Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una contienda retórica

La organización Toastmasters International anima a competir a base de discursos de entre cinco y siete minutos ante un centenar de personas. El jurado, de incógnito en la platea, valora la oratoria

Uno de los participantes durante su intervención. Ampliar foto
Uno de los participantes durante su intervención.

Una llamada de teléfono a un viejo amigo inició a Lucía Maté en Toastmasters. “El plan me pareció raro no; rarísimo. Pero como estaba de bajón, me apunté”, confiesa desde un escenario arrancando una carcajada al centenar de personas la observan. Maté es una de las siete finalistas de la Conferencia Nacional de Toastmasters International, una organización dedicada a la comunicación y el liderazgo que, dos veces al año, organiza en España una contienda de retórica; a base de discursos públicos. “Se trata de un laboratorio en el que experimentar a través de la oratoria”, resume Nacho Arenas, ingeniero de telecomunicación de 32 años y uno de los coordinadores del evento, que en esta ocasión se celebra en el colegio privado La Salle Maravillas, cerca de Nuevos Ministerios. “Es un hobby en el que trabajamos nuestras habilidades comunicativas”, añade Arenas.

 “No tiene sentido planificar el futuro porque solo tenemos el presente”, concluye Lucía Maté su ponencia. En ella ha movido las manos, ha trabajado la modulación de su voz, ha proyectado sus palabras hacia el público y ha jugado con el humor. Ha hecho todo eso en poco más de cinco minutos —y menos de siete—, como marcan las normas del juego. Recibe un caluroso aplauso de la platea. “Es una de las caras conocidas de la competición”, aclara Arenas durante el minuto de reflexión que se da al jurado, de incógnito entre el público, para que valore la intervención. Arranca la siguiente charla.

El origen de las patatas fritas, la receta de la Coca Cola y la televisión protagonizan la intervención de Francisco Serrano, que como la anterior, también posee un tono irónico-festivo. “Organizamos dos encuentros nacionales: uno en otoño y otro en primavera. El primero es más serio. El de ahora, con una temática más humorística; hay algunos que parecen ideados para el club de la comedia”, apunta Jaime Irastorza, ingeniero aeronáutico de 35 años que además de trabajar en Airbus es presidente de Toastmasters Madrid; el club pionero de la asociación en España, que se fundó hace 15 años. Justo para conmemorar ese aniversario, el encuentro nacional de primavera se organiza (desde el viernes y hasta hoy) en la capital, donde han acudido representantes de las 30 delegaciones que tiene la organización en España; unos 1.000 socios en total (que pagan 40 euros por la membresía y una cuota anual de 60 euros).

“Tenemos gente de todo tipo: estudiantes universitarios, de máster, jubilados, ejecutivos...”, dice Irastorza, que ayer por la mañana ejerció de ponente. En los clubes se pasan todo el año organizando quedadas para hablar, escuchar, evaluar y “tomar cañas”. “Para practicar y entrenar. Al final, se trata de una serie de técnicas que hay que poner a prueba si quieres mejorar la manera en la que te expresas; mejor probar con tus compañeros”, insiste Nacho Arenas, que también pasará por el escenario. Discretamente, se acerca a una mesa en la que hay decenas de botellines de agua, toma uno y bebe un par de sorbos: “Para aclarar la voz”.

“Es un método que no ha cambiado mucho sus normas desde su creación, pero que funciona”, concluye. Lo dice por la patina de Toastmasters: El primer club fue creado en 1924 por Ralph C. Smedley, que trabajaba como secretario en el centro de la Young Men Christian Association (YMCA) de Santa Mónica (California). Actualmente, está presente en 126 países y tiene más de 300.000 adeptos. Mejor oratoria y liderazgo son las dos aptitudes que debe valorar el jurado al escuchar a los candidatos tanto en la sesión matutina, para charlas en castellano, como en la vespertina, dedicada a discursos en inglés —el ganador de esta última viajará a la contienda europea en Oporto. Si triunfa en Portugal, accederá a al pugna mundial en Las Vegas)—.

Los valores que puntúa el jurado parecen los objetivos de una sesión de coaching profesional. “No es un coaching, pero sí que tiene interés empresarial”, cuenta Filipe Leitao, que forma parte del club de Toastmasters de Ericsson. La compañía móvil, como la aseguradora AXA, cuenta con agrupación. “A la empresa le sale más barato que otros servicios y se genera un ambiente muy agradable en el que se mezclan mucho los trabajadores”, dice Leitao. “Durante las dinámicas hay un perfil más exigente que en las sesiones no corporativas, pero el resultado es muy satisfactorio y constructivo”, añade. Comienza a despedirse. No puede hablar más. Tiene que guardar la voz. Tras la pausa para comer, continúa la competición en retórica.