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TRICENTENARIO CARLOS III

El palacio Real se rinde a su primer inquilino

Patrimonio Nacional expone hasta marzo 'Carlos III, Majestad y ornato en los escenarios del rey ilustrado'

Carlos III retratado por Antón Rafael Mengs por encargo de Federico V de Dinamarca en 1765. Este cuadro nunca había salido de Dinamarca.
Carlos III retratado por Antón Rafael Mengs por encargo de Federico V de Dinamarca en 1765. Este cuadro nunca había salido de Dinamarca.

Carlos III, nacido en Madrid en 1716, egregio alcalde de Madrid y primer inquilino del Palacio Real, ha sido considerado como el monarca español más comprometido en la defensa de la Cultura y las Artes durante la Edad Moderna. Así lo atestigua la riqueza artística y la suntuosidad objetual de la exposición instalada por Patrimonio Nacional en el Palacio Real de Madrid e inaugurada ayer por los Reyes Eméritos, Don Juan Carlos y Doña Sofía. La muestra permanecerá abierta al público a partir de hoy, hasta el 30 de marzo.

“Carlos III, Majestad y Ornato en los escenarios del Rey Ilustrado”, que así se titula la exposición copatrocinada por la Fundación Santander, reúne toda una panoplia de obras de arte y objetos suntuarios, hasta 131, que esmaltaron la vida cortesana, la acción política y la proyección cosmopolita del hijo del primer Borbón Felipe V. La exposición, que ocupa diez salones y saletas del ala occidental palaciega, ha sido comisariada por los conservadores de Patrimonio Nacional Pilar Benito y Javier Jordán de Urríes, así como por el historiador José Luis Sancho.

Pinturas de trasunto religioso, áulico o popular; dibujos de frescos y cartones-modelos para tapices; porcelanas; relojes; mobiliario de maderas nobles; sederías y textiles suntuosos; chinerías; piezas de piedras duras; armas y útiles de caza; objetos y ajuares de la vida cotidiana en palacio, como un dormitorio regio o, incluso, el impresionante lecho mortuorio, de dosel doble, forrado de tapices de Bruselas-Brabante por encargo de Carlos I, donde Carlos III murió en 1788…son mostrados al público con una disposición laboriosamente cuidada que resalta la belleza de lo expuesto y da una idea de la pujanza de tales ajuares.

Las piezas mostradas proceden mayoritariamente de los fondos de Patrimonio Nacional y de un puñado de préstamos, como los del Museo del Prado o de particulares, como la Stratfield Saye House, de la Colección Wellington, que ha cedido el bellísimo cuadrito “María Magdalena”, de Antón Rafael Mengs, pintor áulico aupado por Carlos III a la cumbre del Arte, que fijó los cánones pictóricos y académicos de casi todo el siglo XVIII en Europa. De Mengs, precisamente, es el retrato de Carlos III que el monarca danés Federico V le encargó en 1765 para su colección de 12 retratos regios de monarcas europeos. En el óleo de Mengs, Carlos, en pose mayestática, luce la armadura de gala de los Austrias. Este lienzo pasa por ser uno de los mejores retratos áulicos de su época. Hasta ahora no había sido nunca expuesto fuera de Dinamarca.

Los tapices y cartones de Goya aúnan en una sala las “Cuatro estaciones”, pintadas por el aragonés para el Palacio de El Pardo, que fueron dispersados por Carlos IV y ahora son aquí reunidos por primera vez. “La caza del jabalí” se muestra acompañada de la factura firmada por el aragonés y por Francesco Sabatini, su empleador y arquitecto del Palacio Real cooptado por el rey carolino. Obras de maestros como Gianbattista Tiépolo, Mariano Salvador Maella, Francisco Bayeu o los paisajistas Antonio Joli o Michle Ange Houasse completan la oferta pictórica de la exposición que exhibe, además, sorpresas como la colección de tipos populares pintada por Lorenzo Tiépolo, un repertorio de caracteres donde comparecen modas como las de los lunares femeninos –todo un lenguaje amatorio veneciano de su época. 

Antes, rey en Nápoles

Todo lo expuesto da noticia de la magnificencia de aquel reinado. Antes de hacerlo en España, el monarca madrileño reinó en Nápoles durante 24 años como Carlos VII y se trajo a España su experiencia de Gobierno tras la muerte sin descendencia de su hermano Fernando VI. Sobre Carlos III, viudo de María Amalia de Sajonia -que le adentró en el amor a las porcelanas-, hombre austero, religioso y cazador, influyó poderosamente su madre Isabel de Farnesio. Con ella, su hijo mantendría devotos vínculos hasta su muerte. De ella heredó sus gustos artísticos, los que le llevaron a imitar, de Italia, fábricas como la de porcelanas de Capodimonte, instalada aquí en el Retiro; la de tapices, de los hermanos Van der Gotten; la cristales de la Granja o la de relojes, de corta duración.

Por parte paterna, Carlos heredó el sentido de Estado de su padre, Felipe V, y de su abuelo, el Borbón “Rey Sol” Luis XIV. Con tales mimbres, el reinado carolino desplegó un esplendor hasta entonces inusitado, pues supo rodearse de los mejores gobernantes de su época, sensibles a los cambios que en la sociedad europea se gestaban al amparo del Siglo de las Luces y del despliegue de la racionalidad frente al Antiguo Régimen.

Fue Carlos III quien, en frase de Alfredo Pérez de Armiñán presidente de Patrimonio Nacional, “hispanizara plenamente la monarquía española y asumiera la conexión dinástica de la Casa de Borbón con la de Habsburgo, linaje reinante precedente al suyo”. Por ello y con tal doble legado, la excelencia de su reinado, el impulso dado a las Artes, las reformas urbanísticas, hacendísticas, fabriles, acometidas bajo su mandato, perfilaron una nueva silueta de la España de su tiempo. Poderosas transformaciones sociales y económicas operadas en la Europa del siglo XVIII señalaron el comienzo de la andadura histórica española por la senda de la modernidad, como la exposición del Palacio Real de Madrid ha querido resaltar, según sus mentores.

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