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El muro que separa a Junts pel Sí y la CUP

Las dos fuerzas independentistas discrepan profundamente de la política fiscal a aplicar en los Presupuestos

Carles Puigdemont habla con el diputado de la CUP, Benet Salellas en el pleno del debate de política general en el Parlament.
Carles Puigdemont habla con el diputado de la CUP, Benet Salellas en el pleno del debate de política general en el Parlament. EFE

La CUP ha lanzado en las redes sociales un vídeo para defender su decisión de subir la presión fiscal a las clases más altas con un extracto de una entrevista de Artur Mas, en Catalunya Ràdio, de este lunes, en donde afirma: "Ya hemos subido los impuestos. No podemos convertir Cataluña en un país de hiper presión fiscal. Si tenemos que subirlos porque a la CUP se le pasa la cabeza mi respuesta es no". Bajo el lema Quién puede decir a quien más tiene pague mas?, el vídeo está trufado de intervenciones de diputados de la CUP -Eulàlia Reguant, Benet Salellas y Anna Gabriel- que sostienen que las clases altas no realizan el mismo esfuerzo fiscal que las populares. Y Gabriel acaba con una frase demoledora en alusión directa al expresident: "Espero que dejemos de dar voz a los sectores minoritarios que no quieren que les gravemos sobre su riqueza, que es mucha, muchísima, demasiada".

El vídeo, de cuatro minutos, refleja la distancia que separa a Junts pel Sí y a los anticapitalistas en la negociación de los Presupuestos, vitales para la suerte de la legislatura, después de que Puigdemont avisara que convocaría elecciones si no se aprobaban. La CUP sospecha que el sector más neoliberal de la antigua Convergència frustró en junio un posible acuerdo con el Gobierno catalán para poder alcanzar un pacto en política fiscal. Tras esa fractura, el debate de Política General reflejó dos mundos opuestos: Puigdemont defendió que la presión fiscal que sufre Cataluña es por culpa del "expolio" del Estado y anticipó que no asumirá las peticiones de los cupaires.

La distancia fue patente en las propuestas de resolución: la CUP propuso aplicar nuevos tramos en el IRPF o modificar los límites en a franja superior y reducir las deducciones existentes; eliminar el mínimo exento del Impuesto de Patrimonio y reformar el impuesto de Sucesiones y Donaciones a los límites de 2008, antes de ser modificado por el Tripartido. La propuesta tuvo 36 votos a favor -los de la CUP, PSC y Sí que es Pot- y 98 en contra, entre ellos los de Junts pel Sí. No tuvo mejor suerte su idea de impulsar un proyecto de ley de creación de impuesto de grandes fortunas; otro sobre las rentas del capital o el de modificar la tasa turística para destinarla a fondo social.

La encuesta del CEO

La CUP ha recurrido varias veces a los resultados de una encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) que certifica que la mayoría de ciudadanos catalanes está a favor de subir los impuestos a las clases más acomodadas. A la pregunta ¿Cree que la Generalitat debe incrementar los impuestos a la gente que dispone de más ingresos o patrimonio? el resultado es el siguiente: el 76,7% opina que si; el 18,7% que no y un 3,6% no lo sabe. Por partidos los resultados son elocuentes. Únicamente quienes dicen que son votantes del PP (46,6%) no están mayoritariamente a favor de la medida. Los más partidarios de aumentar la presión fiscal son los votantes de Catalunya Sí que es Pot (89,6% ); seguidos de los de la CUP (89%); Junts pel Sí (84,8%); PSC (81,6%); Ciudadanos (58,6%) y en último lugar el PP (46,6%).

La única aproximación en este capítulo es que el Ejecutivo catalán está dispuesto a recuperar los tributos propios declarados inconstitucionales (como el impuesto sobre nucleares y el de depósitos bancarios) o el de los pisos vacíos (pendiente de sentencia) así como avanzar hacia la fiscalidad verde reformulando impuestos sobre grandes establecimientos comerciales. El Departamento de Economía ya anunció en junio esas iniciativas días después del naufragio de los Presupuestos. La CUP lo había reclamado durante la negociación, finalmente frustrada. Y no era gratuito: a los anticapitalistas les parecía una incoherencia proclamar la desobediencia ante el TC y después que el Gobierno devolviera a los bancos 2,4 millones de euros.

Esa es, de momento, la única concesión de Junts pel Sí aunque la CUP confía en que el Gobierno acabará haciendo un gesto. Puigdemont defendió de forma muy firme que el problema de Cataluña no se solucionaba con un punto más arriba o abajo del IRPF sino en el "expolio fiscal" de los 11.000 millones de euros que se van y no vuelven. "La gran fortuna de Cataluña es el Estado", señaló apuntando como metáfora que eso era lo que debía de gravarse. Los análisis son diferentes porque mientras el president puso el acento en ese déficit, la CUP, aunque asume que es real,  no quiere asociarlo a su reivindicación. "No asumiremos un debate entre déficit fiscal o fiscalidad", avisó Salellas, que recalcó que mientras el esfuerzo en los tramos medios y bajos es fuerte no es así en los altos a los que se les podría aplicar una presión mucho mayor. No olvidó tampoco recordar que el Gobierno, por ejemplo, invierte 21 millones de euros en el Circuito de Montmeló, cuando podrían invertirse en política social.

Bajo la premisa de referéndum, república y fiscalidad, la CUP centrará este último año de legislatura en lograr la reivindicación de una mejor distribución de la riqueza. Apela a que la mayoría de ciudadanos, según la encuesta del Centro de Estudios de Opinión, está a favor de la máxima de que pague quién más tiene y que por tanto no es solo un anhelo de sus bases. Salellas acabó su discurso apelando al exdiputado David Fernàndez, que encandiló a buena parte de la exConvergència -empezando por el propio Artur Mas- recordando lo que él decía: "Tienen la mano tendida para desarrollar el proceso, construir un país público y el puño cerrado para los recortes, la privatización y los servicios a los poderosos. Era la posición de David Fernàndez y la de la CUP hoy. Por lo tanto, ya lo saben: mano tendida y puño cerrado".