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El desalojo definitivo de Patio Maravillas

El colectivo desaparece tras diez años en los que ha okupado varios edificios de la capital

Patio interior del centro social okupado Patio Maravillas, en la calle del Acuerdo, en 2009.
Patio interior del centro social okupado Patio Maravillas, en la calle del Acuerdo, en 2009.

En julio de 2007, durante la Semana de la Lucha Social, varios colectivos okuparon un edificio en la calle del Acuerdo. La okupación temporal se convirtió en definitiva y de ahí surgió Patio Maravillas, un colectivo social que, desde entonces, ha okupado otros seis inmuebles de la capital, de los que ha sido desalojado. Ahora, han decidido echar el cierre al no encontrar una sede fija para su proyecto.

“Por nuestros edificios pasaban cada semana 2.000 personas. Había cultura, política y lucha social. Otros venían a hacer yoga o a arreglar la bicicleta. Se podía hacer de todo y todo gratis”, explica Ana Sierra, portavoz de Patio Maravillas. El modelo de centros sociales ya existía, pero con Patio Maravillas evolucionó. “Quisimos cambiar la imagen de centros okupados oscuros. Hubo que darle una vuelta para transformar la sociedad y generar un espacio de encuentro”, añade.

Estuvieron en ella tres años, hasta que fueron desalojados. Luego okuparon un edificio en la calle del Pez, donde permanecieron cinco años, hasta junio de 2015. Desde entonces han ido vagando por diferentes inmuebles (todos en Malasaña) sin encontrar un hogar definitivo. Ese fue el detonante para que el 16 de junio el colectivo difundiera un comunicado anunciado que se disolvía a partir de julio. “Después de dos años intentando mantener el proyecto vivo, desde el desalojo en Divino Pastor no nos ha salido bien lo de tener otra sede”, alega Sierra. En abril, cuatro concejales de Ahora Madrid ya abandonaron el pleno que votó a favor de convertir dicho inmueble en 14 apartamentos turísticos.

 

Ceder un espacio

 

Ha habido ofrecimientos del Ayuntamiento (para ceder un espacio), pero se han quedado en papel mojado”, precisa Sierra. La activista subraya que incluso visitaron un edificio en la calle de Alberto Aguilera. “Pero el Ayuntamiento ha decidido que los okupas no somos dignos para ese espacio”, dice. En su despedida, el colectivo advirtió de que “no hay política sin territorio y al Patio le han arrebatado el suyo”. Además, se acusa a las instituciones y “a la nueva política” de no haber sabido reconocer el aporte que, dicen, han realizado a la ciudad. “Todo se ha desinflado, por eso el décimo aniversario nos parecía una fecha simbólica para terminar con todo. El Patio merece una muerte digna, no ir muriendo poco a poco”, reflexiona Sierra.

“El 15-M fue una sacudida. No surgió del Patio, pero nos volcamos completamente. Cuando se levanta el campamento, se recoge una ola de indignación y hay un cambio de paradigma”, sostiene Sierra. La portavoz del colectivo social explica que en Patio Maravillas hubo personas que han dado el salto institucional, pero que la organización se quedó en retaguardia “con una postura crítica” aunque el nuevo equipo de Gobierno de Manuela Carmena fuese afín. “El asalto municipalista no era un proyecto del Patio, pero sirvió para ello”. Algunos de los concejales actuales, como Celia Mayer y Guillermo Zapata, estuvieron en su día vinculados al movimiento, pero ambos han declinado responder a este periódico.

Una mujer realiza una pancarta en Patio Maravillas durante la okupación de un edificio en la calle del Divino Pastor.
Una mujer realiza una pancarta en Patio Maravillas durante la okupación de un edificio en la calle del Divino Pastor.

Patio Maravillas, sobre todo, era un espacio de encuentro. Así lo atestiguan los miembros de la asociación Graba tu Pleno, una asociación que lucha por el derecho a grabar los plenos de los Ayuntamientos de toda España. El 13 de diciembre de 2014, el colectivo okupa les cedió su espacio para celebrar allí su primera asamblea nacional, que reunió a una treintena de personas procedentes de todo el país. Era una práctica habitual, por eso este centro autogestionado ha sido un referente cultural que ha servido para cambiar el paradigma político de la capital.

Mario Cuéllar, presidente de Globalízate, una asociación ambientalista, resume su impresión: “Patio Maravillas nos permitió tener un espacio donde desarrollar nuestras actividades y entrar en contacto con otros movimientos sociales”. Existía un taller de bicicletas, un laboratorio de activismo y una cafetería con la que se financiaba, entre otras cosas. “Había proyectos de autoempleo y del colectivo salieron cooperativas”, dice Sierra. También se hacían talleres, como el de Los Violines Verdes. “Cuando llegué había que pelearse con la partitura. Luego comenzamos a dar clases, pero la relación no era la típica de maestro-alumno. Tú aprendías de alguien y luego enseñabas al siguiente”, dice un integrante del grupo de cuerda. Otro usuario avanza: “Ahora se va a montar una cosa nueva, un colectivo mucho más grande que el anterior”.

Una fiesta por su aniversario

De julio de 2007 a julio de 2017. Los diez años de Patio Maravillas han servido para alumbrar una nueva generación de centros sociales, dice su portavoz, Ana Sierra: “Por el Patio han pasado miles de personas que estaremos haciendo Patio allá donde estemos. Termina el proyecto, pero no su espíritu”. Para culminar el proceso, se van a recopilar archivos relacionados con el centro social, desde fotos hasta vídeos pasando por textos y carteles. Se les buscará una ubicación “para que siga siendo útil”. La despedida definitiva será los días 7 y 8 de julio, coincidiendo con el décimo aniversario de su creación. Habrá una ronda de cañas, un tour por los edificios okupados de la capital, una entrega de premios y conciertos en la plaza de las Comendadoras.

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