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Los grabados japoneses que fascinaron a Miró

La fundación barcelonesa del pintor exhibe las obras de Ito Shinsui, uno de los grandes representantes del arte gráfico nipón del siglo XX

Ito Shinsui, dispuesto a dibujar, en una imagen de 1954.rn
Ito Shinsui, dispuesto a dibujar, en una imagen de 1954.

Un año después de exponer À toute épreuve, el libro de artista en el cual Joan Miró combina las técnicas de grabado occidentales y japonesas, la fundación del artista en Barcelona dedica una muestra al célebre pintor Ito Shinsui (Tokio, 1898 - 1972), gran maestro del shin hanga (nuevas estampas), una de las principales corrientes del arte gráfico japonés del siglo XX. Ito Shinsui. Tradición y modernidad, que se enmarca en la celebración de los 150 años de relaciones entre España y Japón, surge de la larga colaboración entre la Fundación Miró y Kazumasa Katsuta, uno de los más importantes coleccionistas del pintor.

Abanderado de la cultura japonesa en el mundo, Katsuta, hijo de Ito Shinsui, ha depositado desde 2001 de forma permanente en la Fundación 32 importantes obras de Miró. “Como muchos artistas de vanguardia, Miró estaba fascinado por el arte oriental, coleccionaba estampas y exploró las técnicas gráficas tradicionales de Japón desde la perspectiva de la modernidad”, explica Marko Daniel, director de la Fundación Miró.

Como broche de oro de la muestra, Daniel ha conseguido la pintura de Miró Retrato de Enric Cristòfol Ricart, de 1917, un excepcional préstamo del MoMA de Nueva York, que sólo se pudo ver en España hace 25 años en ocasión de la antológica para el centenario del nacimiento del artista. La obra, que incluye a modo de collage una estampa japonesa, es una de las primeras manifestaciones de sus vínculos con el pensamiento y el arte de ese país. “Muchas obras de nuestra colección reflejan el interés de Miró por el arte de Japón. En su lenguaje a menudo hay referencias a los tres signos del budismo zen: cuadrado, triángulo y círculo y el propio artista explicó que se preparaba para pintar a través de un proceso de meditación”, sostiene Daniel, destacando como ejemplo una de las obras maestras de la colección, el tríptico La esperanza del condenado a muerte, con sus minimalistas líneas negras sobre fondo blanco.

'Hair' (1952), una de las estampas de Shinsui. ampliar foto
'Hair' (1952), una de las estampas de Shinsui.

Daniel recuerda los viajes que Miró realizó para aprender las técnicas tradicionales japonesas. En la inauguración, hubo una demostración del proceso de creación de un grabado en madera, a cargo del maestro Okada Takuya, que explicó prácticamente el uso de las herramientas expuestas. “En aquellos años hubo un intenso intercambio de conocimientos. La llegada de los pigmentos europeos a Japón provocó cambios tan relevantes como la introducción de nuevos matices de azul, que influyeron en la representación de lo profundo”, indica el director, asegurando que se trata de un trabajo “muy detallista y delicado”. Sin embargo, pese a ser coetáneos, Miró y Shinsui nunca se conocieron.

La muestra, abierta hasta el 20 de mayo, ilustra la trayectoria de Shinsui a través de unos 60 grabados, realizados entre 1916 y 1964, algunos paisajes y muchos retratos femeninos, en los que conjugó el ideal japonés de belleza clásica junto con la nueva sensibilidad estética del movimiento shin hanga. La selección, que se ha mostrado en contadas ocasiones, revela el paso del tiempo y la evolución del gusto no sólo a través de la renovación técnica, sino en las propias mujeres retratadas, que delatan la pujante modernidad en sus ropas, peinados y posturas más sensuales y espontáneas, ajenas a la rigidez ancestral.

“Algunos grabados se corresponden con pinturas, pero la mayoría son obras autónomas”, concluye la historiadora del arte Akiko Katsuta, comisaria de la muestra y nieta del artista, destacando que Shinsui colaboró con los mejores grabadores de su época.