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OPINIÓN

El Aurrulaque no se acaba nunca

El autor hace un alegato en defensa del medioambiente de la sierra del Guadarrama y en la necesidad del cuidado colectivo

El sábado, sí, este sábado, celebraremos el Aurrulaque 2017. Bajo esa extraña advocación con resonancias eusquéricas, no confundir con aquelarre, llevamos ya 33 años realizando anualmente una marcha al Mirador de Luis Rosales con el propósito de mostrar nuestro amor y nuestro respeto por la Sierra de Guadarrama.

Solo eso, nada más y nada menos. Disfrutar de la naturaleza y decir algo sobre lo que eso significa para nosotros. Algo simple, algo sencillo. Sin mayores pretensiones, sin apoyos de ningún tipo, fuera totalmente del debate político, sin ninguna ambición concreta, aunque muchas cosas se hayan conseguido gracias a esa lluvia fina que han ido dejando nuestras marchas.

A las 9.30 de la mañana partiremos del Centro de Información de las Dehesas en Cercedilla para subir tranquilamente al Mirador en donde a eso de las 11.30 se celebrará el acto. No es mucho trecho, pero sí hay una subidilla de unos cuatrocientos metros. Nada del otro mundo para un buen senderista: buen camino, no hay prisas y el ambiente es festivo y relajado. Nadie va allí para ganar un trofeo.

El Aurrulaque de este año está dedicado a Enrique de Mesa, para muchos el gran poeta de la sierra del Guadarrama. Muy influido por las Serranillas de Santillana y el Arcipreste de Hita es autor de El Silencio de la Cartuja obra que escribió en el Monasterio de El Paular. Leerá el manifiesto el escritor y montañero Juan José Zorrilla y el espíritu y los versos de Mesa se sumarán gozosamente a nuestro Aurrulaque.

Me pregunto a veces como es posible que una iniciativa como esta se mantenga viva año tras año. No hay intereses, solo, si acaso, pasiones, pasiones desinteresadas por lo aparentemente inútil, por la belleza, por la defensa de lo que nos emociona, de lo que nos identifica, de lo que nos hace soñar.

Solo se me ocurre una respuesta: en la sencillez está el secreto de su éxito. Es una propuesta que apela a lo básico, que no tiene ninguna vuelta, solo requiere el esfuerzo de andar por el monte en compañía de gente con la que compartes un parecido sentimiento, una parecida inquietud, una parecida aspiración.

Es un milagro y un sueño. Una extraña mezcla de deseo y realidad que une a un grupo de personas en una marcha de celebración y también de vindicación.

Ya imagino estas marchas dentro de algunos años. Marchas de gente civilizada que seguirá manteniendo vivo un espíritu, un propósito, un cierto gusto, una manera de caminar, un amor por la Sierra. No estaremos algunos de nosotros, pero estarán otros que seguirán marchando. El Aurrulaque no se acaba nunca.

Antonio Sáenz de Miera es presidente de la Asociación Amigos del Guadarrama.

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