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Un paseo por el arte del grabado

La Biblioteca Nacional expone la valiosa colección de Ceán Bermúdez, que incluye a la escuela flamenca o Goya

La estamapa aguafuerte Sileno Borracho (1628), de José Ribera.
La estamapa aguafuerte Sileno Borracho (1628), de José Ribera.

“Quien no sabe ver, no puede sentir, y el que no siente, no goza”, escribió el historiador del arte Ceán Bermúdez (no confundir con el político Cea Bermúdez) en 1827, dos años antes de su muerte. Unas palabras que suenan actuales ante la sobreabundancia de imágenes con la que vivimos hoy. Con ellas el analista asturiano venía a decir que eran necesarias unas bases sólidas para poder mirar. Y nadie mejor que él para indicarlo, poseedor de una de las más importantes colecciones de estampas de la época, autor de una imponente historia europea del arte e impulsor de un diccionario artístico que, con los años, se ha visto fundamental. Además de ser creador de multitud de tratados de gran importancia para el mundo de la arquitectura, la escultura y la pintura.

Por eso resulta extraño que hasta fecha reciente la figura de Ceán Bermúdez no hubiera recibido mayor atención mediática. Ha tenido que ser la Biblioteca Nacional y una de sus bibliotecarias eméritas, Elena Santiago, quienes se han encargado de poner algo de luz mediante la exposición Ceán Bermúdez. Historiador del arte y coleccionista ilustrado (hasta el 11 de septiembre).

“Es un representante perfecto de su época”, explica Santiago, responsable durante 25 años del servicio de dibujos y grabados de la biblioteca. “Su vida esta determinada por los acontecimientos históricos: el final del reinado de Carlos IV, la invasión francesa y la llegada de Fernando VI”. El devenir de Bermúdez estará ligado al de otro ilustrado de aquel periodo Gaspar de Jovellanos, representante de los idearios de la Ilustración.

“El considera que los artistas son representantes importantísimos de la identidad española y lo reivindica continuamente”, comenta Santiago. De esta manera, realiza el diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España, en 1800, cuyos seis volúmenes siguen siendo de consulta obligada.

“Busca formar una historia del grabado a través de su propia colección. Estas obras le permitieron conocer la pintura de Tintoretto, Rafael, Rembrandt o Van Dyck”, cuenta Santiago. “La primera colección que hizo estaba formada por 745 estampas. Aunque al final de su vida llego a tener unas 13.000. Él no compraba por comprar. Iba a por los pintores que también habían grabado y a por los mejores grabadores de reproducciones”. La mayoría de estas estampas, algunas muy raras, las obtenía en Sevilla y Madrid, donde había un importante mercado. Se reúnen trabajos fantásticos de la escuela flamenca, italiana y alemana, que nunca antes habían sido mostrados juntos.

Aunque probablemente las obras que más valor tengan son aquellas que muestran su amistad con Francisco de Goya: tres dibujos que hizo copiando cuadros de Velázquez para pasarlos al grabado, entre ellos uno de Las Meninas y varios retratos del propio Ceán. “Goya cuando conoce a alguien lo hace vivir en sus retratos. Les debieron de presentar en Sevilla, cuando Ceán fue desterrado y estuvo dirigiendo el Archivo de Indias”, indica la comisaria sobre un momento convulso en lo político, pero de gran compromiso cultural. “Establaron una relación muy estrecha. El historiador le asesora en la ordenación de las estampas de la tauromaquia y le ayudara en la elección de los títulos de ‘Los caprichos”.

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