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ÓPERA

Un Rigoletto con alma

El gran barítono español Carlos Álvarez convierte su interpretación del personaje verdiano en el Liceo en una lección vocal y teatral

Un momento del 'Rigoletto' del Liceo.
Un momento del 'Rigoletto' del Liceo.

No mejora mucho con el paso de los años el montaje de Rigoletto firmado por la directora de escena holandesa Monique Wagemakers, una coproducción del Liceo y el Teatro Real que hizo historia en 2009 en el coliseo madrileño no por su fuerza teatral, sino por el bis del dúo de la vendetta a mayor gloria de Leo Nucci y Patrizia Ciofi. Por cierto, el veterano barítono italiano regresará al Liceo el 25 de marzo para actuar en una única función de este minimalista y frío montaje que gana emoción por las voces y la inspirada y detallista dirección musical del italiano Riccardo Frizza.

Giuseppe Verdi exige en el foso variedad de acentos, cuidado en las dinámicas, brillo y potencia, y también matices camerísticos en los acompañamientos más delicados. A esa tarea se consagró Frizza en una lectura sostenida con pulso dramático firme y certero sentido del estilo, el color orquestal y el temperamento verdiano.

Visualmente, el espectáculo tiene escenas bellas y un elegante vestuario de Sandy Powell, ganadora de tres Oscar, pero la estética minimalista, por muy fashion que sea, resulta distante, tan contemplativa que ahoga las emociones. Técnicamente, es una producción compleja, no por lo que se ve, sino por el uso de una plataforma hidráulica rectangular que ofrece impresionantes perspectivas. Teatralmente es más un Rigoletto para ver que para emocionarse, ya que sus espacios abiertos limitan por desgracia la proyección de las voces.

'Rigoletto'

De Giuseppe Verdi. Carlos Álvarez, Désirée Rancatore, Javier Camarena, Ante Jerkunika, Ketevan Kemoklidze, Gianfranco Montresor. Coro y Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo. Director musical: Riccardo Frizza. Directora de escena: Monique Wagemakers. Coproducción del Liceo y el Teatro Real. Liceo. Barcelona, 21 de marzo de 2017

Por fortuna, en el título que abre la trilogía romántica verdiana la emoción está en las voces y en la orquesta, y en este espectáculo, además del esperado debut del tenor mexicano Javier Camarena en un papel tan cargado de leyenda como el Duque de Mantua y la musical Gilda de la soprano italiana Désirée Rancatori, quien marca la diferencia y eleva el listón de calidad interpretativa a lo más alto es el gran barítono español Carlos Álvarez en un papel que convierte en una lección vocal y teatral y desde que sale hasta que grita maledizione por última vez.

Ya que en escena no hay nada aparte de la plataforma y sus bordes de neón, dos escaleras y una trampilla, Wagemakers propone una mirada alejada de la tradición que convierte al bufón de la corte del Duque de Mantua -que en este montaje ha perdido su joroba- en un padre maltratador con pulsiones incestuosas. Salvo en algunos gestos violentos y un punto libidinosos que apunta Álvarez, si no te informan antes de entrar al teatro ni te enteras de esta ocurrencia, difícil de sostener ante la grandeza del personaje que inspira a Verdi una música de desbordante humanidad.

Con o sin joroba, Álvarez es un Rigoletto de manual. Lo tiene todo; potencia, brillo y fuerza expresiva, arte en la dicción y el valor de cada palabra, en la nobleza del fraseo, en la ira del grito y el susurro del dolor. Es un Rigoletto con alma verdiana que se llevó, con toda justicia, los más entusiastas aplausos de la velada.

Salió relativamente airoso Camarena en su primer Duque. Con voz preciosa, fraseo elegante y agudos luminosos dio brillo a La donna è mobile y a la cabaletta Possente amor mi chiama, pero en este repertorio tiene el mismo problema que su colega Juan Diego Flórez: en las escenas de más intensidad lírica, la debilidad de los graves y el limitado volumen pasan su inevitable factura.

Rancatore es una Gilda de delicados acentos y justa coloratura que alcanza sus mejores momentos en el dúo del segundo acto. El rotundo Sparafucile del bajo croata Ante Jerkunica y la sensual Maddalena de la mezzosoprano georgiana Ketevan Kemoklidze aseguraron buenos momentos en una función que tuvo como punto negro el decepcionante y poco audible Monterone del bajo italiano Gianfranco Montresor: en el coro del Liceo, que estuvo magnífico en todas sus intervenciones, hay bajos más calificados para este papel.