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Mas marca el paso de la nueva CDC y confía a Munté la vicepresidencia

El actual presidente planteará este fin de semana un tándem presidencial en la formación

Mas, este miércoles en la sede de Convergència.
Mas, este miércoles en la sede de Convergència.

Artur Mas dará otro golpe de autoridad en Convergència Democràtica (CDC) el próximo fin de semana durante el congreso que marcará la refundación del partido. Que el actual presidente optará a repetir en el cargo —como confirmó oficialmente ayer— no es tan noticia como que prevé proponer a la asamblea del partido la creación de un tándem presidencial paritario y que, aunque evita hacerlo oficial todavía, quiere que su vicepresidenta sea Neus Munté, la actual consejera de Presidencia de la Generalitat y portavoz del Gobierno catalán. Con la fórmula de la presidencia bicéfala, Mas señaló ayer que quiere ejercer de “puente entre la experiencia y lo que tiene que nacer ahora”, además de “feminizar y rejuvenecer” el partido.

Ayer lo presentó como una fórmula de introducir paridad en la dirección de la nueva Convergència, pero su propuesta, que en el partido se da ya por aprobada, va mucho más allá. Aunque Mas no se ha dado un plazo para abandonar la jefatura del partido, la decisión tiene un marcado tinte sucesorio y es leída como la selección de uno de los sectores de Convergència, el impulsado por el diputado Jordi Turull, para que tome las riendas del partido.

Munté lidera una de las corrientes que se ha unido a ese sector, que además de beber del actual aparato de Convergència también ha conseguido aglutinar a parte de los nuevos líderes municipales de la organización y a nuevos integrantes del partido. La portavoz del Gobierno se había negado a asumir el cargo de secretaria general del partido por sus cargadas atribuciones en el Ejecutivo, pero no dirá no a Mas para el nuevo puesto, que contará con un discreto papel de coordinación de la dirección. El nombre de Munté también suena con mucha fuerza —ella rechaza esta opción— para ser la alcaldable convergente por Barcelona en 2019.

Con la elección del equipo de Turull, Mas descabalga de la pugna por la dirección al actual consejero de Territorio, Josep Rull —ayer dijo que ninguno de los actuales miembros de la ejecutiva repetirá y Rull actualmente forma parte— y deja herida de muerte la candidatura del que fuera uno de sus hombres de confianza, Germà Gordó, aunque dejó abierta la posibilidad de que opte por dirigir la formación. “Todo el mundo tiene los mismos derechos y, si quieren, se la tienen que jugar”, señaló en una rueda de prensa.

Gordó ya se había distanciado de Mas, pero las conversaciones entre el ministro Jorge Fernández Díaz y Daniel de Alfonso habían dejado al ex gerente de CDC, ex secretario del Gobierno, exconsejero de Justicia y ahora diputado en una situación compleja. El director de la Oficina Antifraude apostaba por Gordó para relevar a Mas y rebajar así el perfil independentista de Convergència.

El actual equipo de Mas lleva un control absoluto el congreso fundacional de Convergència, en el que se debatirán dos ponencias básicas desactivando la tradicional tramitación por la vía de las enmiendas. La posibilidad de introducir propuestas queda muy limitada, a no ser que las realicen dirigentes con mucho tirón en el partido, como el propio Mas.

Está previsto que el viernes se apruebe la constitución de la nueva formación política. La actual dirección propondrá dos nombres, que tendrán que ser escogidos por los “asociados” que hayan decidido pagar los 25 euros para participar en la fundación de la formación. Uno utilizará los términos “Convergència” o “Convergents” y otro será totalmente diferente a la actual denominación. El día 23 de julio está prevista la elección de la nueva dirección (la ejecutiva estará formada previsiblemente por una docena de personas).

En las próximas semanas se ejecutará el trasvase de funciones y contenidos de la actual Convergència al nuevo partido.Los militantes que quieran continuar en el nuevo partido se tienen que inscribir de nuevo como asociados. Requerida por este diario, la actual dirección se negó a explicar cómo lo hará. El coordinador de régimen interno, Francesc Sánchez, aseguró ayer en Catalunya Ràdio que la vieja Convergència quedará en stand by. Fuentes próximas a Gordó señalan que “el actual partido se quedará en suspensión sin descartar que si el nuevo no va bien, pudiera ser recuperado”.

La realidad es que la vieja Convergència quedará convertida en una especie de banco malo político, con una actividad mínima pero activa para responder, si fuera necesario, de las sentencias de los casos de corrupción que acechan al partido. De eso la nueva Convergència quedará limpia.

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