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La reacción de Puigdemont agudiza la división de los anticapitalistas

La CUP vive el debate con la misma división que en la frustrada investidura de Mas

Los diputados de la CUP conversan antes de la votacion, de izquierda a derecha, Anna Gabriel, Joan Garriga y Sergi Saladie. De espaldas, Benet Salennas y Mireia Vehí.
Los diputados de la CUP conversan antes de la votacion, de izquierda a derecha, Anna Gabriel, Joan Garriga y Sergi Saladie. De espaldas, Benet Salennas y Mireia Vehí. EL PAÍS

La decisión de Puigdemont dejó a la CUP estupefacta. Los diputados anticapitalistas no se esperaban la reacción del president y estaban convencidos de que la legislatura continuaría con los presupuestos prorrogados y con críticas a su veto. Pero la cuestión de confianza deja el mandato en el aire y agudiza la fractura en la CUP, partida en dos en diciembre por la frustrada investidura de Mas y de nuevo con la votación sobre el proyecto presupuestario. En una breve intervención en el hemiciclo, el diputado Joan Garriga afirmó que aceptaban la cuestión de confianza como "un reto" y admitió su "corresponsabilidad" pero no su "culpabilidad" en la situación. "Los puentes no se han roto y queremos atravesarlos con otros grupos con los que comparten "no solo el objetivo de la independencia, sino también objetivos sociales", afirmó.

El diputado reconoció que el anuncio de la cuestión de confianza había causado sorpresa en la CUP -"No se rían porque digamos lo que pensamos", señaló el diputado ante el murmullo de la cámara- y poco después empezó a haber movimientos en la formación. Tras el anuncio del president,dos diputados le lanzaron guiños a través de Twitter. “Cuestión de confianza. Si del desencuentro podía salir algo bueno, es esto. Renovar el acuerdo en base a una hoja de ruta compartida”, dijo Albert Botran. “Confianza, toda, Carles Puigdemont, hoy y en 4 meses. Por la independencia, vamos”, se sumó Mireia Boya. El grupo parlamentario de la CUP está formado por 10 diputados pero estaba dividido en dos por el sentido del voto. Además de Botran, Boya, también Joan Garriga prefería retirar el veto. En el otro sector, que optaba por mantenerlo, figuraba Anna Gabriel.

El problema es que los diputados actúan de portavoces de la asamblea y, de hecho, el martes no votaron en la asamblea del martes en su sede. Partida  apartes iguales —la que opta por priorizar la independencia y la que antepone la ideología anticapitalista—, el cónclave desestimó las cuentas por 29 votos a favor, 26 en contra y 3 abstenciones. El resultado responde a un complejo esquema basado en los votos ponderados de 13 asambleas territoriales —faltó la de las Terres del Ebre y la del Pais Valencià— y los que aporta el Grupo de Acción Parlamentaria (GAP), formado por nueve pequeñas entidades de la extrema izquierda, que desborda a la CUP en radicalidad.

El Grupo de Acción Parlamentaria, integrado por entidades de la izquierda radical, desequilibró la votación

Las territoriales empataron a 24 votos y el GAP desequilibró la balanza. De ocho colectivos, cinco lo hicieron a favor de la enmienda (entre otras Endavant, a la que pertenece Gabriel, o Arran); dos en contra (Poble Lliure, donde está inscrito Botrán) y una se abstuvo. Fue casi un retrato de lo que ocurrió con el rechazo a Mas. Fuentes del sector derrotado cree que la otra parte rechaza cualquier consenso sin advertir las consecuencias y que está haciendo estragos en la formación. La CUP analizará su estrategia y todo apunta que se volverá a vivir en septiembre una reunión definitiva como la del martes. Ayer, un pequeño grupo de independentistas, con esteladas, increparon a Garriga y Serra cuando, cabizbajos, abandonaban la cámara.

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