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Un Aston Martin destrozado en el MNAC

Francesc Torres rescata obras deterioradas de la reserva del museo

Exposición de Francesc Torres en el MNAC de Barcelona.
Exposición de Francesc Torres en el MNAC de Barcelona.

No es normal que un coche se exhiba en la sala de un museo de arte y mucho menos que esté completamente destrozado. La sorpresa es mayor si el museo es el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) asociado con colecciones de arte medieval. Pero así es por obra del artista Francesc Torres (Barcelona, 1950) que ha comisariado la exposición La caja entrópica. El museo de los objetos perdidos (hasta el 14 de enero). El Aston Martin aparece junto a un san Francisco de Asís de Zurbarán y un Cristo crucificado del siglo XIV. “Es un accidente en estado puro. Un coche lleva implícita la idea de un accidente como la muerte en todo organismo vivo”. Durante dos años Torres ha puesto patas arriba las reservas del MNAC para reflexionar sobre la colisión entre la cultura y la historia y la naturaleza de los museos. Y lo hace a través de obras dañadas que han sobrevivido a la destrucción y la violencia.

"Es como si colocamos en el interior de una caja objetos preciosos y damos un traspié. La exposición es el resultado de este traspié imaginario en el que se pone de manifiesto el papel preservador de un museo, aunque lo que haya que guardar se haya visto afectado casi de forma irremediable”, explica Francesc Torres de su exposición que sin desarrollo cronológico ni temático ha creado varios ámbitos, todos impactantes en los que se explica cómo muchas obras se han visto afectadas por la guerra, el paso del tiempo, los cambiantes gustos y modas, la intolerancia religiosa, étnica y política y los actos vandálicos.

Detalle de la obra 'Eva' de Julio Moises (1925) que fue atacada en 1952 y que puede verse en la exposición del MNAC de Francesc Torres.
Detalle de la obra 'Eva' de Julio Moises (1925) que fue atacada en 1952 y que puede verse en la exposición del MNAC de Francesc Torres.

Nunca se había visto el Retablo de los Santos Juanes de Bernat Martorell completo. Torres lo hace reuniendo a las tablas del MNAC las que hay en Francia y Tarragona mediante fotografías y destaca y amplía las caras de los personajes considerados negativos como los verdugos y Herodes que han sido rayadas con objetos punzantes. “Por ser judíos olvidando que Jesucristo también lo era”. El fuego es el culpable de la destrucción de muchas obras, como en el caso de las pinturas de la catedral de Vic de Josep Maria Sert. Los milicianos las destruyeron después de pegarle fuego al comienzo de la Guerra Civil. “No se pueden exponer, pero son auténticas obras abstractas”, explica Torres que asegura que fue lo primero que vio tras proponerle comisariar la exposición. Y le convencieron. Tras la guerra, Sert pintó por segunda vez la catedral tal y como se ve en una enorme maqueta. Las obras quemadas conservan con Tela quemada 4 una obra de Joan Miró (cedida por su fundación) que destruyó tras pintarla en 1973 como protesta.

Pero el hombre es el que más daño ha hecho al arte, destruyéndolo o intentando acabar con la imagen que representaba. En 1952 alguien accedió al interior del Museo de Arte Moderno de la Ciudadella y rasgó los desnudos femeninos que se encontró a su paso. No se supo nunca quien lo hizo , pero la celebración del Congreso Eucarístico apunta a que fue un grupo de seminaristas escandalizados. Las obras de Joan Brull, Ricard Canals, Louis Buisseret o Carles Pellicer han ido restaurándose con los años, pero siguen mostrando las heridas en su reverso. Otras esperan, pacientemente, su turno y muestran sus suturas, añadiendo a los desnudos un particular erotismo. “En 1914 una sufragista destrozó con un cuchillo la Venus del Espejo de Velázquez en la National Gallery por el uso del cuerpo femenino”, apunta Torres junto a una imagen del cuadro. Al lado, fotografías de Lucio Fontana rasgando una de sus obras que le han dado fama.

La estancia con las pinturas cabeza abajo de El Vigatà en la exposición de Francesc Torres del MNAC.
La estancia con las pinturas cabeza abajo de El Vigatà en la exposición de Francesc Torres del MNAC.

Vivimos tiempos convulsos pero no menos que en épocas anteriores. En 1868 las protestas de La Gloriosa arrancaron un busto de Isabel II de la fachada del Liceo y lo hicieron rodar Ramblas abajo hasta el mar. “La reina fue objeto de burla siempre, también por su fogosidad sexual que los caricaturistas de la época plasmaron en sus trabajos”. Junto a la reina sin nariz puede verse un retrato de otro rey, Pepe Botella, hermano de Napoleón, que tras la guerra de la Independencia alguien rasgó con un sable. “Es una reflexión sobre la integridad de las obras. Nadie diría que la Victoria de Samotracia le falta algo, porque siempre la hemos visto así",

Otro rey llena por completo una de las salas. Es Alfonso XIII que aparece en 16 retratos diferentes, algunos tan excepcionales y desconocidos como uno gigante de Ramon Casas. Este rey, presente en el palacio que inauguró en 1929, también produjo con ayuda del conde de Romanones una serie de películas pornográficas como El confesor o Consultorio de señoras que se reproducen en la sala contigua. Pero antes de entrar a verlas hay que cruzarse con el poco recatado retrato de Carmen Bastián de Marià Fortuny que muestra a todos su sexo desnudo. El verdadero lado oscuro de este monarca vino con desastres como los de Annual de 1921 en el que murieron unos 13.000 soldados. Junto a las películas unas imágenes tan pornográficas como las anteriores en las que se ven postales con muchos de los soldados muertos en África .

Las puertas de Gaudí de la casa Batlló que pueden verse en la exposición de Francesc Torres.
Las puertas de Gaudí de la casa Batlló que pueden verse en la exposición de Francesc Torres.

Puertas de Gaudí

La modernización de las ciudades comportó destruir parte del pasado. Un ejemplo fue la apertura de la Via Laietana que obligó a derribar miles de viviendas. Entre ellas palacios como la Casa Serra con pinturas barrocas del Vigatà. Las que hablan de la historia de Roma han seguido un accidentado periplo que le han hecho perder gran parte de su consistencia. Tanto, que las pinturas del techo se presentan en el suelo. De forma consecuente el resto de las pinturas de las paredes se les ha dado la vuelta, reproduciendo la estancia original invertida en lo que Torres llama “la caja revuelta”.

Por si todavía no se ha tenido bastante, en otro de los ambientes sorprende ver amontonadas, como si estuvieran en una obra, más de una treintena de puertas de Gaudí, auténticas, sin decapar ni restaurar, provenientes de la Casa Batlló. “Se las encontró un director anterior del museo en un contenedor en los años cincuenta”, apunta el director del MNAC Pepe Serra, encantado con la exposición que asegura mostraría durante años. Para cerrar la muestra una instalación del propio Torres: una ciudad construida con naipes y elementos arquitectónicos como gárgolas y medusas  además de elementos de construcción y destrucción como una enorme bomba de 250 kilos que lanzó la Legión Cóndor cerca de Gandesa.