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Naturaleza muerta de Rajoy

Terminan una legislatura que deja la imagen de un funesto “bodegón popular”: paro, desahucios, pobreza infantil, rescates bancarios, corrupción, fraude fiscal, conflictos políticos…

En las elecciones generales de noviembre de 2011 el Partido Popular alcanzó la mayoría absoluta de diputados del Congreso y, además, logró cosechar sus mejores resultados en votos y escaños (superiores a los que logró Aznar en marzo del 2000). Un gran éxito que el gobierno de Mariano Rajoy no ha sabido rentabilizar, obteniendo en muchos ámbitos un desastroso balance de legislatura.

La política económica se ha basado en unas “reformas” financieras que han permitido al sector omitir su función básica de canalizar el ahorro hacia la inversión realmente productiva. El supuesto “cambio de modelo productivo” ha retrasado la modernización empresarial ignorando el tejido emprendedor, menospreciando el potencial de las pequeñas y medianas empresas y fortaleciendo a las grandes empresas y a sus lobbies. Durante estos años España ha sido uno de los países de la UE donde más ha subido el IVA, pero su capacidad recaudatoria sigue siendo de las más bajas.

La reforma laboral aprobada en 2012 ha afectado gravemente a la ocupación, fomentando la temporalidad y la parcialidad de los contratos (en 2015, más del 90% de los formalizados por jóvenes han sido temporales y, de ellos, el 60% de duración inferior a un mes). También en 2012 se aprobó la Ley de Estabilidad Presupuestaria, que limita la capacidad presupuestaria para redistribuir bienes y servicios. Entre 2012 y 2014 (presupuestos liquidados del Estado) se han acumulado recortes de más de 1.500 millones de euros en servicios sociales y promoción social (263), sanidad (425) y educación (822).

La capacidad del gobierno de Rajoy para resolver conflictos no solo ha brillado por su ausencia, sino que ha provocado múltiples episodios de piromanía política. En el conflicto con el soberanismo catalán, las propuestas y declaraciones de los miembros del gobierno y de dirigentes del PP han sido inútiles para solventar la disputa y han alimentado las tesis independentistas.

La ley Wert para la “mejora” de la calidad educativa ha sido uno de los fracasos legislativos más estrepitosos y ha desencadenado numerosas actitudes de insumisión. La denominada ley mordaza para la seguridad ciudadana es un grave atentado contra los derechos fundamentales y genera una oposición unánime. La recentralizadora ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local, que erró en el diagnóstico sobre el déficit local, pone en severo peligro los servicios municipales y suscita un amplio rechazo entre los municipios.

El ejecutivo de Rajoy también se ha dedicado a perturbar la separación de poderes y a despreciar los principios y valores constitucionales. El Gobierno se ha acostumbrado a someter al Tribunal Constitucional, a manipular el poder judicial, a ser titiritero de la Corona, a incumplir leyes y sentencias, a controlar los medios de comunicación, a censurar la información, a humillar las minorías y a abusar de la mayoría absoluta.

El PP es el partido de gobierno que suma más casos de corrupción de la UE. Tramas, operaciones y casos como Gürtel, Bárcenas, Pokémon, Nóos, Púnica, Palma Arena, Andratx, Scala, Naranjax, Over Marketing, Terra Mítica, entre muchos otros, forman parte del modus operandi de los populares. El gobierno de Rajoy ha reforzado una red institucional condescendiente con la corrupción que afecta al PP y conjurada para su impunidad. Una maquinación entre poderes que también ha creado un sistema de recompensas por los servicios prestados mediante las llamadas puertas giratorias y los sobresueldos.

El liderazgo del presidente Rajoy ha sido de una mediocridad alarmante. En una coyuntura de crisis económica, social, política e institucional se espera que el máximo dirigente político sea capaz de generar credibilidad, ilusión y confianza. Rajoy ha demostrado una nula capacidad para comunicar, empatizar, convencer, liderar, dialogar, pactar y solucionar problemas. Su actitud testaruda, misántropa y dogmática lo ha parapetado en la pasividad y la insensatez. Y su comportamiento apático, errático e ineficaz lo ha convertido en uno de los líderes peor valorados de España y en el hazmerreír de la Unión Europea.

Terminan cuatro años de legislatura que nos han dejado la imagen de un funesto “bodegón popular”: paro, desahucios, pobreza infantil, rescates bancarios, corrupción, fraude fiscal, conflictos políticos… pantallas de plasma y una relaxing cup of café con leche. Un festival de naturaleza muerta protagonizado por un Rajoy inanimado que veremos si el próximo domingo resucita o se marcha en la barca de Caronte.

Jordi Matas Dalmases es catedrático de Ciencia Política de la UB.