Infanta.

El Ayuntamiento de Barcelona, instituciones y un buen número de poblaciones catalanas llegaron a constituir la Asamblea Económica en 1915 en el Saló de Cent, un acto que congregó a cientos de personas en la plaza de Sant Jaume que fotografió Josep Brangulí en una imagen que se puede ver en las salas del MuHba. Un año más tarde, las Cortes concedieron un permiso para un depósito franco. Mientras no se disponía del terreno del delta de Llobregat —se tenía que expropiar a decenas de propietarios— la zona libre de aduana se situó en el muelle de Bosch i Alsina. En 1917, las Cortes autorizaron la creación de dos puertos francos: Barcelona y Cádiz.

En 1920, para crear esa gran extensión se agregaron al municipio de Barcelona 900 hectáreas de L’Hospitalet y una lengua de terrenos de El Prat del Llobregat. En 1928, el Estado autorizó el ancho de vía europeo que arrancaría en el puerto hasta Francia por Puigcerdà, prueba de la apuesta que se hizo en el proyecto. “Conseguir un puerto franco fue uno de los grandes sueños de Barcelona, como después lo fueron los Juegos Olímpicos”, afirma Roca.

La Guerra Civil se encargó de frenar en seco el desarrollo de la zona y con ella la idea de que se instalaran en ella dos gigantes de la industria del automóvil, la General Motors y la Ford. 1950 es una de las fechas clave en el desarrollo de la Zona Franca con la constitución de la SEAT que empezó a construir su enorme planta que abrió en 1953. En la muestra se pueden ver fotografías de un mar de coches Seat 1.400 esperando embarcar o los dibujos y croquis originales del Seat 600. A partir de ahí llegó la consolidación total de la Zona Franca como área industrial en la que se asentaron decenas de empresas: en 1967 más de 60 se habían instalado, en 1971 se trasladó la Pegaso desde Sant Andreu y ese mismo año abrió Mercabarna. Muchas industrias del Poblenou y de Sants también se trasladaron a la Zona Franca.

La última parte de la muestra repasa la reconversión más reciente de parte de su actividad hacia el sector de la logística y, especialmente, a una de las singularidades de una zona industrial y portuaria que convive con los espacios naturales del delta del Llobregat: “Ese es el reto de futuro, ir hacia una reindustrialización sostenible y que el territorio se integre más en el conjunto metropolitano”, concluye Roca.