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La familia de la española asesinada en México defiende la inocencia del presunto autor del crimen, el marido

La madre y la hermana han pedido una segunda auptosia de los restos óseos de Pilar Garrido

En la foto, la hermana, Raquel Garrido, y la madre Rosa María Santamans, en Masalavés.

Jorge Fernández está en la cárcel acusado de matar a su mujer, la valenciana Pilar Garrido, que  desapareció el 2 de julio cuando regresaba con su marido, y el hijo de ambos, de un año y medio, de pasar el fin de semana en la localidad turística de La Pesca, en el noreste de México. Un bello lugar en el que disfrutaron de las liberaciones de tortugas lora que en esa época llegan a las costas de Tamaulipas a desovar en las playas. "Todo el mundo los vio. Muchos testimonios los recordaba felices. Llevaban seis años casados y nadie, ni yo ni su hermana ni sus mejores amigas han visto ni percibido malos tratos nunca. Yo lo sabría”, afirma Rosa María Santamans, la madre de Pilar. “Para nosotros Jorge es inocente”, resalta Raquel, la hermana de la víctima.

Según la versión del presunto autor del crimen, su esposa fue secuestrada. A las seis de la tarde del domingo un coche con tres jóvenes armados, de 15 y 16 años edad, detuvieron el vehículo en el que viajaba la familia cuando circulaba por la carretera entre Soto de la Marina, municipio al que pertenece La Pesca, y Ciudad Victoria, capital de Tamaulipas, donde reside el matrimonio. El 30 de agosto Jorge Fernández fue detenido. Unos días antes, el 26 de julio, se hallaron los restos óseos de Pilar Garrido; a siete kilómetros del lugar donde su marido aseguró que los habían asaltado y que la policía había rastreado durante los primeros días de la desaparición. El ADN demostró que los huesos eran de la joven. La familia ha solicitado una segunda necropsia a título individual, -la Audiencia Nacional archivó el caso el pasado verano-, que confirme que pertenecen a la valenciana.

Un juez federal rechazó hace unos días el amparo solicitado por la defensa de Fernández contra la prisión preventiva de dos años que le impuso la Procuraduría de México (fiscalía estatal). Y el plazo dado por el magistrado a la Fiscalía de Tamaulipas para aportar pruebas que corroboren la acusación se ha prorrogado hasta finales de este mes.

“La Fiscalía no tiene pruebas para mantenerlo en la cárcel”, argumenta Martín Lozano, el abogado contratado por la familia del presunto homicida. “La investigación es frágil, endeble y basada en conjeturas. "Desde el punto de vista jurídico no hay base para que lo mantengan en prisión”, destaca, denunciando deficiencias que pueden ocasionar que el crimen quede impune. “¿De qué murió Pilar, dónde? No se sabe. En el lugar donde se encontraron los restos óseos no había rastro de ADN”, agrega reiterando, ante todo, el hecho de que la familia de la víctima esté convencida de la inocencia de su defendido.

Pilar Garrido, licenciada en periodismo, tenía 34 años cuando desapareció. Su hijo tiene ahora 15 meses, y vive con su tía y su abuela en la pequeña localidad valenciana de Masalavés (1.600 habitantes). Hay fotos del matrimonio con el niño por toda la casa. En el comedor hay un pequeño altar dedicado a Pilar. “Era dulce, trabajadora, honesta. Amiga de sus amigos y con muy buen humor. Muy inteligente”, comenta su madre que no da crédito a las acusaciones de malos tratos.

“Convivieron conmigo durante tres años, antes de irse a México, y yo los he visitado bastantes veces en su nueva casa. Cuando nació el niño estuve dos meses, 24 horas al día. En abril del año pasado viajé con ellos a Cancún de vacaciones. Les vi felices. Sé que no la ha matado”, reitera Rosa María. “Cuando volví a México, mi hija ya estaba desaparecida, lo hice con los ojos muy abiertos. Hablaba con Jorge todos los días y por la noche mucho rato. Sé que mi hija lo adoraba y él a ella. Días antes Pilar le había regalado a su marido un libro con una larga dedicatoria que hablaba de que eran almas gemelas, que haberse conocido no había sido una casualidad, que ya se habían conocido en otro mundo, y que también lo harían en el futuro. No era el texto de una persona maltratada. La policía de allí no podía saber que yo tenía tanto trato directo con él y con mi hija. Yo he estado en la cárcel dos veces. He ido a verlo y nos hemos abrazado”, manifiesta Rosa María, que asegura que cada día hablaba dos horas por Skype con su hija.

Pilar Garrido y su marido, hoy en prisión acusado de matarla, se conocieron hace 11 años en Barcelona cuando ambos estudiaban el último curso de sus carreras. Periodismo y criminología, respectivamente. “La familia de Jorge y la nuestra somos una piña. Tenemos contacto directo con Jorge dos veces a la semana. Por carta le ponemos fotos del niño. Él piensa que la verdad solo tiene un camino”, resalta Raquel Garrido. “Se ha aferrado a la religión para superar el dolor. Está seguro de que no pueden dejar a un inocente en prisión y de que todo se va a resolver”, explica la hermana de la víctima.

La familia espera, ahora, con impaciencia los resultados del nuevo ADN. “Vamos a continuar luchando por mi hermana. Necesito saber si es ella. Y, si es así, pues nos quedaremos tranquilos en ese aspecto. A mi hermana le gustaba la verdad. Por ella vamos a llegar hasta el fondo”, concluye su hermana pequeña.

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