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La plaza de Llucmajor, en Nou Barris, se llamará de la República

El Ayuntamiento de Barcelona impulsa la retirada de placas de los pisos de protección oficial construidos durante el franquismo

El monumento a la República en la plaza de Llucmajor, en Barcelona.
El monumento a la República en la plaza de Llucmajor, en Barcelona.

El Ayuntamiento de Barcelona convocó ayer a la prensa en el distrito de Nou Barris para explicar que, en el marco de la retirada de simbología franquista, impulsará el inventario y la retirada de placas de los edificios de pisos de protección oficial construidos durante la dictadura. Pero la noticia más esperada en el distrito no la dio ni el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, ni la concejal de Nou Barris, Janet Sanz: la dio Pep Ortiz, de la Taula de la República. “El 14 de abril será realidad, la plaza de Llucmajor se llamará plaza de la República”. Los dos concejales se quedaron de piedra ante el avance. Vista la rotundidad de Ortiz, no la desmintieron: “Mañana hay una reunión para hablar de la cuestión”, confirmó Sanz.

Fuentes municipales insistieron ayer en que ahora comienzan los trámites y procesos necesarios para el cambio de la denominación de la plaza donde está ubicada la estatua de la República, en la rotonda del cruce entre el paseo de Valldaura, la Via Julia y el paseo de Verdum. Que el cambio de nombre sea una realidad el 14 abril de 2016 dependerá, pues, de los plazos de estos trámites. En Nou Barris, el distrito más pobre de Barcelona y el que más votó a la alcaldesa Ada Colau, el monumento a la República es un tesoro intocable.

De ahí que los vecinos se pusieran en guardia cuando, tras llegar Barcelona en Comú al gobierno, hubo quien insinuó que el monumento se podía trasladar a una ubicación más céntrica. Incluso reemplazar el obelisco que hay en la plaza de Joan Carles I, en la confluencia entre paseo de Gràcia y Diagonal. “Si es necesario, nos encadenamos” a la escultura, advirtió ayer Pep Ortiz.

Tanto Sanz como Pisarello defendieron la política del actual Ayuntamiento en materia de memoria histórica. Una política que “va más allá de la reparación y quiere ser propositiva, haciendo visibles memorias poco representadas”, en palabras del número dos de Colau.

Con el actual ejecutivo municipal, la ponencia Nomenclátor tendrá varios encargos sobre la mesa. La principal, la revisión de las referencias borbónicas de los nombres de calles y plazas y la apertura a personas y entidades protagonistas de luchas diversas o a víctimas del fascismo. La revisión fue anunciada en julio, tras el polémico gesto de retirar el busto del rey Juan Carlos I del salón de plenos. La idea es, explicó el entonces Comisionado de Estudios Estratégicos y Programas de Memoria del Consistorio, Xavier Domènech —hoy candidato al Congreso encabezando la lista En Comú Podem— analizar y reducir lo que califican de “sobredimensión simbólica de la Monarquía en la ciudad”. Una revisión que afectará, al menos, a 16 nombres de calles, plazas o espacios de Barcelona. El Ayuntamiento también estudia personarse en la querella por los bombardeos sobre la ciudad y apoya la querella que se instruye en Argentina por los crímenes del franquismo.