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ARQUITECTURA

Los arquitectos borrados por el franquismo

La Fundación ICO homenajea a Carlos Arniches y Martín Domínguez

Hipódromo de la Zarzuela, en Madrid, un trabajo de Arniches y Domínguez, firmado también por el ingeniero Eduardo Torroja.
Hipódromo de la Zarzuela, en Madrid, un trabajo de Arniches y Domínguez, firmado también por el ingeniero Eduardo Torroja.

Son prácticamente desconocidos, invisibles, más allá de los círculos académicos más especializados. Y, sin embargo, han estado vinculados a algunas de las obras más importantes de España y Cuba. Carlos Arniches y Martín Domínguez formaron en la primera mitad del siglo XX una de las asociaciones de arquitectos más fructíferas y creativas de nuestro país, pero tras 1936 fueron represaliados por Franco. “La causa de su olvido fue la Guerra Civil y que no se posicionaron con el bando ganador. Ellos eran demócratas y no tenían una orientación política muy acusada. No empuñaron las armas, pero trabajaron para la República”, apunta Gonzalo Doval, responsable del Área de Arte de la Fundación ICO. El museo de esta institución (Zorrilla, 3) es el encargado de corregir ese olvido y recuperar su memoria en la exposición Arniches y Domínguez. La arquitectura y la vida.

Los dos arquitectos trabajaron juntos entre 1924 y 1936. Doce años en los que realizaron el Hipódromo de la Zarzuela, el Instituto-Escuela (actual Ramiro de Maeztu), el Parvulario de la Colina de los Chopos y el auditórium de la Residencia de Estudiantes (hoy destruido). Estaban íntimamente ligados a la actividad cultural, investigadora y científica de aquellos años, aunque sus proyectos conjuntos fueron más allá.

Sobre la autoría del Hipódromo, una construcción en la que colaboró el ingeniero Eduardo Torroja, Martín Domínguez Ruz, comisario de la muestra, junto a Pablo Rabasco, e hijo de uno de los arquitectos, apuntaba recientemente: “El régimen franquista quiso borrar el nombre de dos liberales, Arniches y Domínguez, de la autoría del Hipódromo. Y como no podían hacerlo porque era un conjunto que ganaron en un concurso, se les termino atribuyendo la autoría de las tribunas”. Hoy el museo del Hipódromo lleva el nombre de Eduardo Torroja.

La exposición, que puede visitarse hasta el 28 de enero, repasa la vida y obra de estos dos profesionales a través de 300 piezas recogidas en los diferentes lugares donde trabajaron. Martín Domínguez tuvo que huir a Cuba y asociarse con otros arquitectos de allí, al no serle reconocido su título. Eso no fue problema para que su firma esté en algunas de las edificaciones emblemáticas de la isla como el Edificio Radiocentro, el primero multinacional de La Habana, o el rascacielos FOCSA, uno de los principales logros de la historia de la arquitectura cubana.

“La vida de Martín Domínguez parece la vida de un aventurero, primero tiene que escapar de España al correr su vida peligro y cuando triunfa la revolución en Cuba tiene que volver a huir a Estados Unidos, donde se dedica a la docencia en la prestigiosa Universidad de Cornell”, puntualiza Doval. “Huye de una dictadura de derechas y de una dictadura de izquierdas. Es una cosa un poco increíble. Pese a los avatares de su vida, desarrollo en cada uno de los lugares donde residió una carrera excepcional”.

Arniches no tuvo mejor suerte. “El exilio es algo muy difícil de entender para alguien que no lo haya vivido, y hay muchos tipos. El de Arniches fue especialmente pernicioso, fue un exilio interior. Fue un exiliado dentro de su propia tierra; sin haberse ido”, comenta Domínguez Ruz para explicar su escasa producción tras la contienda. Ahora los dos pueden ver reconocido ese vacío mediante una muestra que pone en valor su brillante aportación a la historia de la arquitectura del siglo XX.

 

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