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Cifuentes y Aguado, una difícil relación política que no logra consolidarse

La cordialidad que mostraban cuando firmaron el pacto se ha transformado en reproches mutuos

La cordialidad que mostraban PP y Ciudadanos cuando se firmó el pacto de investidura que hizo posible la presidencia de Cristina Cifuentes se ha ido disipando a lo largo de la legislatura. Ambos grupos se echan la culpa del mal estado de la relación. La presidenta se siente atacada en su honorabilidad debido a los reproches de Ignacio Aguado por los casos de corrupción que asolan al PP. El resto de la oposición (PSOE y Podemos) piensa que las discrepancias no son reales, porque Ciudadanos, a pesar de las críticas, apoya siempre al PP.

Cristina Cifuentes e Ignacio Aguado presentan su acuerdo de investidura en 2015.
Cristina Cifuentes e Ignacio Aguado presentan su acuerdo de investidura en 2015.

En el ecuador de la legislatura, la relación de conveniencia política que nació entre Cristina Cifuentes y el líder de Ciudadanos, Ignacio Aguado, lejos de consolidarse, se desmorona. La presidenta regional está dolida y, de momento, no parece dispuesta a perdonar a su socio de investidura un comportamiento que califica de desleal.

Se considera atacada en su honorabilidad debido a las manifestaciones de Aguado que la vinculan con casos como Púnica o Gürtel, que en el PP opinan que “son de gobiernos pasados”, aunque estén protagonizados por miembros de su propio partido.

Otra cuestión es que estos desencuentros impliquen una ruptura del pacto de investidura —que ambos partidos se apresuran en poner a salvo a pesar de los mutuos ataques— o la convocatoria de elecciones anticipadas. Ante esas posibilidades, el PP recoge velas y aboga por recuperar la cordialidad de los inicios, pero matizando que ellos no han causado el problema. En Ciudadanos no entienden la razón por la que la presidenta regional se toma su labor de “control del gobierno y lucha contra la corrupción” como una cuestión personal.

La gota que colmó el vaso del aguante del PP fue la petición de Ciudadanos para que Cifuentes compareciera ante la comisión de corrupción a raíz de los informes de la UCO que la vinculaban con supuestos amaños de contratos de la cafetería de la Asamblea de Madrid. El interrogatorio al que la sometió el diputado de Ciudadanos César Zafra el pasado 2 de junio provocó un duro enfrentamiento entre ambos. Fue un nuevo golpe a la relación, ya muy tocada. “Se ha tratado de suplantar la labor del juez para hacer un linchamiento político”, manifestó la presidenta a los medios después de su declaración.

El malestar subió enteros días después debido a la campaña publicitaria de Ciudadanos en la que se arrogaba éxitos que el PP sostiene son suyos. Y así, llegó el momento (el jueves pasado) en el que ambos mandatarios se deberían de haber encontrado en una reunión para realizar un balance del cumplimiento del pacto de investidura de 76 puntos.

Fue el momento que aprovechó la presidenta del Ejecutivo madrileño para tomarse la revancha. Sin previo aviso, no asistió a la cita. Ciudadanos se levantó de la mesa y la reunión no se celebró. “Si Cifuentes firmó el pacto, es ella la interlocutora”, manifestó Aguado.

En esta situación, el fantasma de la ruptura del pacto de investidura planea por la Asamblea de Madrid, por mucho que se niegue por parte del PP y Ciudadanos. Garrido volvió a descartar ayer dicha opción, que implicaría una separación de hecho entre ambos partidos. Aunque no son socios de gobierno, Cifuentes sabe que Aguado está ahí en los momentos que más se le necesita.

Frágil equilibrio

Gobernar sin Ciudadanos complicaría la labor del equipo de Cifuentes debido al frágil equilibrio con el que cuenta en la Cámara autonómica. Las últimas elecciones configuraron un hemiciclo donde el bloque conservador (con 48 diputados del PP y 17 de Ciudadanos) solo supera en un voto al formado por los 37 parlamentarios del PSOE más 27 de Podemos. Si el divorcio se consumara, el PP podría prorrogar los presupuestos —que consiguió sacar adelante gracias a Ciudadanos— y alcanzar las elecciones de 2019 sin necesidad de mover el calendario electoral.

Adelantar los comicios autonómicos tampoco entra en los planes del PP “ni en la lejanía”, aseguró ayer el consejero de Presidencia. Aguado, por su parte, responde que esa competencia recae en el PP. El momento no parece muy adecuado para ninguno de los grupos del Parlamento regional. El PSOE está a la espera de elegir un líder del partido en Madrid; Podemos, con el anuncio de Íñigo Errejón como próximo candidato para la región, aunque no guste a todos; Ciudadanos, con un líder al que solo conoce el 50% de la población, y el PP, inmerso en varios casos de corrupción.

 

“Desencuentros de pega, cara a la galería”

La oposición no se cree que el enfrentamiento sea de tal magnitud. José Manuel Franco, diputado y portavoz adjunto del PSOE, sostiene que PP y Ciudadanos “siempre se acaban poniendo de acuerdo para sacar adelante las cuestiones fundamentales como los presupuestos regionales o la ley de Telemadrid”. Lo que demuestra que lo ocurrido el jueves se trata más de “fuegos de artificio, desencuentros de pega, cara a la galería”. Aun así, no descarta que en algún momento la situación se vuelva insostenible.

Lorena Ruiz-Huerta, portavoz de Podemos, explica: “Están haciendo una escenificación de un culebrón de desamor del que no me creo absolutamente nada”. Ciudadanos, añade, está sosteniendo a una presidenta de la que se sospecha ha cometido “delitos clarísimos”. Ruiz-Huerta ve difícil que se rompa el pacto “porque les interesa a los dos y Cifuentes no puede sobrevivir sin Ciudadanos”. En cuanto a las elecciones anticipadas, solo serían posibles si imputaran al consejero Jaime González Taboada o a la propia Cifuentes. “E incluso así, optarían por la fórmula de Murcia y pedirían un recambio”.