Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
TEATRO

Enamorado de una silla

Mueblofilia es un espectáculo mutante y descacharrante que se representa los lunes en el Café Berlín

Escena de la obra teatral 'Enamorado de una silla'
Escena de la obra teatral 'Enamorado de una silla'

Hay muebles verdaderamente sexys. A veces se encuentran por ahí, abandonados en las calles: así se encontró un carpintero llamado Pino a una silla de erótica madera, tapizada en leopardo, que se convirtió en el amor de su vida. Un hombre enamorado de este útil objeto de cuatro patas que ofrece descanso, pero también pasión. Ante la difícil relación recién nacida surge la incomprensión, los dimes y diretes, y hasta un juicio donde se persigue una forma de amor legítima, pero no aceptada por la sociedad. Un drama envuelto en cachondeo.

"Quería hablar de la falta de aceptación de aquello que no se considera normal por la mayoría", dice Rulo Pardo, la mitad de la compañía teatral Sexpeare, ahora autor y director de Mueblofilia, un espectáculo mutante y descacharrante que se puede ver los lunes hasta final de mayo en el Café Berlín (Costanilla de los Ángeles, 20), coproducido por el Café Pavón. Mutante porque no se sabe muy bien qué esto, si un micromusical, un concierto expandido, una obra teatral musicada, un cabaret raro, o todas estas cosas formando una ensalada escénica. "Hoy en día estamos acostumbrados a ponerle etiquetas a todo", se lamenta Pardo, pero esto, como amar a un mueble, se sale de lo normal.

Al autor se le ocurrió la idea debatiendo con amigos sobre temas sociales. "Me di cuenta de que era imposible dar un punto de vista sobre ciertos asuntos, de que ciertas opiniones eran absolutamente rechazadas, así que me puse a escribir sobre algo que no pudiera ser de ninguna manera". El resultado es este show que rezuma actitud punk y derivas dadaístas y que puede llevar a que la 'm' de mueblofilia se incluya en el creciente término Lgtbi+ que describe todo tipo de orientaciones e identidades sexuales. "Me encantaría que así fuera, y que en la cabalgata del World Pride hubiese una carroza de mueblófilos", bromea Pardo. Estaría, sin duda, muy bien amueblada.

En escena un elenco de diez artistas que actúan, tocan y cantan, entre los que se cuentan el propio Pardo, Fele Martínez (que un hilarante momento interpreta a una cama que canta rap), Jorge Rueda, Verónica Ronda (que en ocasiones hace de trasunto humano de la silla) o Richard Collins-Moore, entre otros. Este último es, junto a Pardo, músico diletante, autor de los temas musicales propios en los que a veces se integran fragmentos de Grease, Radio Futura o Queen. La obra tiene vínculos con Pinocho, por aquello del ser de madera, o La Cabra, de Edward Albee, que describe con dramatismo la historia de un hombre que se enamora de una cabra, otra cosa no muy normal. Tampoco es muy normal que en Mueblofilia el señor Pino y su silla tenga descendencia: una niña/mecedora preciosa. Otro quiebros mentales que proponen es la "gente que muere de WhatsApp", la chica que se muere de vieja esperando la respuesta de su novio, o aquellos que corren dentro de un videojuego sin velocidades. No busquen sentido.

"Vino un tipo a ver la función y me dijo que a partir de ahora iba a ver de otra forma a su abuelo, que era carpintero, y que se pasaba muchas horas en su taller, con los muebles", cuenta Pardo. ¿Y qué es más sexy, un mueble de Ikea o un viejo mueble de almoneda? "Yo prefiero esos muebles antiguos, abandonados, imponentes", dice Pardo, "aunque lo más sexy es el tapizado de terciopelo".

Más información