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OPINIÓN

El novísimo PSC

Iceta ha conseguido evitar que Ferraz resucitase la Federación Catalana del PSOE..., al precio de convertir 'de facto' al PSC en la federación obediente y sucursalizada

Miquel Iceta y Javier Fernández.
Miquel Iceta y Javier Fernández.

Fue en 1987. El PSC se hallaba en la fase álgida de su dominio municipal, contribuía con 21 diputados a la confortable mayoría absoluta del PSOE y tenía un ministro de peso en el Gobierno de Felipe González. Sin embargo, en la Generalitat reinaba Pujol, y el rodillo parlamentario de CiU dictó la ley de Ordenación Territorial de Cataluña (LOTC), que disolvía la Corporación Metropolitana de Barcelona, percibida por los convergentes como un amenazador contrapoder.

El alcalde Maragall, herido en sus aspiraciones supramunicipales, propuso a la ejecutiva del PSC presentar, a través del PSOE, un recurso de inconstitucionalidad contra la LOTC. Pero el grueso de la dirección del partido, y singularmente su primer secretario, Raimon Obiols, decidieron no hacerlo. Tenían aún en mente el papelón de la Lliga contra la Llei de Contractes de Conreu de 1934 —un partido catalanista impugnando una ley catalana ante el Tribunal de Garantías Constitucionales republicano— y creyeron que la posición central del Partit dels Socialistes en Cataluña era incompatible con querer tumbar ante un tribunal de Madrid una ley democráticamente aprobada en Barcelona.

Es obvio que aquel PSC de los años ochenta ya no existe. Tuvimos una evidencia contundente de ello el 4 de noviembre de 2015, cuando el primer secretario Iceta posó junto a Inés Arrimadas y Xavier García Albiol a la entrada del Tribunal Constitucional, antes de acudir los tres juntos a presentar sus impugnaciones contra el derecho del Parlamento catalán a debatir y votar una “declaración de desconexión” respecto de España.

Por si aún quedaban dudas, el mismo Iceta lo ratificó el pasado fin de semana: si los Presupuestos de la Generalitat para 2017 contienen “cualquier mención a la consulta” —una consulta o referéndum, por cierto, que el propio PSC llevaba en su programa electoral de 2012—, el partido pedirá a los “compañeros del PSOE” que presenten recurso de inconstitucionalidad ante el TC. Han volado definitivamente los viejos tabúes.

Y volaron porque, a lo largo del último bienio, y sobre todo del último semestre, la naturaleza política de la sigla surgida de la triple fusión de 1978 ha sufrido un cambio radical. Sí, de acuerdo, la teórica soberanía del PSC tuvo siempre (desde la LOAPA) una praxis problemática; y el grupo parlamentario propio se evaporó en 1982 para no volver; y el PSOE gobernante (desde Tomás de la Quadra a Maleni) atendió muy mal los intereses específicos de su “partido hermano”... Pero ni Felipe ni Zapatero en el cénit de sus respectivas fortunas políticas humillaron al PSC como lo ha hecho la gestora presidida por Javier Fernández, con la sumisa colaboración de un Miquel Iceta dispuesto a todo antes que caer de la cucaña.

Fervoroso marxista-grouchista (“estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”), Iceta pasó del “Pedro, ¡mantente firme! ¡Líbranos de Rajoy y del PP! ¡Por Dios! ¡Líbranos de ellos!¡Aguanta! ¡Resiste las presiones!” (24 de septiembre), de bendecir el no es no de los siete diputados del PSC (29 de octubre), a capitular sin condiciones ante las amenazas de los gestores interinos de Ferraz.

No puede describirse de otro modo el acuerdo rubricado el 7 de marzo, cuyo punto tercero establece: “Corresponde al PSOE la definición de la posición política de los socialistas en los asuntos de naturaleza y relevancia constitucional, así como en aquellos la aplicación de los cuales exceda del ámbito territorial de Cataluña”. Con esta letra y el espíritu que la impregna, la futura política de pactos del PSC queda completamente maniatada.

El articulismo patriótico madrileño celebra el pacto Iceta-Fernández y lo describe como “una renovación del socialismo catalán, depurado de incrustaciones mucho más identitarias que socialdemócratas”, aunque le quede algún recelo sobre el futuro: “El PSC, en el nuevo marco de relación con el PSOE, no puede volver a las ambigüedades”. El problema que tal vez desde la Puerta del Sol no se perciba es que, sin las ambigüedades y las incrustaciones identitarias que cimentaron sus grandes éxitos, el PSC ya no es el PSC de los “treinta gloriosos” (1978-2008), sino una fuerza menor que se mueve en el 15% de los votos, apenas el ala izquierda del frente unionista que completan C’s y PP.

La dirección del PSC ha conseguido evitar que Ferraz resucitase la Federación Catalana del PSOE..., al precio de convertir de facto al PSC en esa federación autonómica, obediente y sucursalizada.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.