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El Hermitage de Barcelona, en punto muerto por las dudas de Colau

El Consistorio no tiene claro que el mejor lugar para el centro cultural sea el puerto barcelonés

Una vista del puerto de Barcelona.
Una vista del puerto de Barcelona.

El emplazamiento del Museo del Hermitage de Barcelona sigue en el aire. El Ayuntamiento no tiene claro que el mejor lugar para el centro cultural sea el puerto barcelonés y, de hecho, considera que es necesario pensar cuál sería la ubicación idónea. Después de cuatro años de rumores sobre la instalación de la sede barcelonesa del Hermitage, sus impulsores presentaron, en junio de 2016, el proyecto de museo en un edificio ubicado en la bocana del nuevo puerto deportivo, la Marina Vela, situado cerca del hotel W. Y se anunció que la primera piedra se colocaría a finales de 2016 o principios de este año.

Lo cierto es que, hasta la fecha, el proyecto no ha pasado de los planos que plantean un impresionante edificio “de escala aurea” que contaría en sus 15.500 metros cuadrados con cinco plantas, seis salas de exposiciones, un gran vestíbulo, un restaurante y un auditorio. Han pasado más de nueve meses de lo que va de año y todavía no se han conseguido los permisos municipales necesarios para comenzar a construirlo. La regiduría de Ecología, Urbanismo y Movilidad duda, incluso, de que esa sea la ubicación idónea para construir la sede de la principal pinacoteca rusa en Barcelona: “creemos necesario pensar cuál es el mejor emplazamiento para este proyecto”, aseguran desde el área que dirige Janet Sanz, que sí valoran como muy interesante la metodología planteada integrando arte y ciencia que propone el director y responsable de la concepción museográfica del futuro equipamiento Jorge Wagensberg.

Imagen virtual del proyecto del Hermitage de Barcelona, según se presentó en 2016.
Imagen virtual del proyecto del Hermitage de Barcelona, según se presentó en 2016.

No hay permisos y el Ayuntamiento ni siquiera ha avanzado en la discusión de lo que tiene que permitir que se construya: el Plan Especial de la Nueva Bocana que permitiría cambiar la calificación de los terrenos que ocuparía de zona de servicios terciarios a tener un uso cultural. Todo ello hace imposible inaugurar el nuevo museo en 2019, tal y como se anunció a bombo y plantillo hace unos meses por los promotores de este nuevo equipamiento cultural.

“No tienen el respaldo de la ubicación municipal”, aseguró en su cuenta Twitter la regidora de Ciutat Vella Gala Pin el mismo día que se anunció el proyecto ante representantes de todas las administraciones y el mundo cultural de la ciudad. Y así continúan las cosas, demostrando poco interés por este proyecto que nació en 2012, en época de Xavier Trias y Artur Mas, y que heredó el nuevo consistorio de Ada Colau en junio de 2015 tras ganar las elecciones.

El gobierno municipal admite que se ha reunido con la Fundación Hermitage, —entidad que no aparece registrada en la Guía de Entidades del Departamento de Justicia de la Generalitat—, pero también que quiere estudiar el proyecto y que ha solicitado a los promotores, el diseñador Ujo Pallarés, responsable de Cultural Development Barcelona, SL, y su socio ruso Valery Yarovslavski, que se reúnan con los vecinos afectados. El Ayuntamiento les ha trasladado también su “preocupación por la poca integración del entorno que mostraba el proyecto y por lo problemas de movilidad que puede generar”.

El tema de la movilidad ha sido uno de los elementos en los que más ha hecho hincapié el ayuntamiento desde el primer momento. Hasta tal punto, que el consistorio indicó a los promotores que explicaran el proyecto previamente a los vecinos de la Barceloneta.

El Hermitage ubicado junto a la nueva marina que se construirá en el puerto de Barcelona.
El Hermitage ubicado junto a la nueva marina que se construirá en el puerto de Barcelona.

El consejo de administración de Port de Barcelona aprobó el pasado mes de marzo presentar al Ayuntamiento la propuesta de modificación del Plan Especial de la Nova Bocana para ganar 14.000 metros cuadrados adicionales de espacio público con un inversión prevista de 62 millones de euros. El Plan se completa con un estudio de movilidad que incorporará un servicio de bus náutico. El cambio afecta fundamentalmente a la Marina Vela, el Edificio Central y los tinglados del Moll de Llevant, que fue el lugar que se apuntó con anterioridad para escoger la delegación barcelonesa del Hermitage.

Baile de cifras de inversión y visitantes

En junio de 2016, cuando se presentó el proyecto del museo del Hermitage, se aseguró que se esperaba una afluencia de público de 500.000 visitantes anuales. En la página web del proyecto, en cambio, se habla ahora de un millón de personas al año, los mismos que tiene el Museo Picasso, uno de los más visitados de la ciudad, algo que generará sin duda problemas de movilidad. No es el único baile de cifras. Si hace 16 meses se dijo que la inversión para construir el enorme edificio era de 38 millones de euros ahora la cifra ha descendido a 28 millones, diez millones menos.

Desde el Ayuntamiento aseguran que, efectivamente, cuentan con la documentación proporcionada referente al Plan Especial que “se está estudiando para valorar el contenido”. Tras insistir en que los objetivos del plan tienen que ser, entre otros, “recuperar la relación puerto-ciudad y, sobre todo, los vínculos de los vecinos con el puerto y que los cambios de planteamientos han de tener estos objetivos”, explican que la propuesta “está parada” y que, en todo caso, se han de seguir todos los pasos de aprobación inicial —si no se deniega—, después en comisión de gobierno, además de exposición pública y aprobación definitiva en el plenario municipal; algo, que sin duda “se alargará muchos meses”.

El Ayuntamiento insiste en su posición de no invertir presupuesto alguno en la ejecución del museo asegurando que “actualmente algunos equipamientos municipales culturales necesitan más recursos públicos y una mayor dotación presupuestaria para llevar a cabo y mejora su labor”. En eso coinciden con sus antecesores en el cargo. En 2012, cuando el proyecto arrancó contaba con el respaldo del fondo de inversión andorrano Sicav Amura, vinculado con el Mora Banc, pero abandonó un par de años después. En 2016 se dijo que se estaba buscando un nuevo socio local que “comparta lo objetivos y el alma del proyecto”. Este diario ha podido saber que en la actualidad, un fondo de inversión suizo cuenta con el 40% de la promoción del proyecto que puede ascender a un total de 45 millones de euros.

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