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OPINIÓN

La ‘ley d’Homs’

Algunos de los hitos de la portavocía que constituyen el corpus fundamental de Francesc Homs, ahora que se sabe que será el ‘número uno’ de la lista heredera de CDC en las generales

Se me ocurren pocos cargos públicos más desagradecidos que el de portavoz del Govern en los confusos años del proceso independentista: hay poco o nada que ganar y mucho prestigio personal e institucional que perder. Ahora que se sabe que Francesc Homs será el número uno de la lista heredera de Convergència en las elecciones generales, quizás vale la pena ordenar algunos de los hitos de su portavocía. Se trata de declaraciones hechas por el mismo Homs que constituyen el corpus fundamental de principios de lo que podríamos denominar ley d’Homs, en homenaje a otra ley, d’Hondt en este caso, que también ha contribuido a llevarnos donde estamos ahora. He aquí, pues, la ley d’Homs.

Primero. Deja claro a todos que el mal es España. “El Gobierno tiene tirria absoluta a los catalanes” (2/6/15). Nótese que el potencial epistémico de la ley d’Homs es tal que permite distinguir entre “tirria absoluta” y “tirria normal”. Los españoles, siendo españoles, sólo pueden sentir “tirria absoluta”.

Segundo. Haz que todos recuerden que la existencia de Europa depende de Cataluña. “Europa estará acabada si expulsa a siete millones de ciudadanos” (20/10/13). No basta con que Cataluña permanezca en la UE. Es mejor hacer creer que la estabilidad y la existencia de Europa depende de Cataluña y que esa, y no otra, es la razón que garantiza nuestra permanencia. Este principio se desprende de evidencia empírica palmaria: Cataluña es el ombligo del mundo (“el món ens mira”), y las tertulias periodísticas —el ágora natural del proceso— se escuchan en las cancillerías de todo el mundo.

Tercero. Abusa de las tautologías. “El derecho a decidir es el derecho a decidir” (20/10/13). Las tautologías tienen la virtud de ser verdaderas siempre, y Homs sabe que eso significa eliminar la posibilidad de equivocarse. Así que el derecho a decidir implica lógicamente el derecho a decidir, algo que en verdad no resulta muy informativo (un poco lo mismo que ocurre con las tertulias).

Cuarto. Denuncia los poderes supraterrenales del Tribunal Constitucional. “Sólo les queda prohibir Internet" (21/1/14); “Un día nos dirán que es inconstitucional respirar en catalán” (15/1/13). Nótese que la segunda afirmación parece implicar que el TC puede obligar a respirar en español. Aunque aquí convendría ser honestos: estas afirmaciones las dijo en tono irónico. Creo.

Si son los demás los que usan su poder para intentar conseguir cosas, entonces tíldalos de “macarras”

Quinto. Si son los demás los que usan su poder para intentar conseguir cosas, entonces tíldalos de “macarras”; si eres tú el que usas tu poder, hazlo sobre las alas del principio democrático. “[Montoro, al amenazar con no pagar] Se comporta como un macarra” (19/7/2012); “Si no nos dejan hacer el referéndum de mutuo acuerdo, no esperaremos su plácet” (30/12/12). Este principio encuentra fundamentación metafísica en un principio más general que Artur Mas enunció alguna vez: “En Cataluña las cosas se hacen mejor”. Incluso amenazar.

Sexto. Presenta la situación de la forma más escatológica posible. “Si nos quedamos donde estamos, moriremos” (5/1/14). La construcción del relato independentista exige escenarios épicos para justificar la secesión. En virtud de ello, parece una buena idea abrazar la táctica según la cual cuanto peor, mejor.

Recuerdo que había una época en que Francesc Homs se hacía llamar Quico Homs. En mi falible memoria, el cambio de nombre coincide con el momento en que es nombrado portavoz del Govern. Mi hipótesis es que algún asesor sugirió ese cambio para ganar seriedad. Lo que a lo mejor ese asesor no sabía es que Francesc terminaría promulgando la ley d’Homs, boicoteando así todo el trabajo destinado a ganar seriedad.

Aunque cabe la posibilidad que yo no haya entendido nada. Puede que la seriedad fuese sólo la parte superficial del asunto. Lo importante era la eficacia del mensaje, la contribución a la construcción de ese relato infantil en que todo lo español es ridículo y todo lo catalán virtuoso. O sea, la hispanofobia, prima hermana de la catalanofobia. Si este es el caso, entonces la ley d’Homs ha resultado en buena medida exitosa. Construyendo un adversario a medida, un adversario vulgar, inculto, agresivo, y sugiriendo que, en el fondo, cualquier español que no se avergüence de serlo puede ser potencialmente ese adversario, se consigue anular la capacidad crítica del catalanismo y la adhesión ciega al proyecto independentista.

Me he limitado aquí a transcribir algunas declaraciones reales de Homs. En vista de esto, ¿de dónde demonios sacan algunos que el proyecto independentista, al menos el de Homs y su entorno, no es anti-español?

Pau Luque es investigador en el Instituto de Investigaciones Filosóficas en la Universidad Nacional Autónoma de México.