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Casa Botín: el restaurante más viejo del mundo

El local número tres en la lista de los imprescindibles de Forbes funciona en el día como una especie de museo

Con trescientos años de experiencia, las paredes del restaurante más viejo del mundo pueden presumir haber visto al pintor Francisco de Goya lavar trastos para subsistir; a Truman Capote y Ernest Hemingway comer sobre sus finos manteles y perdurar por siempre en los libros de Graham Greene, Indalecio Prieto, Frederick Forsyth o Benito Pérez Galdós.

La sopa de ajo con huevo, el revuelto de casa, el solomillo y las almejas al botín son la especialidad de la cocina, pero el atractivo principal, lo que llama la atención de los turistas y visitantes es el cochinillo con 21 días cumplidos que sirven asado en el auténtico horno de piedra de 1975.

El local número tres en la lista de los imprescindibles de Forbes funciona en el día como una especie de museo, pues luego de tres siglos en funcionamiento aún conserva gran parte de su estructura original como una cava subterránea, unas cuevas moldeadas en piedra que funcionan como comedores y bastas pinturas, murales, azulejos, entre otras. Los certificados de récord Guinness, reportajes, obras de arte, maquetas a escala, pequeñas esculturas y otros regalos que distintos comensales a lo largo de su existencia han donado al comedor, también adornan las paredes para hacer de éste un lugar más cálido, amigable y morboso.

El trato de meseros, capitanes, cocineros, el adjunto, cantinero y visitantes es cordial, confianzudo e incluyente. Desde el más rico de Madrid, hasta un indígena de la Amazonia conviven con tranquilidad en el restaurante Casa Botín.

Trabajo realizado por Eder Bayuelo, Tony González y Gustavo Martínez ganadores de la beca ETECOM.

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