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Bruce Springsteen arrasa en Barcelona

El roquero apabulló en un concierto con un público entregado, inicio de su gira europea

Bruce Springsteen, anoche al comienzo de su actuación en el Camp Nou de Barcelona. Albert Garcia EFE

A las 21.25 el Camp Nou se vino abajo. ¡Hola Barcelona, hola Cataluña! dijo un señor vestido de oscuro, con su inseparable chaleco enmarcando un cuerpo sólido y dos brazos aún musculosos. Griterío infernal, de 65.000 personas dando la bienvenida a Europa a la gira de The River. Impresionante. Y todo eso quedó en nada cuando sonaron los primeros acordes de Bandlands, primera canción del repertorio, sonando a todo trapo, como un sunami, un chute de pasión que por muchas veces que se haya vivido nunca se contempla impávido, a nadie deja sin pestañear. Little Steven con su pañuelo de pirata en la cabeza se unía en el micro a The Boss y el concierto iniciaba su vuelo con esas imágenes mil veces vistas, pero a pesar de todo siempre vividas como una primera vez, como un primer beso. Sin permitir que la tensión bajase, No surrender sonaba en segundo lugar, rompiéndose así el orden de los temas interpretados en la gira norteamericana, que comenzaba con temas de The River.

Sonido a todo trapo, aún dando más sensación de volumen por la forma de cantar de Bruce Sprignsteen, quien se desgañitaba en cada palabra, en cada frase, en cada momento. Lo hizo también en la tercera canción My Love Will Not Let You Down, que ya dio paso a temas de The River mientras el estadio, literalmente, enloquecía. No es una exageración, era, fue, así mismo, tal cual. No había para menos, pasaron por escena The Ties That Bind, Sherry Darling, Jackson Cage, una inopinada y triunfal I'm Going Down" coreada por la multitud, un Hungry Heart que sembró inicios de afonía entre todos los que la corearon; es decir, casi todo el estadio, y una Out In The Street en la que el mismísimo Bruce se dio un paseo entre la multitud, cuya locura, si ello fuese posible, aumentó. Y para que la tensión no bajase, el hueco entre una y otra no solía ir más allá del one, two, three que gritaba el jefe a sus músicos y, por extensión, al estadio.

El público lleno el Camp Nou para ver el primer concierto de Bruce en Europa de su nueva gira. ampliar foto
El público lleno el Camp Nou para ver el primer concierto de Bruce en Europa de su nueva gira.

Y bien, de acuerdo, el sonido no era excelente, al menos en el primer tramo del concierto, en el que se atrapaba al personal ya de entrada, tirando de potencia, entrega y sensación de comunión, laica, con el rock. Para que la noche no acabase con prematuros ataques de corazón, cuando se llevaba una hora de concierto la presión comenzó a bajar y sonó Here She Comes Walkin para enlazarla sin solución de continuidad con I Wanna Marry You. El punto álgido de este remanso de tranquilidad en medio de la tormenta eléctrica lo inició una entrada de armónica y, sí, The River tachonaba todo el Camp Nou de luces de móviles titilando como en un cielo digital bajo el que todo el mundo parecía quererse. Fue realmente hermoso, un instante de una emotividad absoluta. Salva de aplausos, instantes de silencio y de nuevo una balada, esta vez la profunda Point blank, con su largo desarrollo cadencioso, pausado, enmarcado por la estampa de Bruce Springsteen, sin guitarra, cantando en el centro del escenario, dando sentido a la letra con el movimiento de sus brazos.

Y como siempre, la música como única protagonista. El escenario, rematado por las banderas de Estados Unidos y de Cataluña, era grande, sólo eso. Con lo justo para destacar la humanidad de una banda de señores mayores encabezada por alguien que a sus 66 años se crece sobre los escenarios, que ocupa por horas mostrando una entrega física a todas luces increíble a su edad. Y lo mejor es que pese a que se sabe que los conciertos de Springsteen son así, sin truco, apelando a valores elementales, sigue sorprendiendo, sigue apabullando, permite seguir pensando que a pesar de los pesares todo no se ha perdido. Y para más inri cada concierto es diferente, y el de Barcelona incluyó piezas no habituales en la gira norteamericana como Atlantic City o Darlington County, entre otras.

Había transcurrido hora y media y The Boss, incansable, se dedicó a recoger y leer los carteles que le tendían los fans indicándole que canciones querían escuchar. Una fiesta. ¿Podía mejorar?, ahí va Glory Days, pareció pensar, y de nuevo el estadio comiéndole en la manita. Es lo que continuó haciendo hasta el final de la noche, una noche épica de más de tres horas y media en la que se alternaron baladas y piezas que retumbaban en el estómago: Ramrod, Drive All Night, Lonesome Day, Brilliant Disguise, The Rising, Purple Rain recordando a Prince, Born In The USA, Born To Run y Dancin In The Dark con todas las luces del estadio encendidas….. hasta la final Twist and shout.

Sí, no resta espacio para el cinismo. The Boss comenzó triunfal su gira europea. Cada actuación será diferente, pero cada concierto será igual, un pulso al tedio, un mensaje nítido y sin recovecos: la música, el rock, es uno de los mejores lenitivos. Y Bruce Springsteen el mejor curandero de multitudes.

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