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Corriendo como un gamo

La periodista y divulgadora científica se mueve entre la naturaleza salvaje y la jungla de Malasaña

La periodista científica América Valenzuela, en el Museo Geominero. Ampliar foto
La periodista científica América Valenzuela, en el Museo Geominero.

1. Pomme Sucre. Es una pequeña pastelería ideal para desayunar y merendar. El ambiente es delicioso. Los hojaldres, el chocolate y el café están exquisitos, y la vajilla es de cuento: son piezas únicas de anticuario. Me quedaría toda la tarde mirando el trasiego desde una mesa acompañada de un buen libro (Barquillo, 49).

2. Hotel Emperador. Las vistas desde los balcones son espectaculares. El diseño cálido de las habitaciones te lleva a otro mundo, donde soñar y olvidarte del mundo. En verano bañarse en la piscina de la terraza es uno de los mayores placeres que se puede experimentar en el centro de la urbe (Gran Vía, 53).

La ciencia es noticia

América Valenzuela (Madrid, 1977) se licenció en Ciencias Químicas pero pronto se pasó a la divulgación y el periodismo. Ahora es una de las voces y de las caras que más y mejor nos explican los avances científicos desde multitud de medios.

3. Real Jardín Botánico. Recomiendo pasear por los jardines en las distintas estaciones del año. Los recorridos más bonitos los podéis hacer en otoño, cuando los colores rojizos y la caída de la hoja lo convierten en un lugar mágico, y en primavera, cuando se produce una explosión de color. Imprescindibles los hipnóticos invernaderos desérticos y de selva húmeda. Es un lugar para desconectar y aprender (Plaza de Murillo, 2).

4. Librería Panta Rhei. Si entras no sales en dos horas. Y con una bolsa de compras, seguro. El estímulo visual es constante y te quedas atrapado. Está especializada en ilustración, fotografía, diseño, cómic, arte. Ahí he descubierto maravillas como los libros del ilustrador taiwanés Jimmy Liao (Hernán Cortés, 7).

5. Rascafría. En este pueblecito es obligatorio hacer una ruta de senderismo y comer en las jornadas gastronómicas que organizan en otoño e invierno. Ojo, porque son un éxito y se llena. Son rutas fáciles, con grandes tramos por caminos abiertos que se asemejan más a un parque que a un bosque.

6. Las Machotas. Un gran plan es subir a las Machotas desde El Escorial. Es una ruta sencilla, pero hay que ir equipado con buen calzado y agua. Hacer la ruta en primavera es lo más liberador que se puede hacer en Madrid. Las grandes explanadas y bloques de granito de la sierra de Guadarrama te permiten correr como un gamo y trepar como una cabra.

7. Bar Verbena. En este bar malasañero se disfruta de buenas cañas, tablas de quesos y vino con los amigos alrededor de una mesa. Además, suele haber ambientazo. El menú de diario no falla nunca. Un café a media mañana en la mesa del ventanal es una experiencia estimulante (Velarde, 24).

8. Museo Geominero. Está situado en el Instituto Geológico y Minero de España, en pleno corazón de Madrid. Es un lugar profundamente evocador que nadie debería dejar de visitar. La vidriera que corona la sala principal es imponente. También, por supuesto, tiene una nutrida colección de minerales y fósiles (Ríos Rosas, 23).

9. A&G. Un restaurante peruano para cenar en la intimidad. La decoración e iluminación son sobrias, y el servicio es de diez. Y la comida, increíble. No pueden faltar el cebiche y el pisco sour (Ayala, 27).

10. La Mona Checa. La de esta tienda es ropa vintage comprada en mercadillos de varios puntos del globo. Es muy divertido probarse prendas excéntricas. Te llevas una sorpresa al ver que no quedan nada mal y pueden formar parte de tu armario (Velarde, 2).

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