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Los partidos critican las pruebas escolares de Aguirre

La oposición se plantea cambiar la forma de evaluar el nivel de los alumnos por sesgada e incompleta

Evaluación externa en la Comunidad de Madrid a los alumnos de primaria.
Evaluación externa en la Comunidad de Madrid a los alumnos de primaria.

El pasado martes 61.000 niños de tercero de Educación Secundaria (ESO) —de 14 y 15 años— se enfrentaron a las pruebas de conocimientos y destrezas indispensables (CDI) que diseñó el Gobierno de Esperanza Aguirre en 2005 y a las que persigue la polémica. ¿Serán las últimas? Los exámenes fomentan la competencia, no siempre sana, entre escuelas, y la oposición planea que, si gana las elecciones, a partir del curso que viene sean distintas.

Su implantación —primero en sexto de primaria y luego ampliadas a primero y tercero de ESO y a segundo de primaria— no fue fácil. Hubo incluso colegios disidentes que hicieron la prueba más tarde. Pero ya es una práctica habitual que los partidos no se plantean suprimir, aunque sí modificar, salvo Izquierda Unida que baraja la idea. Los sindicatos CC OO y UGT y la federación de asociaciones de padres de la enseñanza pública son también contrarios a ella.

Ángel Gabilondo, líder regional de los socialistas, habla de modificar las pruebas: “Creemos que es positivo evaluar —lo que no se evalúa se devalúa—, pero para ver en que área se ha de mejorar, no para clasificar, seleccionar o excluir a nadie”. Porque, en opinión del ex ministro de Educación, no se puede “entronizar, sin más, a quienes tienen más recursos. A ciertas edades el talento está muy influenciado por la condición y situación social”.

Así es el examen

  • Los alumnos de 14 y 15 años deben hacer un dictado que se lee tres veces. En esta última ocasión se extrajo de Ronda del Guinardó (1995), de Juan Marsé, y se adaptó.
  • Tras leer un fragmento del capítulo LXIV de la segunda parte de El Quijote, los estudiantes respondieron a nueve preguntas. Entre ellas, resumir el contenido del texto o explicar con sus propias palabras el significado de varios términos subrayados: atónito, arrogancia y desafiar.
  • Los adolescentes contestaron a 10 ejercicios y dos problemas. Por ejemplo: “Pedro y sus amigos van a pasar el día a Ávila. Pedro piensa salir en bicicleta desde la Puerta del Sol a las siete de la mañana a 15 km/h. Sus amigos saldrán en coche del mismo punto a las 12 a 90 km/h y tomarán la misma ruta que Pedro. ¿A qué distancia de la Puerta del Sol será alcanzado Pedro?”.

Laura Cruz, secretaria de Educación de Izquierda Unida, lo tiene claro: “Si fuese por mí, quitaría las pruebas. En IU-CM estamos estudiando un nuevo modelo educativo junto a IU federal, y todavía no hay una posición tomada”. Cruz, profesora en un instituto de Arganda, no comparte las comparaciones entre el nivel educativo de los alumnos: “En una cadena de montaje puedes ver si el producto ha mejorado con innovaciones, pero en Educación trabajamos con personas y cada niño tiene sus características”. Además, critica que evalúen la comprensión lectora, la escritura y las matemáticas —“leer, escribir y contar, como en la época franquista”—, descuidando en el examen las capacidades en otras inteligencias múltiples (espacial, oral, emocional, artística o de relación con los otros).

Según muchos expertos, los profesores —en especial de la enseñanza concertada (pagada con fondos públicos) y de la privada— están muchas veces más preocupados de que sus alumnos saquen un buen resultado en las CDI que de que aprendan. Los padres presionan a los colegios y estos, deseosos de atraer a alumnos en tiempos de crisis, utilizan los números como carta de presentación si son brillantes.

La Consejería de Educación elabora con los exámenes una lista con los resultados por centros y municipios, y ofrece información parcial a los padres (con las notas de su hijo, su colegio y la media de la Comunidad).

Ramón Marcos, candidato de UPyD a la presidencia regional, opina que “la calidad educativa de un centro debe venir marcada por más indicadores que la nota de los alumnos, porque las comparaciones entre ellos no muestran su calidad real”. Sostiene que, además de las notas de los alumnos, hay que tener en cuenta “el valor que en sí aportan los profesores y el centro ”. Y reclama que se garantice que “no sólo los mejores realizan la prueba, sobre todo en los colegios concertados y privados”. Más de una vez a los alumnos con peores calificaciones se les ha invitado a no acudir el día del examen a clase.

Ciudadanos, con una visión muy empresarial de la política, no pone objeción a las CDI —”es un mecanismo de rendición de cuentas de los centros y del propio sistema educativo”—, pero cree que se debe “reorientar su aplicación hacia la evaluación de competencias, en línea con los principales modelos de evaluación internacional”. Es decir, más allá de los conocimientos básicos para desenvolverse en la vida. Y aboga por que las pruebas “den lugar a planes de mejora adecuados a cada centro, de acuerdo con los resultados obtenidos”.

Podemos no se pronuncia respecto a las pruebas CDI. Espera a tener esta semana cerrado su programa. Sin embargo, la semana pasada su candidato regional, José Manuel López, criticó en un desayuno informativo la excesiva competencia entre centros: “¡Se han llegado a publicar dípticos para atraer alumnado!”. Lo que da a entender que los test, tal como están diseñados, le disgustan.

 

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