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CRÓNICA

Cuando las tramas coinciden

La intromisión de lo judicial en lo legislativo le dio algo de 'punch' a la última sesión de control al Govern

Carles Puigdemont, en el Parlament.
Carles Puigdemont, en el Parlament. EFE

Es habitual que en el Parlament de Catalunya discurran en paralelo dos tramas, un más formal en el hemiciclo, y otra alternativa que evoluciona por pasillos y despachos, y que es la que se lleva más fotógrafos y reporteros. Lo que ya no es tan frecuente es que las dos tramas compartan tema y se complementen. En el mundo de la ficción, cuando un guionista logra esa unidad argumental los compañeros le hacen la ola (y muchos de ellos le maldicen en silencio con envidia).

Algo así ocurrió en la última sesión parlamentaria del año. Los diputados debatían una resolución –en el casi nunca sencillo lenguaje parlamentario, algo así como una declaración de principios– sobre el asunto de la votación rupturista, y a la vez los consejeros recibían en un despacho una notificación judicial sobre el mismo tema. Los miembros del Govern se turnaban de cuatro en cuatro desfilando ante la prensa y ante el secretario judicial. Algunos exageraban la cara de “qué digno soy”. Una vez cumplidos ambos trámites –lo del tribunal y, no menos importante, lo de pasar ante las cámaras–, regresaban a sus escaños. Entonces coincidían las dos tramas y llegaba el clímax dramático. Y los diputados de Junts pel Sí, disciplinados, prorrumpían en aplausos (nadie ha osado hacer aún una ola en el hemiciclo. No lo descarten.)

La intromisión de lo judicial en lo legislativo le dio algo de punch a una sesión de control al Govern un poco de fin de año, con todos los grupos marcando terreno. Sin sorpresas: Garcia Albiol, algo desganado, acusaba a Puigdemont de radical, y Ciutadans, de adoctrinar en las escuelas; la CUP denunciaba las puertas giratorias, los Comuns pedían la renta mínima garantizada y Jordi Turull jaleaba al president porque la revista Time cita el referéndum. Ah, y Puigdemont también marcaba estilo, tirando una vez más de bromita a costa de Ciutadans, porque éstos se tragaron con entusiasmo que alguien había montado un "Perreo Pel Sí". Iceta mostró perfil bajo –tal vez para que nadie le recordara sus recientes fotos de Blues Brother– y Andrea Levy se perdió casi toda la sesión de control por culpa del móvil, que la hizo levantarse continuamente del escaño: suerte que tiene asiento de pasillo.

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