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Tres mujeres ‘incómodas’ se llevan el premio Llibreter

Alicia Kopf, Lucia Berlin y Francesca Senna obtienen los prestigiosos galardones del sector

Lucia Berlin.
Lucia Berlin.

Una mirada inconformista de un mundo que las hace sentir incómodas es el nexo invisible que puede unir a las tres autoras de las tres obras ganadoras del XVII premio Llibreter, que han recaído en Germà de gel, de Alicia Kopf (narrativa catalana), Manual per a dones de fer feines, de Lucía Berlin (otras literaturas) y El viatge, de Francesca Senna (libro infantil).

El galardón, que concede el Gremio de Libreros de Cataluña, tiene dos de los mejores atractivos del que puede gozar hoy un premio literario, un tipo de reconocimiento castigado por el descrédito de los intereses ocultos de la mayoría de los convocados en España y en un momento de paupérrimas ventas de un sector que ha arrastrado un descenso de un 36,9% de su facturación a precios constantes entre 2004 y 2014: el marchamo del Llibreter implica obras de calidad literaria contrastada y cierta traducción en las ventas una vez designados, lo que facilita su relanzamiento en las librerías.

En ese contexo, las editorales se muestran especialmente eufóricas. Aún más en esta ocasión lo está la editora Eugènia Broggi desde L’Altra Editorial, puesto que es quien ha publicado tanto la obra de Kopf como la de Berlín en catalán, por lo que por vez primera en la historia del galardón un sello se lleva los dos grandes reconocimientos de literatura para adultos. En ambos casos, la apuesta literaria está fuera de toda duda: Kopf (www.aliciakopf.net.), pseudònimo de la polifacética artísta Imma Ávalos Marquès (Girona, 1982), hace de Germà de gel una muestra literaria de su vanguardismo ya presente en su faceta artística al plantear un texto en el que un recorrido por algunas gestas de exploradores polares deja paso a un relato central de corte autrobiográfico sobre las igualmente duras y áridas excursiones a las relaciones familiares y al interior de uno mismo, para acabar con un dietario sobre un viaje a Islandia. Una exploración sobre dos mundos chocantes, el de dentro y el de afuera, que ya le valió el premio Documenta 2015.

“No creí que fuera una obra comercial; tiene mucho de texto de autoconocimiento; aún debo crecer literariamente”, aseguró ayer la autora. A pesar de considerarse “primero una artista visual, como mínimo hasta ahora”, Kpof valoró la obra de su compañera de premio Berlin y, a tenor de su biografía, aseguró: “Las mujeres también podemos explicar el mundo y hablar de política o arte amén de lo difícil que es criar hijos”.

“Nos preguntábamos por qué se exigía tanto como escritora si le daba tan poco, pero era una gran narradora: en el anuario del Instituo, bajo su foto se podía leer, escrito por sus compañeros: ‘Déjeles que les explique una historia’; escribía como hablaba”, recordó, a través de un texto enviado, David, uno de sus cuatro hijos, palabras leídas por Broggi, que lleva editados ya 7.000 ejemplares de los relatos. Manifestaba el hijo de ese modo el sentimiento agridulce de que ahora la obra de su madre tenga un reconocimiento del que ella no pudo gozar en vida. Y es que la apuesta por los relatos que componen el Manual per a dones de fer feines de Berlin (en castellano, editado por Alfaguara: cinco ediciones en dos meses) debería haber sido, como apunta ahora el premio Llibreter, una apuesta segura en un país mínimamente lector: a los 11 años de su muerte, en la propia EEUU natal se ha reconocido ahora la calidad incuestionable de unos cuentos de matriz autobiográfica y que la crítica no ha dudado en comparar, por estilo y crudeza, con los Raymond Carver y John Cheever. La materia primera de ellos está en la propia biografía de la autora, tan bella como alcoholizada, que trasladó angustias, contradicciones e inconformismos a las protagnistas de sus relatos, enfermeras, profesoras o mujeres de la limpieza unidas por la tozudería de una vida empeñada en hacerles muecas, que ellas devuelven con angustiante indiferencia y no poca ironía tras macerarse en bourbon.

Doble era también la felicidad de los editores de la elegante y delicada Impedimenta, que, asiduos del Llibreter, ven cómo el debut de su colección de literatura infantil y juvenil ha sido reconocido a las primeras de cambio a través del libro de Francesca Sanna, El viatge. En ella, la italiana afincada en Suiza, tras ver por televisión el testimonio de dos jóvenes emigrantes, concibió la narración, en primera persona a través de la impactante voz de un niño, de la epopeya de una familia que huye de la guerra e intenta crear un nuevo hogar lejos del horror. El volumen, con bellos dibujos de enérgico trazo, donde el negro refuerza el drama d ela familia inmigrante, y que ya fue reconocido el año pasado en EEUU con el remarcable Premio de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York, se acaba de traducir al catalán. "Empecé esta historia hace dos años y nada ha cambiado de este drama; como menos, mantengámonos humanos”, pidió ayer la ilustradora italiana. Eso, mujéres incómodas ante esta vida.