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La ruptura de CiU da vía libre a Mas para volcarse en su plan soberanista

Mas anunciará el lunes los consejeros que sustituirán a los dirigentes de Unió

La ruptura de Convergència i Unió, el paso que faltaba para culminar el divorcio político entre Artur Mas y Josep Antoni Duran Lleida por el proceso soberanista, quedó este jueves oficializada tras el anuncio de salida del Gobierno catalán de los consejeros de Unió Democràtica. “El proyecto político de CiU ha terminado”, sentenció el coordinador general de Convergència, Josep Rull. Este paso deja las manos libres a Artur Mas para plantear sin ambages su apuesta independentista. Con todo, el movimiento llena de incógnitas el futuro del poder político de CiU en el Parlament, el Congreso y en el mundo municipal.

El anuncio de ruptura ha obligado a los partidos a comenzar a trabajar para evitar la dilapidación de su capital político. Una comisión mixta velará por los intereses de cada uno de los hasta ahora socios tanto en el reparto de activos como el de pasivos. Aunque todos, comenzando por Artur Mas, hablan de “separación amistosa”, el malestar de Unió es evidente. De entrada ya ha habido un cruce de acusaciones sobre quién ha roto con quién. Unió asegura que ellos se han limitado a salir del Gobierno sin que ello implicara fracturar la federación. “Esto no es así. Cuando Unió dice que no quiere concurrir juntos a las elecciones y deja el Gobierno esta separación es un hecho”, aseguró Rull.

Por no coincidir, los dos partidos ni siquiera coinciden en sus explicaciones públicas sobre la ruptura. Mientras el secretario general de Unió, Ramon Espadaler, asegura que él nunca ha hablado con Convergència sobre el divorcio, Rull aseguró este jueves que ambos hablaron abiertamente del asunto en su última reunión.

Con este panorama encima de la mesa, el presidente catalán, Artur Mas, tuvo que someterse este jueves a una incómoda sesión de control en el Parlamento catalán. Lo hizo rodeado todavía de los tres consejeros de Unió ya dimitidos pero que se mantendrán en el cargo hasta que el próximo lunes se lleve a cabo la reestructuración del Gobierno.

Viñeta de Peridis del 19 de junio de 2015. pulsa en la foto
Viñeta de Peridis del 19 de junio de 2015.

Mas ha agradecido públicamente la labor de los tres consejeros que abandonarán su gobierno: Ramon Espadaler (Interior), Joana Ortega (Vicepresidencia y Gobernación) y Josep Maria Pelegrí (Agricultura). "Han hecho un muy buen trabajo en un momento muy difícil", aseguró.

Mas tiene dos opciones encima de la mesa: nombrar a tres consejeros para sustituir a los dimitidos o algo menos probable, que es repartir sus carteras entre los consejeros que quedan en el Gobierno. Esta última opción evitaría mayores cambios para agotar una legislatura que tiene en el 27 de septiembre su fecha de caducidad.

Convergència eclipsa el poco peso de Unió

A. PIÑOL

La federación cuenta con unos 3.700 cargos distribuidos en las diferentes instituciones salvo en las europeas, donde Unió y Convergència concurren por separado. No es fácil saber cuántos cargos son democristianos, pese a que históricamente se ha aplicado el criterio del 75% para CiU y el 25% para Unió. Convergència ve ese baremo inexacto y algunas fuentes apuntan que Unió solo reúne el 10% de los representantes públicos de la federación.

La medida del peso de Unió quedó reflejada el 24-M: su principal alcaldía es Castell-Platja d'Aro (Girona), de 10.000 habitantes. En el Parlament, de 50 diputados de CiU, 15 son de Unió y, en el Congreso, seis de 16. De 13 senadores, 3 son democristianos.

Artur Mas, que este jueves calificó la ruptura de una relación de 37 años como un “asunto puntual”, tiene ahora las manos libres para plantear sin ningún tipo de oposición interna su plan para conseguir la independencia de Cataluña. Sin Unió que le frene ni ningún tipo de oposición interna organizada dentro de Convergència, Mas y sus fieles tienen diseñada una campaña centrada en destacar las bondades de la independencia. El sábado lo pondrán en escena en una conferencia que el presidente catalán hará en Molins de Rei.

El mismo sábado Unió Democràtica tendrá que decidir su futuro más inmediato en una reunión de su Consejo Nacional que se prevé tensa. Los militantes del sector independentista, crecidos por el ajustado resultado de la consulta interna del pasado fin de semana, pedirán un congreso extraordinario y se negarán a seguir la directriz de abandonar sus cargos en el Gobierno catalán. A Duran Lleida solo le quedará entonces la vía del expediente disciplinario si quiere echarlos del partido. Ellos aseguran que resistirán y, de hecho, reivindican las siglas para su proyecto de futuro. Está por ver, en este caso, sobre quién recaería la abultada deuda de la formación, que alcanza los 16,8 millones.

Unió confía en hacerse un hueco en el ya fragmentado panorama político catalán gracias al apoyo del nacionalismo no independentista. Con todo, Josep Rull intentó apropiarse este jueves también de este espacio: “A los no independentistas les pido que nos voten porque nosotros ya hemos intentado la llamada tercera vía durante 30 años y no se ha logrado nada”.  

La oposición acusa al presidente de “romperlo todo”

La oposición en bloque acusó a Mas de querer trasladar al conjunto de la sociedad catalana el clima de división de CiU. “¿Cuántas cosas más se tienen que romper para que reconozca que la independencia unilateral no es viable?", le preguntó Miquel Iceta en la sesión de control parlamentaria. Y es que los socialistas se consideran las primeras víctimas de un proceso político que también ha sacudido a Iniciativa y ahora a CiU. “¿Cuántos partidos políticos más tendremos que sacrificar en el altar del proceso?”, se preguntó.

“Todo lo que toca lo rompe, lo divide y lo fractura”, añadió la presidenta regional del PP, Alicia Sánchez Camacho. Albert Rivera fue igualmente duro contra Mas: “Quería romper España y no lo conseguirá, lo único que ha logrado es dividir su partido y romper su Gobierno”.

Iniciativa per Catalunya advirtió de que la emergencia social que viven los catalanes no puede permitirse un Gobierno inmerso en debates internos. Aseguró que las elecciones de septiembre no serán plebiscitarias, sino el inicio de un “proceso constituyente” contra las políticas de austeridad.

ERC fue el único partido que no criticó a Mas. El presidente, sin embargo, evitó valorar su oferta para entrar en el Gobierno.

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