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El dilema de tener que decidir incomoda a la CUP

El asamblearismo que preconiza y el rápido crecimiento electoral de la formación complican aún más el debate sobre votar a favor o en contra de Mas

Reunión de los diputados de la CUP el pasado 29 de diciembre
Reunión de los diputados de la CUP el pasado 29 de diciembre

La CUP debate desde hace dos meses en reuniones internas de todo tipo si da apoyo o no a un futuro Gobierno de Artur Mas. Además del grupo parlamentario y el consejo político, un centenar de asambleas locales y las 13 asambleas territoriales de la formación ya se posicionaron sobre este asunto, pero esta semana lo vuelven a hacer. Tras la asamblea consultiva del 29 de noviembre, y la que acabó con el sorprendente empate a 1.515 del pasado día 27, la decisión final se adoptará mañana en otra reunión a la que asistirán 70 personas: los miembros del consejo político y del grupo de acción parlamentaria. La complejidad de la situación y de los mecanismos internos de la CUP ponen en duda la efectividad de un asamblearismo que se ha consolidado en los Ayuntamientos.

Son excepcionales las voces críticas en el seno de la CUP sobre el proceso de decisión. Solo han destacado dos artículos publicados en la web Llibertat.cat. Este digital, financiado por la CUP, actúa como portavoz de sectores partidarios de investir presidente a Mas. Carles Benítez, antiguo dirigente de la desaparecida banda terrorista Terra Lliure, ha asegurado que la asamblea del 27 de diciembre tuvo muchas incidencias para beneficiar a los contrarios a Mas.

“El cambio precipitado del lugar de la reunión [se refiere a la asamblea del 27-D que de trasladó por problemas de espacio de Girona a Sabadell] se ha revelado finalmente inútil. Un buen número de militantes de la CUP se quejaba también en voz alta sobre las consecuencias nefastas de las extrañas alianzas con sectores de tradición españolista que habían propiciado la creación de la candidatura CUP. […]Un número demasiado grande de incidencias que no deberían pasar desapercibidas para la militancia independentista de la CUP que todavía hoy es mayoritaria”, decía Benítez.

También en Llibertat.cat, el concejal de Mataró Juli Cuéllar ha criticado el planteamiento demasiado binario del debate: “Haberlo reducido a Mas sí o Mas no ha sido letal para la CUP y ha puesto de manifiesto la incapacidad política de encontrar consensos por parte de aquellas personas que han dirigido de facto nuestra organización durante los últimos tres meses”.

Paola Lo Cascio, profesora de Historia Contemporánea y miembro del Centro de Estudios Históricos Internacionales de la UB, apunta que este debate binario no es conveniente para la estructura de la formación. “El sistema CUP es muy político —en el sentido de la complejidad— y democrático a la hora de fijar estrategias a largo plazo. […]Pero no está claro que sea eficaz para establecer decisiones en torno a una pregunta binaria. El solo hecho de plantear preguntas binarias violenta el modus operandi de estas organizaciones”.

Otro profesor de Historia de la UB, José Manuel Rúa, resalta lo mismo: “El problema no es organizativo —el asamblearismo—, es político: enfrentarse a sus contradicciones internas y decantarse por una opción que partirá por la mitad a la organización. Con las asambleas realizadas solo han ganado —o perdido— tiempo, esperando un cambio en la coyuntura política que justifique decantarse por una de las dos opciones como la única salida posible en estas circunstancias, tratando de atenuar al máximo el inevitable coste político que implica decidirse”.

Un punto en común entre los politólogos consultados es sugerir que un método tecnológico más avanzado habría agilizado el proceso. Ton Viltalta, politólogo del Grupo Gerrymandering, considera que el sistema de decisión de la CUP ha demostrado, cuando ha salido del ámbito municipalista, “sus limitaciones en el momento en el que, por primera vez, han tenido que enfrentarse con el tempo de la política parlamentaria nacional, donde hay que tomar decisiones cada vez más complejas de manera más rápida.

Los expertos defienden el rigor del proceso con una participación masiva. Lo Cascio destaca, sin embargo, que un factor vulnerable es que “no se puede hablar de apertura porque se ha conocido la cocina de las asambleas una vez se habían desarrollado”. El politólogo Carles Foguet opina que el inconveniente es el rápido crecimiento de la CUP, y cita unas declaraciones de David Fernández a Jot Down con las que resumía el aprendizaje en marcha de muchas de sus decisiones. “El Parlamento no espera a que hagamos una asamblea para cada votación. Al principio creíamos que en un 90% de las votaciones ya sabríamos lo que teníamos que hacer porque estaba en el programa. […]Al final fue un 65% con el programa, un 30% haciendo maravillas tecnológicas para saber qué decía cada territorio y el resto, directamente parar máquinas”.

El relativo poder de los diputados es uno de los aspectos más analizados. Foguet confirma que si la CUP solucionara la cuestión de Mas “dando autonomía a sus diputados, ganaría eficiencia a costa de perder todo su capital político”. Lo Cascio también avisa del riego de conceder más autonomía a los diputados porque “se pivotaría la legitimidad sobre los electores y se reventaría el concepto hormiguita, la construcción de espacios participativos” de un movimiento como la CUP.

Vilalta destaca los aspectos negativos de no tener un grupo dirigente en el Parlament: “Es complicado afrontar una situación tan delicada como la actual con un grupo parlamentario enteramente formado por 10 diputados noveles e inexpertos. La política parlamentaria requiere unos conocimientos y una especialización, que solo se adquiere con tiempo y experiencia”.

Rúa y Lo Cascio coinciden en que el precedente más similar al proceso de decisión seguido por la CUP para decidir su apoyo a un nuevo gobierno se encuentra en Alemania, cuando el SPD organizó en 2013 una consulta interna para decidir si se sumaban al ejecutivo de la CDU. Rúa destaca que no fue una asamblea porque habría sido imposible, dado el tamaño de la militancia del SPD.

Un caso similar a lo que está viviendo la CUP, según Foguet, se produjo en 2011, cuando Izquierda Unida celebró una asamblea y un consejo político para dar o no luz verde a un Gobierno del PP en Extremadura. En ambos casos se votó a favor. Cuatro años después, IU se quedó sin representación.