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“¡Vete a escribir, vete a escribir!”

El encuentro de escritores y lectores genera un sinfín de anécdotas

Vila Matas, Aramburu y Bosch coincidieron firmando ayer.
Vila Matas, Aramburu y Bosch coincidieron firmando ayer.

Como cada Sant Jordi más de trescientos escritores tomaron literalmente las principales calles de Barcelona en una jornada en que los autores se encontraron con sus lectores más allá de las páginas de un libro; una jornada en la que además de las rosas y los propios libros lo más buscado fue la firma del escritor favorito. La maratoniana jornada fue, una vez más, un ir y venir de autores de una parada a otra. Por suerte, aunque Sant Jordi se extiende y consolida más allá de su eje natural de La Rambla, Rambla Catalunya y Passeig de Gràcia, los escritores siguen concentrándose para firmar en unos cuantos puestos situados en estas avenidas. Seguirlos de cerca durante este día permite conocer algunas de sus vivencias, sus impresiones y su experiencias.

¡Que cocinen otros! Los televisivos Jordi Cruz y los hermanos Torres cambiaban por un día los fogones por los libros: “hoy no cocinamos”, decían cada uno en su parada, empeñados en que se recupere el placer de cocinar en casa. “Comemos cada día con ellos y por eso hay una amistad y nos sentimos queridos”, aunque también reciben broncas. “Una señora me acaba de decir si estoy loco por poner cebolla en un guiso”, se quejaba uno de los hermanos cocineros.

Cambio de bando. La periodista Gemma Ruiz ha debutado con Argelagues y es su primer Sant Jordi firmando libros. “Es muy peculiar hacer lo que tantas veces había visto y grabado; estar al otro lado. Cuando se publicó no era consciente de la olla a presión que significa escribir un libro”.

Pau Donés firmó libros y tambien guitarras.
Pau Donés firmó libros y tambien guitarras.

Las vitaminas de Cabré. “El contacto con el lector es casi minimalista, apenas tienes tiempo de preguntarle el nombre y para quién es la dedicatoria pero se agradece igualmente”, decía Jaume Cabré, autor de Quan arriba la penumbra. “Valoro mucho las sonrisas de los lectores que piden la dedicatoria, son como vitaminas”.

El tsunami de Redondo. Es su quinto Sant Jordi, pero cada vez le gusta más porque nota que sus lectores le son muy fieles. Para Dolores Redondo la diada es como “un tsunami que te pasa por encima a todos los niveles, pero también una paliza emocional de la que luego bebes, te alimenta mucho tiempo y te da energía”. Según la autora, muchos de sus lectores le espetan: “¡Vete a escribir, vete a escribir!”.

La ‘sobredosis' de Rahola. Habitual de Sant Jordi y una de las vendidas casi siempre durante la jornada, Pilar Rahola, ganadora el último Planeta con Rosa de cendra aseguraba ayer que “es mi Sant Jordi más literario. Esto es una locura, es como un espejismo. El libro como centro del mundo y como una sobredosis de endorfinas”.

Espinosa quiere dos Sant Jordi. El año pasado no firmó libros; ayer, por la mañana, atendía a sus lectores, sobre todo mujeres: “Así te pueden ver mejor y tocarte”. Para el escritor es un día muy feliz, pero pide que se cree un segundo Sant Jordi: “El 23 de octubre, por un tema matemático, para repetir la experiencia más a menudo”.

Ibáñez estrena ‘casa’. “Estoy que no me aguanto, pero lo horrible sería no firmar nada. Sería para pegarse un tiro, pero firmar 50 aquí, 100 allí, 25 en otro lado, es una maravilla”, dice el padre de Mortadelo, que acaba de cumplir 81 años. Sobre su nueva casa tras la compra de Ediciones B por Random House: “Yo voy a seguir con lo mismo. Que nadie me pida nada, porque no sé hacer nada más”.

Adivinos del ‘clásico’. Los periodistas deportivos Ramon Besa, de EL PAÍS, y Marcos López, de El Periódico, se estrenaban en la diada firmando el libro sobre Iniesta La jugada de mi vida, poco antes del encuentro Real Madrid-Barça. “Es un partido loco que puede acabar de cualquier manera”, dijeron. López auguró un 1-2 final; Besa se atrevió con un 2-3. Acertó. Los dos marcharon para “concentrarse” antes del encuentro.

Los besos de Marylin Monroe. “Ni que estuviera Marylin Monroe repartiendo besos”, bromeaba sobre su cola Eduardo Mendoza, último Premio Cervantes, que solo firmó dos horas: “Es el privilegio de la edad”; pero bien aprovechadas: la gente le llevaba hasta cuatro libros, comprados o de casa, que él, con amplia sonrisa, firmaba.

Pau Donés, con la guitarra. El líder de Jarabe de Palo firmó solo durante dos horas en una sola parada, pero sus lectores y fans les demostraron gran cariño. Le llevaban ejemplares de su libro 50 palos, pero también objetos como una guitarra que el cantante firmó: “Abraçada i que no pari mai de sonar”.

Aramburu, para los “pobres” de Bachillerato. Guillermo, profesor de Literatura, le cuenta a un Fernando Aramburu aún con la camisa blanca sin arrugas, que el año que viene los 250 alumnos de su instituto leerán de manera obligatoria Patria, el mejor libro que he leído en 10 años”. “Pobrecitos, ¡tan largo!”, le sale del alma al autor.

Los ‘vintage’ malditos de Monzó. Más delgado que nunca, el autor de Benzina firma su recopilación de textos gastronómicos, Taula i barra; pero también, para su disgusto, los fans le traen títulos que él querría borrar; uno, L’udol del griso al caire de les clavegueres: “Tíralo ya”, le suelta. El otro, Self-service, de 1977, que hizo con Biel Mesquida: “Perdona, Quim, pero es bastante infumable”, le dice el joven y descarado lector. “Esto es putear y puro fetichismo, cabrón”, pero se lo firma.

Trueba, ‘Quiet man’'. “La gente comenta siempre cosas maravillosas, pero, claro, hay que preguntar”, sostiene el autor de Tierra de campos, justificando así que sus lectores se le confiesen, como la joven italiana que le dice que conoció a su marido comentando sus libros. Trueba, un punto de escritor-peluche, le da agua a la hija pequeña de la señora.

El premio sorpresa de Vila-Matas. Cosas que sólo le pasan al autor de Mac y su contratiempo: en plena diada recibe un correo electrónico desde Italia conforme acaba de ganar el prestigioso premio Feronia Città di Fiano, en su 25ª edición. Se une a la nómina de Grass, Coetzee, Gao Xingjian…

La Central, el tráfico y los partidos políticos. “Si de verdad se quiere esponjar el centro, hay que ser drástico: se debe cortar también el tráfico de las calles transversales”, comentaba Antonio Ramírez, responsable de la librería La Central, molesto también por los tenderetes de los partidos políticos en la estrecha Rambla de Catalunya: es un día cívico, pero primero ha de ser el del libro, ¿no?”.