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OPINIÓN

Por ahora, la libertad lo es todo

La principal tensión en el ‘procés’ se da entre quienes ven la independencia como un instrumento revolucionario y quienes la ven como un instrumento retórico

Integrantes de la CUP queman fotografías del Rey Felipe VI.
Integrantes de la CUP queman fotografías del Rey Felipe VI.

Penúltimo episodio del choque entre la CUP y la antigua Convergència, esta vez a raíz de la detención, a manos de los Mossos, de algunos cupaires que se negaron a ir a declarar ante el juez por haber quemado fotos del rey. En este nuevo capítulo del desencuentro en el seno de lo que sólo un despistado podría describir como una familia bien avenida, resuena, una vez más, la tensión entre quienes consideran que conseguir la independencia es una cuestión de hechos consumados y quienes creen que la independencia es algo que se puede conseguir sin violar las reglas jurídicas.

Miento. En realidad, a estas alturas de la película, no me parece que exista semejante tensión. Más bien parece que quienes dicen que la independencia es algo que se consigue sin violar las reglas ahora mismo están principalmente interesados en eso, en no violar las reglas. Lo de la independencia, no obstante la retórica, ya no parece primordial. Y es que entre decir que se va a desconectar de España y desconectar realmente hay una diferencia grande. Mientras que lo primero sale básicamente gratis, lo segundo, como acaban de comprobar en la CUP, no lo es. Y si se trata de desconectar, los cupaires, que están lejos de ser ingenuos, saben que la desconexión puede involucrar algunos sacrificios personales, algunos de ellos muy gravosos, como ir a la cárcel. En apariencia, están dispuestos a asumir —a contrapecho, claro está— que ese puede ser el precio a pagar.

En la antigua Convergència, en cambio, no están dispuestos a perder la libertad personal. Adoptan, desde luego, el discurso a favor de la libertad de expresión, pero para decepción de los cupaires no hacen mucho más. (Por cierto, el perfil bajo y la ambigüedad de ERC en este tipo de reyertas parece formar parte de una estrategia más bien conservadora, o, dicho de otro modo, en estos líos ERC parece encontrarse más cercana a la posición de la antigua Convergència que a la de la CUP).

A día de hoy quizá la principal tensión existente en la clase política independentista se da entre aquellos que ven la independencia como un instrumento revolucionario o emancipador y aquellos que ven la independencia como un instrumento retórico. Quizá esta diferencia no era así de evidente en 2012, en 2013 o en 2014, pero me parece que con las elecciones de septiembre de 2015 parte de la clase política independentista se dio cuenta de que en el escenario político más inmediato la independencia no aparecía por ningún lado, así que esa diferencia acerca de la función que debía fungir la independencia, aun siendo sutil, cristalizó.

La actitud de los ex-convergentes en estos asuntos me recuerda a la actitud de Humbert Humbert, el protagonista de Lolita. Hacia el final de la novela, cuando Lolita ha conseguido huir del universo perturbado de su captor, este, histérico, empieza a comportarse de manera imprudente, flirteando de forma involuntaria con delatarse ante la policía. Finalmente, se da cuenta de que no puede recuperar a Lolita desde la cárcel, así que Nabokov le hace aseverar lo siguiente: “En mi mente no había más que una idea sencilla y clara, y era ésta: Por el momento, la libertad lo es todo”.

Esta parece ser la mentalidad de la antigua Convergència: en este instante, nada vale más que la libertad. Y no se trata de la libertad del país oprimido; aún menos la de los cupaires que hacen piras monárquicas simbólicas. No, para las personas pertenecientes a la órbita convergente y que comandan el procés, su libertad lo es todo. Por el momento, debe pensar Jordi Jané, conseller de Interior, no voy a arriesgar mi libertad.

Este episodio hace resurgir una pregunta interesante, una pregunta que se proyecta hacia el futuro: ¿cuánto durará ese “por el momento” para la órbita convergente? ¿Llegará algún día en que ese “momento” termine para dar paso a una etapa en que la clase dirigente convergente considere que sí vale la pena poner otras cosas por delante de la libertad personal? Intentar responder a esta pregunta requiere mucha especulación, pero quizá alguna prognosis muy tentativa sí puede hacerse: mientras las circunstancias políticas y demográficas se mantengan estables, no parece infundada la sospecha de que ese momento, como el instante eterno que da título a un elevado poemario de Enric Sòria, sea un momento que no termine nunca.

Pau Luque es investigador en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México.