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El regreso del refinado espíritu de Carlos Pujol

La recuperación de su novela ‘La sombra del tiempo’ y unas jornadas recuerdan al editor y traductor fallecido hace cinco años

“Es una cierta alegoría en torno al fracaso y la esperanza; no un mensaje ni un sermón ni una tesis (...). ¿En qué consiste fracasar? Quizá sólo en conocerse de veras y salir del engaño”. Así definía el erudito escritor, traductor y editor barcelonés Carlos Pujol (1936-2012) la trastienda de su primera y mejor novela (y, en el fondo, también su trayectoria literaria), La sombra del tiempo, que ahora la Fundación Lara reedita a las puertas del quinto aniversario de su muerte.

Una joven aristócrata viuda francesa prófuga del periodo del Terror se instala en la Roma de finales del XVIII. Casi 30 años después rememora aquel mundo donde una extraña nebulosa envolvía tanto belleza como decadencia, pasado ilustre con futuro distinto pero incierto y eso sí, a buen seguro menos envidiable en lo humano.

Erudición y sensibilidad inundan las 290 páginas de la obra. No podían ser de otro modo forma y fondo en la creación de ese doctor en Filología Románica, de increíbles conocimientos de las letras y la cultura francesa, inglesa e italiana, que dejó de impartir clases de Literatura en la Universidad de Barcelona por la incomodidad de hablar en público. Prefirió mutar en hombre de confianza del fundador del imperio Planeta, editor y jurado durante 40 años del galardón insignia de la editorial y silencioso asesor enciclopédico de otros editores de la casa, amén de autor de casi 90 libros y estudios entre novelas, poesía, biografías y ensayos.

Tan irónico como tímido, traductor en castellano tan pulcro como parco de Balzac o Baudelaire, parecía saberlo todo. “Era omnívoro como yo mismo”, asegura ni más ni menos que su amigo y compañero de trabajo Pere Gimferrer en el prólogo de la reedición de la novela, ésta como otras suyas todas “obras de arte singularísimas, de elegante contención”, admite el académico, que no duda en admitir que hubo “evidente influencia” de La sombra del tiempo (1981) en su novela Fortuny (1983). También rompe una lanza para que sus obras “de frágil delicadeza pero rigor ejemplar” traspasen el círculo de los “happy few que lo tratamos”.

En una línea similar transcurre el epílogo de Teresa Vallès Botey, estudiosa de la obra de Pujol. La profesora de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC) resalta también la “erudición disimulada” como otro de los grandes rasgos de la novela y de la obra de Pujol, así como de esa particular mezcolanza de “sentido del humor, mirada irónica ante la vida y la condición humana que trasluce su obra”.

De todo ello se hablará probablemente en las jornadas que la propia UIC, bajo el epígrafe Carlos Pujol, un humanista contemporáneo, organizará en enero próximo, con motivo del quinto aniversario de su fallecimiento.