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El Auditori y el Teatre Nacional se verán las caras

La reforma de la plaza de las Glòries facilitará la conexión de los edificios

Auditori y Teatre Nacional planean unir sus espacios en una plaza Ampliar foto
Auditori y Teatre Nacional planean unir sus espacios en una plaza

Siempre se han dado ligeramente la espalda, como si estuviesen enfadados, y, además, separados por una calle, la de Padilla. Ahora, Auditori y Teatre Nacional de Catalunya (TNC) hacen planes para compartir una plaza, la plaza de Les Arts, un nombre registrado en el nomenclátor de Barcelona pero que en realidad no existe. El Auditori, el imponente edificio diseñado por Rafael Moneo y abierto en 1999, y el TNC, de otro arquitecto internacional, Ricard Bofill y que empezó su andadura en 1996, se encuentran en una encrucijada, la de la plaza de las Glòries, en rediseño. Y son, precisamente, las obras de la plaza las que pueden contribuir a que la casa de la música y el teatro de bandera de Barcelona se acerquen y mejoren su desangelado entorno.

El cómo es lo que ya han empezado a estudiar y a dibujar en los despachos de Hàbitat Urbà y en el Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB) y ha sido ya materia de debate en varias reuniones en las que han participado el gerente del Auditori, Valentí Oviedo, y la directora ejecutiva del TNC, Mónica Campos. “Cuando se termine las obras de Glòries será más fácil estudiar la modificación de las calles del entorno y evitar el tráfico por la calle Padilla”, comenta el teniente de alcalde y regidor de Cultura, Jaume Ciurana. Ahora es una de las calles que comunica Sant Martí y el Eixample y es, además, zona de aparcamiento de autocares de turistas. Debajo de ella hay un aparcamiento público por el que se accede en la esquina de Meridiana con Padilla y se sale por la carretera de Ribes. “Hoy por hoy no se puede plantear pero después de acabada Glòries será posible desviar el tráfico de Padilla”, añade el edil.

“Con Padilla sin coches sí que sería posible una gran plaza que uniría el Auditori y el TNC”, sostiene Oviedo. Y para eso también se ha planteado suavizar el perímetro cerrado del TNC en las reuniones que ya se han mantenido: “el edificio debe estar protegido pero no hace falta un cierre tan contundente de unos jardines que son de la ciudad”, añade Campos. El jardín del teatro, de una considerable superficie, está rodeado de una valla e hileras de cipreses que lo aislan completamente del entorno. Ese diseño provoca que aunque la verja esté abierta prácticamente nadie entra. Un vallado que llegó a enfrentar en más de una ocasión a los políticos del consistorio — con los sucesivos tripartitos— y a la Generalitat, en la época de Jordi Pujol, en la que ambas administraciones apostaron por encargar contundentes edificios de autor a mayor honor y gloria. Unas intervenciones arquitectónicas que por sí solas no consiguieron dar vida a un entorno en el que en los últimos dos años se han sumado otras singularidades: como el Dhub y Els Encants.

El diseño ideado

supone eliminar

la valla del teatro

y el tráfico de Padilla

“La verdad es que esperamos que la ola de Glòries nos llegue”, comenta con ironía la directora ejecutiva del TNC convencida de que con un espacio más amable y abierto se podrán organizar actividades como teatro de calle: “pensamos, por ejemplo, en una oferta de espectáculos dirigida a las familias y especialmente los fines de semana”. Actividades gratuitas, lo que todavía dificulta más las cosas. “Para hacer música o teatro en la calle hay que afinar muy bien los números para poderla mantener”, precisa Oviedo mientras varios operarios montaban un escenario en uno de los espacios abiertos del Auditori, junto a la calle de Padilla, donde los fines de semana se hacen los jazz vermut con grupos musicales en directo.

El Auditori arreglará ahora la linterna de su espacio central, una inversión de 630.000 euros aportada por el Ayuntamiento después de años de que el gran lucernario estuviese envuelto en una red tras sufrir un desprendimiento de su estructura. Y también después de descartarse, por costosa, cubrir la gran linterna que provoca gélidos remolinos de aire. Ese equipamiento cambiará la situación de las taquillas y mejorará la terraza del restaurante: “se van haciendo cosas pero mirando mucho dónde va cada euro”, reconoce Oviedo.