La Real Fábrica de Tapices lleva cuatro meses sin pagar a su plantilla

El patronato, formado por el Ministerio de Cultura, la Comunidad y el Ayuntamiento, debe hasta la seguridad social y el recibo de la luz

Tejedores delante de un telar de la Real Fábrica de Tapices, ayer.
Tejedores delante de un telar de la Real Fábrica de Tapices, ayer. SANTI BURGOS

La plantilla de la Real Fábrica de Tapices lleva sin cobrar cuatro meses. La fundación sin ánimo de lucro que administra la institución —formada por el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad, el Ministerio de Cultura y la Fundación Caja Madrid— debe las nóminas a sus 52 trabajadores, las correspondientes cuotas de la Seguridad Social, pagos a los proveedores y hasta el recibo de la luz, que están a punto de cortarles. Este periódico no logró ayer ni la versión de la directora, que no acudió a la fábrica, ni de ninguno de los patronos.

La fábrica, fundada en 1721 por Felipe V, recibe cada año encargos de todo el mundo dada la perfección y exquisitez de sus trabajos. De hecho, estos días, sus empleados trabajan en un pedido de 28 obras para el Palacio Real de Dresde (Alemania). “Somos únicos en toda Europa. Sin embargo, no cobramos y hasta uno de nuestros empleados podría ser desahuciado porque no puede abonar el alquiler de su casa”, afirma Antonio Sama, historiador y conservador de la fábrica.

La situación de los trabajadores arrastra desde 2014, cuando no recibieron ni sus pagas de verano y navidades ni las extras. “El año pasado no nos pagaron entre junio y agosto. En septiembre, nos prometieron que nos abonarían lo debido de manera escalonada hasta fin de año”, explica Rosario Cañete, una de las tejedoras. Sin embargo, al llegar las navidades, el patronato cumplió de manera parcial el acuerdo: los trabajadores cobraron solo sus nóminas veraniegas, pero no las de diciembre.

“Ya se acumulan cuatro nóminas de este año y dos pagos de 2013”, añade José Luis Hijosa, representante de UGT. Como los meses pasaban sin recibir sus sueldos, los trabajadores fueron a la huelga entre el 19 de mayo y el 23 de junio pasados.

Tras acabar las protestas, el patronato se comprometió de nuevo a resolver “de inmediato el pago de las nóminas”. “Se reunieron para acordar que cada Administración conseguiría el dinero que le correspondía. Pero a fecha de hoy no ha llegado nada”, insiste Hijosa, que explica que para agilizar el pago se acordó, incluso, pedir un crédito bancario avalado por el patronato. “La directora, María Dolores Asensio, pidió el préstamo por un importe de 300.000 euros”, recuerda el conservador Antonio Sama. Y continua: “Pero este dinero, primero, no ha llegado y, segundo, no solucionará la situación, porque se han acumulado más nóminas impagadas, impuestos y deuda con proveedores”.

Los afectados no saben con certeza a qué corresponde la situación financiera de la Real Fábrica. Una de las empleadas comentó ayer: “Sólo sabemos que ahora hay menos subvenciones”. El representante de UGT remacha: “Queremos tres cosas: que se cumpla con los pagos a los trabajadores, que haya un relevo generacional para las tejedoras y, sobre todo, que se garantice la existencia de la institución”. Buena parte de las trabajadoras, cuya edad media ronda los 55 años, comenzó a trabajar cuando tenía solo 14. “Nosotras seguimos viniendo a pesar de que estamos viviendo una situación extrema, porque nos gusta nuestro oficio”, añaden casi a dos voces las tejedoras Rosario Cañete y Veridiana Cabas. El conservador Sama resalta: “De todos modos, no podemos dejar de venir porque tenemos un contrato. Cumplimos a pesar de que ellos no cumplan con nosotros”.

Sin versión oficial

Este periódico no logró ayer la versión de la dirección de la Real Fábrica ni de ninguna de las instituciones públicas que conforman el patronato. El Ministerio de Cultura se limitó a decir que estaban buscando una “solución conjunta” con el resto de patronos.

Mientras tanto, en el taller que se encuentra en la calle de Fuenterrabía, y que fue levantado en 1888, las tejedoras continuaban ayer con su oficio, una tradición secular. En una máquina réplica de un modelo del siglo XVIII, Pilar Felguera dibujaba a mano sobre los hilos el boceto de uno de los 28 tapices encargados por el Palacio de Dresde. Se trata de lienzos de tres metros y medio de largo por 60 centímetros de ancho. “Nos los han pedido en seda y lana, con motivos que son reproducción de originales del siglo XVII. Este, por ejemplo, lleva también hilos de oro”, indicaba orgullosa.

“Empleamos entre cuatro y siete meses en bordar un metro cuadrado”, explicó Sama. Un tiempo que no parece demasiado cuando se observa que la tejedora dibuja punto a punto cada uno de los miles de hilos que tiene ante sí.

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