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“El conflicto de Sijena no tiene solución”

El Ateneu Barcelonès acoge un debate sobre el conflicto de los bienes del monasterio oscense

Momento en el que el camión y la guardia civil llevaban las piezas desde el Museo de Lleida a Sijena en diciembre.
Momento en el que el camión y la guardia civil llevaban las piezas desde el Museo de Lleida a Sijena en diciembre.

“El conflicto de los bienes de Sijena no tiene solución”. Así de claro se manifestó Josep Giralt, director del Museo de Lleida, durante el debate que tuvo lugar ayer en el Ateneu Barcelonès en el que se enfrentóa Carlos Bitrián, arquitecto y presidente de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (Apudepa), la entidad que lleva años denunciando las acciones contra del patrimonio en la comunidad vecina, como el derribo de la fundición Averly en julio de 2016. Giralt y Bitrián —que dijo hablar a título personal y no como representante del gobierno de Aragón—, hicieron gala de un tono de voz calmado durante la presentación de sus respectivos puntos de vista, distantes en la mayoría de los casos, pero perdieron el tono cuando se comparó el conflicto de los bienes de Sijena con el tema de los llamados Papeles de Salamanca. También cuando se habló de las posibles soluciones que permitieran desencallar el conflicto: “Me sabe mal decirlo, pero no tiene solución, si se siguen utilizando terminologías como la del alcalde de Sijena que ha dicho hace unos días que 'si las pinturas han estado ocho siglos sin climatización, no sé a qué viene ahora tanta obsesión', no hay interlocutor para superar el conflicto”, dijo Giralt, después de recordar que si el debate va de quién es el dueño y no quién gestiona las obras tampoco se llegará a una solución.

Por su parte, Bitrián, tras felicitarse por la sentencia de 2015 que obligaba a devolver los 97 bienes al monasterio “porque reconoce que el edificio y los bienes forman una unidad, en Sijena y en muchos otros sitios, por lo que es una sentencia muy importante”, aseguró estar a favor de la “restitución de los bienes porque el monasterio necesita los bienes para su razón de ser y ser comprendidos” y puso como ejemplo la reciente noticia del vaciado y venta del rico mobiliario del palacio barroco de Moxó en Barcelona.

Giralt desveló durante el debate que moderó el periodista y escritor Josep Maria Martí Font, que la nueva jueza del Juzgado Número 1 de Huesca “se ha cuestionado algunos aspectos de la ejecución de la sentencia”. Y explicó que ella “nunca autorizó la entrega de la famosa pieza que se perdió [La Inmaculada]; fueron los gobiernos los que se pusieron de acuerdo para que se entregara”. También, que el 19 y el 24 de enero, en respuesta a un recurso presentado por ellos, reconoció por escrito que: “en el seno de una ejecución provisional que se está llevando a cabo durante casi tres años no aparecía justificada la premura”, ni tampoco “la fijación de un horario nocturno de entrada y el uso de la fuerza no se encuentra suficientemente justificados”, por lo que Giralt juzgó excesiva la acción del juez sustituto que estuvo al frente del juzgado menos de un mes (entre el 4 de noviembre y el 11 de diciembre).

Bitrián, tras reconocer lo lamentable de la situación y el dolor “para el museo y la sociedad de Lleida” el que las piezas se llevaran a Sijena mediante el uso de la fuerza, recordó a Giralt que la acción de la policía se produjo después del incumplimiento en dos ocasiones de la orden de ejecución del juez. “Es normal que se quiera ejecutar”, dijo.

En el repaso que el director del museo hizo del proceso histórico que llevó a su formación, mostró una copia de la escritura del acta notarial en la que se recogen “que se compran y se pagan” las obras, algo que la sentencia de 2015 cuestiona. El director del museo se felicitó de que el tema haya llegado al Tribunal Supremo donde “se pedirán de nuevo los papeles y se podrán aportar documentos que en el juzgado no se aceptaron en primera instancia”. Para Giralt, Aragón, si aspira a recuperar el monasterio lo primero que tiene que hacer es “invertir en el edificio”, y, sobre todo, “echar a las monjas fuera”.