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La Mercè se estrena mirando al Besòs

El parque de La Trinitat se revela como un exitoso escenario de la fiesta mayor para acoger espectáculos, danza y arte urbano

El 'gegant' Jaume I en su paso por la calle Ample.
El 'gegant' Jaume I en su paso por la calle Ample.

Por diez euros. ¿Qué espacio de Barcelona puede albergar un sábado a abuelos en un huerto, familias paquistaníes de barbacoa, instrumentos imposibles, payasos, danza, bailarines con patines, hip-hop, graffiteros, hinchables artísticos en un lago y los tan de moda foodtrucks para comer algo? Un, dos, tres, responda otra vez.

- El parque de la Trinitat.

- ¡Coooorreeeectoooooo!

La apuesta del Ayuntamiento de Barcelona por descentralizar los escenarios de La Mercè y acercar el programa de la fiesta mayor a los barrios ha resultado una exitosa idea, a juzgar por la asistencia, ayer, al parque de la Trinitat, un oasis urbano pegado al Besòs desconocido por la mayoría de barceloneses. Los vecinos de la ciudad volvieron a demostrar que la fórmula de un buen programa de espectáculos, gratis y a pie de metro, funciona.

Con cara de llegar a un espacio desconocido, miles de personas se acercaron hasta el parque que este año se suma al castillo de Montjuïc y el parque de la Ciutadella, los tradicionales escenarios del MAC, el Mercè Arts de Carrer. “Es desconocido, pero ideal”, advertía días atrás la responsable de Fiestas del Instituto de Cultura de Barcelona, Marta Almirall. Llevaba razón.

Funcionó el escenario de las escaleras que ofreció, con el lago de fondo, un combinado de espectáculos de circo y danza. Igual podían verse desde las gradas —en el sol o en la sombra—, desde el césped en una ladera sombreada, o desde una barandilla, en lo alto. Funcionó la propuesta El Ritmo de la calle, con músicos y bailarines mostrando y compartiendo sus creaciones en dos pistas deportivas. El lago lo decoraron los hinchables de Al Victor y a pocos metros, en la sombra, podía participarse en un taller de esculturas sonoras. Y asombrosas. Como las de Étienne Favre en el Bosc de Dalt, una verde colina con vistas al pequeño barrio del Baró de Viver.

Ya que se desplazaban hasta la periferia, decenas de familias se animaron y cargaron con el picnic completo: manta, mantel, bocadillos, bebida... y hasta una hamaca se trajo uno para pegarse la siesta —en público— más envidiada de la ciudad.

Tras el diluvio del viernes por la noche, cuando hubo que cancelar nueve conciertos, el sol lució ayer en la primera jornada entera de Mercè. El día comenzó con la misa en la basílica de la patrona. El oficio está fuera del programa desde que arrancó el mandato de la alcaldesa Ada Colau. Sí acudió su segundo teniente de alcalde, el socialista Jaume Collboni; y la concejal de Barcelona en Comú, Mercedes Vidal; además de representantes de los grupos municipales de CiU, Ciutadans, ERC y el PP.

Se estrenaron celebrando La Mercè el arzobispo Juan José Omella y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. El arzobispo pidió unidad a los líderes políticos: “Todos unidos podremos”, afirmó y pidió “no excluir a nadie en la tarea de crear puentes y atender las demandas sociales”. Puigdemont calificó de “muy pertinentes” las palabras de la homilía: “En el propósito de hacer un nuevo país cuanta más unidad haya, mejor, los grandes proyectos solo se pueden alcanzar con grandes dosis de unidad”.

Puigdemont encabezó junto a Colau el paseo de autoridades entre la basílica y el Ayuntamiento. Ambos celebraron el normal desarrollo de la fiesta y llamaron a disfrutarla, igual que hicieron los presidentes de los grupos municipales. Como responsable de Cultura, Collboni aplaudió que pese a la lluvia del viernes, 45.000 personas se acercaron a los conciertos del Fòrum.