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CLÁSICA

Cancelaciones

El engranaje de la obra funcionó pese a la improvisación

Parecía que las cancelaciones amenazaban el buen resultado del Stabat mater de Rossini: con muy poca antelación, Javier Camarena y Varduhi Abrahamyan adujeron motivos de salud para no cantar, y antes ya se había caído la inicialmente programada María Agresta. La ausencia de Javier Camarena, sobre todo, causó una gran decepción entre los aficionados, ya que el muy solicitado tenor mexicano no ha actuado aún en Valencia, y se le esperaba con expectación. Fue sustituido por Gregory Kunde, y Maria José Montiel cantó en lugar de la mezzosoprano armenia. Erika Grimaldi ya había sido anunciada en lugar de María Agresta.

Rossini

'Stabat mater'. Palau de les Arts. Valencia, 10 de abril de 2015.

Solistas vocales: Erika Grimaldi, María José Montiel, Gregory Kunde, Liang Li. Coro y Orqueta de la Comunidad Valenciana

Director musicial: Giacomo Sagripanti5.

Teniendo en cuenta la improvisación que, inevitablemente, se produce en situaciones como esta, debe reconocerse, sin embargo, que el engranaje de la obra funcionó, y que el oyente salió complacido. No fue ajena a este buen resultado la batuta de Giacomo Sagripanti, un director emergente que supo trenzar todos los mimbres con seguridad y expresión. La orquesta del recinto se plegó a sus indicaciones, y lució una sonoridad excelente, acompañada de gran delicadeza en los momentos de mayor intimidad. El coro estuvo siempre ajustado, incluso en el difícil contrapunto del Amen final, ofreciendo esta vez una rica paleta dinámica, aunque todavía le sobraron decibelios de vez en cuando.

Gregory Kunde, que ya ha actuado varias veces en Les Arts, volvió a regalar una voz radiante y una energía contagiosa, al igual que ciertas tiranteces en la zona de paso. Al parecer, se está convirtiendo en pieza clave para la ópera valenciana, y ha estado a tiro cuando se le ha necesitado. También Mª José Montiel, incluso con menos días de anticipación que el tenor. La mezzo madrileña frasea bien y tiene una voz de bonito color oscuro, aunque sería bueno que igualara más todos los registros. Liang Li lució un instrumento recio y seguro. A Erika Grimaldi le faltó potencia en el centro para hacerse oír en los pasajes marcados forte para coro y orquesta (por ejemplo, en el Inflammatus et accensus), pero lució un buen timbre cuando calentó la voz. Quizás lo mejor de la velada fueron las dos últimas estrofas del Sancta mater, istud agas, con una preciosa escritura que solistas y orquesta supieron decir con total recogimiento. No fueron las únicas, aunque sí las más sobresalientes en una actuación que desmintió esas opiniones –algunas bien antiguas- en las que se niega la capacidad de Rossini para entender y plasmar con verdad un texto religioso.